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El poder del pueblo, sí es poder
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 27 de abril de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

No recuerdo en qué momento y en dónde leí o escuché la categórica afirmación que me sirve de título para el presente comentario y que gira alrededor de los acontecimientos que acaban de tener lugar en Ecuador. Un breve repaso histórico de la situación política, económica y social de aquel hermano país, en algo puede ayudar a comprender las causas y el desenlace del estallido social y popular que ha estado ocupando la atención de la opinión pública internacional y de las esferas oficiales en los países del Continente, incluyendo, por supuesto, al gobierno de Estados Unidos.

Ecuador estuvo gobernado durante cuatro períodos diferentes (1934 - 1935; 1944 - 1947; 1952 - 1956, y 1968 - 1972) por Velasco Ibarra, un político liberal que en 1970, con el apoyo de los militares, suspendió la Constitución y disolvió el Congreso, iniciándose así un período de dictadura militar que duró hasta 1979, año en que tuvieron lugar las elecciones durante las que se disputaron el poder político el derechista Partido Socialcristiano y el populista Partido Roldosista. Las elecciones presidenciales las ganó Jaime Roldós que promulgó una nueva Constitución. El presidente Roldós murió en un accidente de aviación. Le sucedió el vicepresidente Hurtado Larrea que lo gobernó hasta 1984, año en el que se realizaron nuevas elecciones. De 1984 a 1996 se puede hablar de un período de alternabilidad institucional del poder político.

En 1996 fue electo Abdalá Bucaram a quien en mayo de 1997 lo destituyó el Congreso Nacional en medio de fundamentadas acusaciones de corrupción y por "incapacidad mental". Se designó como presidente interino a Fabián Alarcón. La vicepresidenta, Rosalía Arteaga, intentó autoproclamarse presidenta. El Congreso forzó su retirada y la designación de Alarcón fue refrendada en mayo de 1997. En elecciones anticipadas realizadas en 1998 resultó electo el entonces alcalde de Quito y candidato del partido Democracia Popular, Jaime Mahuad. Mahuad congeló los fondos de ciudadanos ecuatorianos y decretó la dolarización. Fue depuesto en 2000 por una asonada cívico militar encabezada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, y el coronel Lucio Gutiérrez. Asumió la presidencia el vicepresidente Gustavo Novoa quien entregó el poder, en enero de 2003, al coronel Lucio Gutiérrez que había sido electo popularmente en noviembre de 2002. El pasado miércoles 20 de abril, después de nueve días de acaloradas protestas y agitación social y popular que tuvieron lugar especialmente en Quito, el presidente Gutiérrez fue destituido por el Congreso por "abandono del cargo" e instaló al frente del gobierno al vicepresidente Alfredo Palacio.

En 1972 se descubrieron en Ecuador importantes yacimientos de petróleo. Hasta entonces, Ecuador era considerado como un país de vocación agrícola. Con el aparecimiento del petróleo se le forzó a un desarrollo y fomento industrial que trajo como consecuencia un alza considerable de la inflación e incremento de la deuda externa así como también un cada vez más acentuado malestar social especialmente entre la población indígena. La población indígena es la mayor parte del más del 75 por ciento de los ecuatorianos que viven en la pobreza. Entre 1996 y el año 2000, la situación política tendió a deteriorarse aceleradamente. La caída de los precios del petróleo en aquellos años, a su vez, se tradujo en una recesión económica y las "medidas de control" adoptadas por el presidente Mahuad trajeron el caos social. El sucre se devaluó en un 52.6 por ciento y en febrero de 1999 alcanzó una tasa anual de 105 por ciento. El 10 de enero del 2000, el gobierno de Mahuad dolarizó la economía ecuatoriana. Su sucesor, el presidente Novoa, en un intento por "revertir la recesión" implantó severas medidas de austeridad y privatizaciones "aconsejadas" por el FMI.

