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¿Será posible?
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 5 de enero de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

Un año más acaba de terminar y, en consecuencia, uno nuevo principia. La mayoría deseamos que --en lo político, económico, social e institucionalmente-- el 2005 no sea tan malo como el anterior. Es lo menos que se puede esperar. Pero, aun en medio de esa perspectiva nada halagüeña, hay algunas interrogantes alentadoras que al ser planteadas avizoran posibilidades no tan negativas aunque la respuesta sea para el largo plazo.

1. - Voy a tratar de explicarme mejor. A mediados de diciembre del año pasado recibí un correo electrónico en el que Allan Maas se pregunta si es posible una revolución en Estados Unidos. El trabajo de Maas fue publicado en Socialist Worker el 17 de diciembre de 2004. El tema en cuestión viene a cuenta a raíz de las recientes elecciones que en Estados Unidos ganó el señor George W. Bush. Estos resultados hay quienes los comentan "amargamente"; otros parecen verse obligados a tener que reconocer que "Estados Unidos había renunciado a 'los valores de la ilustración' y que el voto había apoyado al 'fundamentalismo' del electorado estadounidense".

Esto podría llevar a concluir que pensar en una revolución en un país como Estados Unidos es cada vez más imposible. Sin embargo, Allan Maas es de la opinión que "el verdadero secreto del éxito de Bush" radica en "el hecho de que Kerry y los demócratas no ofrecieron razones" para que el electorado votara por ellos. En consecuencia, la elección de Bush no debe traducirse, necesariamente, en la victoria del conservadurismo a ultranza en una sociedad que ya antes ha experimentado transformaciones revolucionarias y que hoy en día, otra vez, las necesita. La cuestión entonces --a decir de Maas-- no es tanto "si una revolución puede tener lugar en Estados Unidos". Lo que cabe responder es --afirma-- "si otra revolución puede llevarse a cabo, porque Estados Unidos ya ha tenido dos".

La primera es la que se da con la independencia del dominio británico y que fue posible gracias a "la resistencia de las masas y a los largos años de guerra de liberación". Noventa años después Estados Unidos experimentó otra revolución social: la Guerra Civil de 1861-65 que acabó con el sistema esclavista del Sur. Para Allan Maas "la realidad es que al liberar a los esclavos, la Guerra Civil supuso la mayor expropiación de propiedad privada de cualquier época de la historia del mundo". En su opinión, estas dos revoluciones "no fueron revoluciones socialistas porque ambas preservaron el sistema capitalista de propiedad privada pero nadie puede decir --afirma-- que la Guerra de 1776 y la Guerra Civil no transformaron profundamente la sociedad estadounidense, y no de forma gradual sino con grandes convulsiones".

Según la cronología elaborada por Maas, posteriormente Estados Unidos fue escenario de grandes agitaciones sociales. Después de la Primera Guerra Mundial "Estados Unidos se vio envuelto en una ola de huelgas sin precedentes que afectó a casi uno de cada cinco obreros". El punto más alto de esta agitación social lo constituyó la huelga general de Seattle de 1919 en la que casi la mitad de los cerca de 250 mil habitantes de la ciudad "secundaron la huelga general convocada por el Consejo Central del Trabajo de Seattle".

La década de la Gran Depresión de los años 30 fue también "la década en la que los obreros consiguieron implantar los sindicatos en las industrias básicas", asegura Maas. No fue entonces sólo la década "cuando millones de familias se vieron sumidas en la pobreza y la desesperación". Por su parte, los años 50 de siglo pasado no sólo cabe recordarlos por la ola de McCartismo y la persecución anticomunista. Los años 50 fueron, a decir de Maas, "los años en que se iniciaron las primeras luchas de los movimientos por los derechos civiles" que una década después crecieron y se ampliaron "hasta echar por tierra el sistema de segregación racial en el Sur" y sirvieron de inspiración "a otras luchas que afectaron el corazón de la sociedad estadounidense" como fue "el movimiento contra la guerra en Vietnam".

