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La crisis general del sistema y su probable solución
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 19 de enero de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

El Gobierno del presidente Berger cumplió este 14 de enero su primer año de gestión. Con ese motivo se han publicado diversas encuestas de opinión y son también abundantes las opiniones que los analistas han expresado. Siempre he considerado y he dicho que las encuestas (cuando se trata de las referidas a la intención de los votantes) inducen y acaban favoreciendo al candidato que las patrocina o a las empresas que de antemano ya tienen posición tomada en cuanto a quién les conviene más que resulte electo. Hay cierta diferencia con las encuestas mediante las que se pide la opinión de un segmento de la población sobre la gestión pública o sobre cómo se evalúa la situación del país. De todas maneras y en ambos casos las encuestas inducen y las preguntas que se formulan no es difícil presupuestar que conduzcan a los resultados a que se espera que se arribe. Lo que las encuestas no dicen ni los analistas opinan es acerca de las causas que están en el fondo de lo encuestado y de lo que se opina.

1. - A partir de la intervención norteamericana de junio de 1954, el país ha estado afectado por una crisis continuada en lo institucional, crisis que en unos casos se trató de solventar mediante golpes de Estado y, en otros, con elecciones fraudulentas a fin de imponer gobiernos militares de fuerza. De 1985 en adelante esta situación se intentó superar mediante la llamada apertura democrática, "apertura" que para lo único que ha servido es para que distintas facciones políticas se alternen cada cuatro años en el gobierno y para que la crisis en lo institucional se agrave cada vez más y venga a ser ahora la manifestación más concreta de la crisis general que afecta al sistema en su conjunto y, en consecuencia, a sus estructuras e instituciones.

Hasta no hace mucho podía hablarse de una crisis recurrente que podía paliarse. La experiencia más reciente indica que esto ya no puede seguir viéndose así. La continuada crisis institucional tiende a ser cada vez más acentuada y en la medida que se agrava y ahonda resulta tornándose en irresoluble. La crisis general del sistema, a su vez, ya no se puede resolver mediante paliativos ni mediante votaciones de las que no pasa el primer año sin que la población ya esté arrepentida de haber votado por quien lo hizo. No se trata de un desencanto de cara a la fuerza por la que se votó sino de un desencanto ante el conjunto de fuerzas que integran el sistema político.

Las crisis políticas expresan y ponen de manifiesto la crisis general que afecta al país y que toca a todo el sistema, sus instituciones y estructuras. Es el sistema en su conjunto y sus instituciones y estructuras lo que está en crisis y se trata de una crisis general, crisis general que está llegando a tal grado de gravedad que puede que en un momento dado ya no se alcance a paliar y estalle de golpe.

2. - Cada vez está más claro que las fuerzas políticas no están en condiciones y capacidad de sacar al país de la crisis general que lo afecta. Puede decirse que el sistema político está agotado y que las fuerzas políticas que lo integran ya no dan para más. Son los nuevos actores sociales los llamados a emprender la gran tarea histórica de producir las transformaciones de fondo que el país necesita, empezando por la transformación radical de las atrasadas y caducas estructuras económicas, políticas, sociales e institucionales.

En tales condiciones no creo que resulte exagerado hablar de las posibilidades reales de que en un momento dado pudiera darse paso para que una revolución se produzca y que a partir de ese momento empiece a transformarse a fondo la situación y se sienten las bases de los cambios que son tan necesarios. La situación del país no puede seguir estando como hasta ahora. Es otro el camino que hay que recorrer y eso no sólo depende de la voluntad de las fuerzas sociales llamadas a protagonizarlo sino además de las condiciones objetivas por las que se está atravesando.

De las fuerzas políticas legalmente inscritas no hay una sola que tenga la capacidad ni las herramientas ni la definición ideológica para encabezar esta gran tarea histórica. Es a las fuerzas populares, democráticas, revolucionarias y progresistas a las que corresponde hacerlo. De no ser así hay que hacerse a la idea de que el país seguirá estando como estuvo (o quien sabe si no peor) bajo el gobierno de Vinicio Cerezo (1986 - 1991), el de Serrano Elías (1991 - 1993), el de Ramiro De León Carpio (1993 - 1996), el de Arzú Irigoyen (1996 - 2000), el de Portillo Cabrera (2000 - 2004) o como ha comenzado su gestión el gobierno actual. No es una mera ocurrencia advertirlo así. Es lo que indica y apunta la experiencia más reciente. Tampoco hay que descartar que en la medida que la crisis general del sistema se agrave y profundice, el país llegue a ser gobernado en forma dictatorial y represiva y desde posiciones de fuerza contrarias al diálogo y la concertación. Tengo en cuenta los recientes sucesos en Nueva Linda, Retalhuleu; en Los Encuentros, Sololá, y la manera como está conduciéndose el asunto de los controladores de tránsito aéreo.

Los riesgos que amenazan al país no son pocos. Sus posibilidades de encontrarles solución no están a la vuelta de la esquina. Lo que no puede seguirse ignorando es que la población está cada vez más consciente de que las cosas ya no deben seguir como hasta ahora y que está cada vez más decidida a cambiarlas. Se puede decir entonces que lo que caracteriza actualmente al país es, por un lado, la toma de conciencia de que las cosas ya no pueden seguir estando como hasta ahora y la decisión de que deben cambiar y, por el otro, que las fuerzas gobernantes ya no están en condiciones y capacidad de controlar la situación. En ambos casos, es lo que en otras palabras constituyen dos de los elementos que configuran una situación revolucionaria potencial.

3. - Las sorpresas de la Historia no hay que subestimarlas ni ignorarlas como tampoco hay que subestimar ni ignorar el agravamiento cada vez mayor de la crisis general que afecta al sistema en su conjunto y cuya solución pasa necesariamente por los cambios radicales al interior de ese sistema que ya no da para más. Es así como será posible darle solución a la crisis general que afecta al sistema imperante, cerrarle el paso a la prepotencia y a las posiciones de fuerza, y abrir los espacios a una democracia real y participativa.

Fuente: www.lahora.com.gt


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