Quienes han seguido de cerca la situación del Ecuador de finales del siglo XX y comienzos del actual, son de la opinión que la sociedad ecuatoriana es una sociedad cada vez más polarizada y que en el país persisten problemas tan agudos y graves como la corrupción y la migración. Aseguran, además, que es una sociedad inequitativa y que su estructura institucional es excluyente, de lo más frágil y con una gobernabilidad y democracia en crisis permanente. Se sabe que es hacia Estados Unidos, España e Italia que emigran la mayoría de los 300 ecuatorianos que a diario abandonan el país.

Algunos de los principales indicadores económicos del Ecuador de que dispongo, son los siguientes: para enero del 2000, el Producto Interno Bruto, PIB, per cápita, era de mil 210 dólares. En el 2001 su tasa de inflación fue de 14.0. En ese mismo año, su deuda pública era de 14 mil millones de dólares. Su desempleo ascendía a un 14.0 por ciento de la población económicamente activa. Su población económicamente activa se calcula en algo más de 4,2 millones de personas que en su mayoría se dedican a los servicios, a la agricultura, a la industria y a la construcción. Según datos de la ONU correspondientes al año 2003, Ecuador tenía 13 millones 342 mil 658 habitantes. Administrativamente, Ecuador está dividido en 22 provincias. Su capital y sede del gobierno está en Quito.

La producción industrial de Ecuador se centra en los químicos, los alimentos, los minerales, los textiles y el petróleo. El azúcar, el banano, el arroz, el maíz y las flores constituyen su principal producción agrícola. Ecuador está considerado como una de las mayores reservas del mundo de madera balsa. Es productor de importantes cantidades de caucho. En ganadería se destaca la crianza de bovinos, cerdos, ovejas y gallinas.

En el año 2000 exportaba alimentos, petróleo, café, cacao, banano, pescado y flores. En ese año exportó hacia Estados Unidos el 38.0 por ciento de sus productos; a Perú, el 6.0 por ciento; a Chile, el 5.0 por ciento; a Colombia, otro tanto igual; y, a Italia, el 3.0 por ciento. Los principales productos que importó en el 2000 fueron maquinaria, químicos y combustibles provenientes de Estados Unidos, Colombia, Japón, Venezuela y Brasil.

Como se recordará, el ahora ex presidente Lucio Gutiérrez llegó a la presidencia de Ecuador con un amplio respaldo ciudadano y en medio de fundadas expectativas de que su gobierno sería un gobierno identificado con los intereses de los sectores mayoritarios de la población. Sin embargo, paró comprometiendo a Ecuador con su sujeción al Plan Colombia y la estrategia intervencionista norteamericana en la región; procedió en forma indiscriminada al pago de la deuda pública externa, e incurrió en actos de corrupción y nepotismo. Se le responsabiliza, también, del acelerado empobrecimiento de la población. Estas son, entre otras, las causas que llevaron al movimiento social y popular ecuatoriano a alzarse en amplias movilizaciones de protesta e indignación que se iniciaron a finales del año pasado y culminaron con el derrocamiento de un gobernante que no fue capaz de interpretar y ser partícipe activo y comprometido con los cambios que se vienen operando en América Latina y el Caribe a favor de la lucha por la independencia, la soberanía y la libertad y que, en cambio, optó por constituirse en uno de los principales e incondicionales aliados de la política intervencionista del gobierno de Estados Unidos en la región andina.
En las nuevas condiciones que se crean a partir del 20 de abril pasado, lo que cabe esperar para el bien del hermano pueblo de Ecuador, es que ahora sí empiecen a resolverse los agudos y graves problemas que en lo económico, político, social e institucional afectan a la mayoría de su población. El pueblo ecuatoriano tiene todo el derecho a su autodeterminación, rechazar toda forma de intervención en sus asuntos internos, y encauzarse por el rumbo del desarrollo, el progreso y la justicia social.

Fuente: www.lahora.com.gt


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