En opinión de Maas "hoy el sueño estadounidense ha terminado. En los últimos 25 años --asegura-- se ha producido un enorme cambio en la distribución de los ingresos a favor de los ricos, y desde que empezó la recesión en 2001, en estos cuatro años, los ingresos familiares medios se han reducido. Para los que tienen los más bajos salarios, las condiciones han empeorado, agrega. Los afroestadounidenses --señala-- siguen teniendo un índice de paro de más del doble de la media nacional". Maas es contrario a aceptar el estereotipo de que los trabajadores en Estados Unidos son apáticos y conservadores. El nivel de lucha se mantiene bajo --observa-- pero en todas las ciudades de Estados Unidos se producen ofensivas con muchos motivos: huelgas y protestas contra la violencia policial o de oposición a los ataques contra los migrantes. El ejemplo más relevante --señala-- es la oposición a la guerra y ocupación a Irak por Washington".

2. - En lo teórico y conceptual Maas afirma "que cuando las luchas emergen y se relacionan pueden desarrollarse con notable rapidez. Los ideólogos que defienden el statu quo --afirma-- están siempre dispuestos a proclamar 'el fin de la historia' cuando se produce un período de calma social y de conservadurismo. Pero una sociedad cimentada en la injusticia y la desigualdad --señala-- nunca estará pacificada por completo". En su opinión "esa es la lección que ofrecen los estados policiales más brutales, y es también la realidad de sociedades como la estadounidense que presentan un barniz de democracia y libertad".

Maas es de la opinión que "cuando emergen las luchas siempre comienzan poco a poco, pero esas batallas iniciales --dice-- son cruciales para la formación de las ideas en las gentes que se unirán para dar pasos más importantes. Las grandes insurrecciones de los trabajadores de los años 30 --señala-- habían sido precedidas por las de los años 20. El sistema racista que parecía tan poderoso y capaz de soportar cualquier desafío --indica-- fue derrotado y la historia siguió adelante".

También asegura que "las ideas pueden cambiar con enorme rapidez. En momentos de semejante ebullición social --constata--, millones y millones de personas que habían centrado su energía en otros asuntos de pronto concentraron su atención en la transformación de la sociedad". Este es un planteamiento de suyo importante como importante es su afirmación de que "esto es lo que hace posible una revolución. Al principio del proceso --asegura-- los objetivos del cambio pueden ser modestos, quizás unas pocas reformas en la manera en que funciona el sistema, pero la lucha plantea cuestiones más serias, y la gente comienza a percibir las conexiones en la que se encuentran implicados, y la propia naturaleza del sistema".

Para el caso de Estados Unidos, Maas no se equivoca al afirmar que se está "a años de distancia de semejante revuelta. En efecto --asegura-- la dificultad hoy estriba en que la organización y las iniciativas para la lucha tienen que surgir de las bases. Pero habida cuenta de la historia de este país --observa-- sería una estupidez afirmar que la revolución es imposible. La revolución no sólo es posible en Estados Unidos --asegura-- sino que es absolutamente necesaria y sentida como urgente para acabar con la pobreza, la guerra y la opresión, y para crear una nueva sociedad basada en la justicia y la libertad".

Lo anterior constituye una respuesta esperanzadora que aunque no está a la vuelta de la esquina le permite a uno principiar el año con esperanzadoras perspectivas allí donde menos pareciera que pudieran tener lugar los cambios que harán posible un mundo distinto y mejor.

3. - Como quiera que sea y pese a todo, la vida es bella. En lo personal, para mi compañera Ana María y para mí, y muy especialmente para los dichosos papás, Lupita y Espartaco, el año que recién acaba de terminar es especialmente feliz y pródigo. Nuestro tercer nieto, José Miguel, nació el 19 de noviembre. Todo lo que para él deseo es que tenga la dicha de ver ese mundo distinto que es posible construir y por el que vale la pena seguir viviendo con más ánimo y entusiasmo, y --porqué no decirlo-- por el que hay que continuar luchando.

Estracto tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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