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La fusión del poder económico con el poder político
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 6 de octubre de 2004
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

De 1954 para acá, los sucesivos gobiernos han estado directa e indirectamente al servicio del poder económico y han representado y defendido sus intereses. No creo que haya una sola excepción. Ni el proceso que se inicia con la denominada "apertura democrática" significó algún cambio en interés del país y la nación guatemalteca. Lo que ahora ya no se disimula ni ignora es que la clase oligárquica detenta el poder político y hegemoniza el poder económico. Con la idea de que las clases sociales ya no existen --y que tampoco existen las contradicciones entre clases antagónicas-- se ha pretendido erigir una ficción alrededor de que el Estado y sus instituciones están por encima de las clases sociales, que los gobiernos democráticos y republicanos son la expresión más acabada de la democracia representativa, y que la democracia representativa resume la voluntad soberana de todo el pueblo. Semejante falacia es ahora más insostenible que antes, y para el caso de nuestro país los últimos 50 años transcurridos lo confirman.

Ya me he referido a las cinco etapas de este prolongado proceso en que la fase que sucede a la anterior es apuntalada por la siguiente y le sirve de base y sustento a la que habrá de seguir. En el desenvolvimiento de este proceso surgen contradicciones que no son fundamentales y decisivas, salvo las derivadas de la lucha y enfrentamiento de la oligarquía con el movimiento social, popular, revolucionario, democrático y progresista. Eso sí, en el curso de estas etapas se pueden advertir las pugnas y disputas que se dan entre facciones en su lucha por el control del poder económico y, a su vez, por el control del poder político. La llamada "apertura democrática" puede verse ahora como el más sostenido esfuerzo del poder oligárquico porque algo cambiara para que todo siguiera igual. Cambió la apariencia, pero la naturaleza y el carácter del poder económico y del poder político se mantuvieron intactos. Cada etapa de este proceso corresponde, a su vez, a una etapa muy concreta y específica del desenvolvimiento y desarrollo del movimiento revolucionario y popular. A períodos de auge y ascenso o de reflujo de la lucha revolucionaria y popular corresponden períodos de reajustes en las alturas. Estos reajustes van desde el endurecimiento de la política represiva y de terror hasta los intentos de reacomodos en que lo que cambian son las formas y los medios con los que el poder económico y el político se enfrentan al movimiento revolucionario y popular. Su esencia represiva y terrorista se mantiene intacta. En unos casos se aplica abiertamente y en otros lo que cambian son las formas, los medios. La naturaleza y carácter del poder económico y del poder político son lo mismo en cualquier etapa o período. De allí que a la política represiva y terrorista del gobierno militar de Peralta Azurdia y de Méndez Montenegro la haya seguido una etapa de endurecimiento que llega a alcanzar los niveles que tuvo durante los gobiernos militares de Arana Osorio, Laugerud García, Lucas García, Ríos Montt y Mejía Víctores. La naturaleza y el carácter del Estado, la naturaleza y el carácter del poder económico y del poder político continúan intactos.

Años atrás, la "liberación" castillo-armista fue la punta de lanza de la política anticomunista a ultranza y de la violencia organizada. En menos de lo que se esperaba se agotó, llegó a ser insostenible y tuvo que darle paso a otra variante más de un mismo poder de dominación y dependencia. La lucha popular, democrática y revolucionaria fue determinante. De allí que las clases dominantes se vieran urgidas a acudir a un gobierno como el de Ydígoras Fuentes que en su propio origen, naturaleza y carácter llevaba los gérmenes de su descomposición. Es en este período durante el que se da el alzamiento del 13 de noviembre, Concuá, y las Jornadas de Marzo y Abril de 1962 que marcaron el comienzo del fin del ydigorismo como fuerza gobernante. Las históricas Jornadas de Marzo y Abril de 1962 pusieron de manifiesto y demostraron que el gobierno ydigorista no fue capaz ni estuvo en condiciones y capacidad de aplastar y derrotar al movimiento democrático, popular y progresista como tampoco el movimiento democrático, popular y progresista estuvo en condiciones y capacidad de deponer al gobierno de Ydígoras Fuentes. A partir de entonces las contradicciones al interior del poder político llevan a las clases dominantes a buscar la solución a través del golpe militar encabezado por Peralta Azurdia el que a su vez (en su momento) se ve urgido de convocar a elecciones que llevaron a la presidencia a Méndez Montenegro, gobierno electo que vino a darle continuidad a la política terrorista de Estado impuesta por los militares golpistas.

Factores muy concretos y específicos determinan e inciden en las contradicciones que por ahora afectan al poder económico y al poder político. Se trata de factores que lo seguirán afectando cada vez más gravemente. Para las clases dominantes, la firma de la paz el 29 de diciembre de 1996 no puso fin ni redujo el nivel y profundidad de la crisis que afecta, por un lado, al poder económico y al poder político y, por el otro, a ambos a la vez. Podrán seguirse dando elecciones como las que se iniciaron en 1985 pero el poder económico y el poder político no alcanzarán a superar las contradicciones que en unos casos le son intrínsecas y en otros dependen de las condiciones objetivas y subjetivas que no están en capacidad de resolver en su favor. Estas condiciones objetivas y subjetivas están determinadas por la situación en que se encuentra actualmente el país. Guatemala es un país seriamente afectado por formas de atraso, pobreza, opresión, explotación y dependencia imperialista. Son esas condiciones objetivas las que el poder económico y el poder político no han estado en capacidad y decisión de resolver, y cuyas causas permanecen todavía intactas y con tendencia a agravarse cada vez más. Los Acuerdos de Paz --aún con sus excepcionales bondades-- no han sido suficientes para lograrlo, y esto es así porque ahora el poder económico y el poder político han logrado desvirtuarlos y desnaturalizarlos, utilizándolos en su propio interés y privándolos de su contenido y sustancia. En esto influye la práctica inexistencia de un referente social, popular y progresista que los hubiera hecho suyos desde el principio y la situación en que se encuentra la izquierda revolucionaria guatemalteca (en tanto parte signataria) que ha dejado de jugar su papel como tal. De eso hay estar plenamente conscientes.

El gobierno actual es un gobierno que en general en nada se diferencia de los que ha habido en el país a partir de 1954. En todo caso, la diferencia que se puede advertir es que en la situación actual se ha consumado en la práctica la fusión del poder económico con el poder político. Algo parecido se dio durante el anterior gobierno del PAN. La experiencia enseña que al Estado no se le puede gobernar como una empresa y menos hacer de la gestión pública una gestión gerencial. La modernización del Estado que el actual gobierno plantea es parte de toda una estrategia diseñada y definida para apuntalar aún más el atraso, el hambre, la pobreza, la opresión, la miseria, la explotación, la discriminación y exclusión social, y la dependencia extranjera. Es --dicho en otras palabras-- lo que faltaba para poner abiertamente al Estado al servicio del poder oligárquico y a partir de la fusión del poder económico con el poder político gobernar el país en interés y beneficio de las clases dominantes. La etapa actual de este prolongado proceso se puede caracterizar como la etapa de control absoluto del poder político por parte del poder económico dominante en el marco de la globalización neoliberal, las guerras preventivas y la lucha contra el terrorismo internacional que el gobierno de los Estados Unidos trata de imponerle a los demás pueblos del mundo. Guatemala no es la excepción y las condiciones parecen estar dadas para que la oligarquía gobernante comprometa al país aún más en esa aventura de corte imperialista.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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