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Cuatro años más…
¿Para qué?
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 26 de enero de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

Una de las más grandes falacias del presidente George W. Bush es haber dicho y sostener que ahora vivimos en un mundo más seguro. Los primeros cuatro años de su gestión al frente de la Casa Blanca son cuatro años en que el mundo no sólo no está más seguro sino que ha sido un escenario en el que lo que más predomina es el miedo, la violencia, las guerras, el caos, la tensión y tirantez.

Ahora que el señor Bush ha iniciado su segundo mandato se ha expresado que va a acabar con las tiranías allí donde éstas estén y que la seguridad y la democracia en Estados Unidos pasa por la seguridad y la democracia en los demás países del mundo. ¿Qué quiere esto decir? Esto quiere decir, primero, que los demás países del mundo quedamos a merced de lo que se decida en Washington y, segundo, que la propia seguridad y democracia en Estados Unidos depende de que en los demás países ya no haya tiranías y de que el modo de vida estadounidense se haya impuesto por la fuerza de las armas y sin importar la cultura, tradiciones e idiosincrasia de las otras naciones.

El mundo es ahora más inseguro que antes. En esto influyen y son decisivos los conflictos, los graves conflictos que tienen lugar en Irak y en Afganistán, por ejemplo. El clima de tensión, inseguridad y guerra por el que está atravesando el Medio Oriente, por su parte, no va a normalizarse hasta en tanto el gobierno de Ariel Sharón persista en continuar con los crímenes y atrocidades que comete contra la población palestina y cuente con el beneplácito, ayuda y apoyo del gobierno de Estados Unidos.

La situación en Afganistán no puede serle más adversa a la administración republicana. La democratización y pacificación de aquél país está muy lejos de alcanzarse y, por el contrario, es un foco más de tirantez y tensión que pone al desnudo que la democratización y la seguridad de países como Afganistán no se consigue a través de la guerra y la ocupación extranjera, y menos por unas elecciones mediante las que se impone a quienes mejor obedecen y acatan la voluntad de las tropas invasoras.

Ese mismo escenario -y quién sabe si no uno más agravado- es el que tiene lugar en Irak. Los analistas son muy dados a afirmar que en Irak se está a la vuelta de una guerra civil. Lo cierto es que en suelo iraquí, desde el mismo momento en que se desencadenó la guerra de agresión y conquista por parte del gobierno del presidente Bush, la guerra no ha cesado y ahora es más enconada y complicada para las tropas de ocupación. Las tropas estadounidenses en Irak se enfrentan a un enemigo difícil de identificar y ubicar. Los insurgentes iraquíes en cambio tienen muy bien identificado y definido a su enemigo principal: las tropas de la coalición ocupante jefeadas por la soldadesca estadounidense y la población iraquí que se ha puesto a su servicio.

El clima es de tal grado de inseguridad en Irak que las elecciones del próximo domingo 30 puede que lleguen a celebrarse, pero con ellas los gobernantes estadounidenses no van a lograr llevar la democracia a aquel país. Lo más seguro es que la guerra continúe y se generalice aún más y en Irak no se logre instaurar un régimen democrático y popularmente electo. Será todo lo contrario. Se instaurarán autoridades fantoches e impopulares, impuestas por la fuerza de las armas y la complicidad de quienes se están prestando a semejante farsa.

Por lo que toca al conflicto palestino-israelí la situación en esa región no es fácil que se logre normalizar. La paz en el Oriente Medio sólo es posible a partir de una negociación política en que no sea una sola de las partes la que pretenda imponer sus condiciones. En casos como éste lo primero que hay que tener en cuenta son los intereses de las partes en conflicto en condiciones de igualdad. Tratar unilateralmente de imponerle condiciones a una de las partes lleva a un callejón sin salida y supone ignorar que en todo conflicto son dos partes las que se enfrentan y que la solución política de ese enfrentamiento arranca a partir del momento que se comprenda que lo que se debe conversar ha de conversarse teniendo en cuenta que es sólo en condiciones de igualdad y respeto recíproco que se puede arribar a una paz firme y duradera.

La situación no es menos tensa y peligrosa en otras regiones del mundo. El amenazador discurso pronunciado por el presidente Bush el pasado 20 de enero pone en riesgo la independencia y soberanía del resto de países de la Tierra. No sólo la de aquellos países que la Casa Blanca califica como "el eje del mal" sino también de aquellos que opten por el camino de la defensa de su independencia y soberanía nacional. Es decir, aquellos países que a juicio de los gobernantes de Washington choquen con los poderosos intereses estadounidenses están ante el riesgo real de ser agredidos, invadidos y ocupados. Esta es la grave amenaza que pesa sobre los pueblos y países que en Asia, África y América Latina se atrevan a disentir a los dictados de Washington.

Ante una situación así lo único que cabe es la más amplia unidad de pueblos y países en defensa de su independencia y soberanía nacional, su autodeterminación y derecho a ser libres y no depender de la voluntad de una potencia extranjera por poderosa que ésta sea. Los próximos cuatro años de la administración republicana en Estados Unidos se desarrollarán en escenarios en los que surgirán nuevas y poderosas jornadas emancipadoras que con el apoyo de lo mejor y más esclarecido del pueblo estadounidense los pueblos y países del resto del mundo podamos avanzar hacia etapas superiores de democracia e independencia, soberanía y justicia social e integración regional entre iguales y en condiciones de equidad, paz y seguridad, progreso y desarrollo. Ello supone igualmente presuponer que Estados Unidos algún día tendrá que cambiar para bien de los propios estadounidenses y demás pueblos y países del mundo.

No hay entonces porqué ver con pesimismo el futuro inmediato en lo internacional y nacional. Lo que corresponde es luchar por ese mundo distinto y mejor que es posible construir, pese a que los ultraconservadores republicanos desde Estados Unidos no alcancen a ver que así tiene que ser.

Fuente: www.lahora.com.gt


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