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Uno, "bendiciendo" una obra y, el otro, sintiéndose "tan campante"
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 4 de mayo de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

Semanas atrás me referí a lo convulso y agitado de la situación por la que estaba atravesando Ecuador. Días después, el presidente Lucio Gutiérrez fue depuesto por el Congreso Nacional en medio de airadas protestas e indignación popular de las capas medias y otros sectores de la población quiteña en su contra. Para ese entonces no había mayores noticias sobre lo que estaba ocurriendo en Nicaragua. Por su parte, las protestas y manifestaciones populares y sociales encabezadas aquí en Guatemala por el sector campesino, indígena, sindical y popular contra el TLC con Estados Unidos amainaron para los días de Semana Santa como amainaron también las protestas y reclamos contra la explotación de la minería a cielo abierto y el proyecto de Ley General de Concesiones. Lo importante y muy significativo son las nuevas modalidades y formas de protesta popular y social que están comenzándose a dar en el país.

1. - En Nicaragua, las protestas contra el alza en el precio del pasaje urbano se tornaban cada vez más amplias y combativas. Al frente de estas manifestaciones estaban el Frente Nacional de los Trabajadores, la Unión de Transportistas y los estudiantes universitarios. El gobierno del presidente Enrique Bolaños tuvo que utilizar la fuerza pública para reprimirlas y poner al ejército nicaragüense en estado de alerta. Los manifestantes que protestaban en los alrededores de la Universidad de Managua y en las principales calles de la capital, así como de otras ciudades del interior del país, respaldaron entusiastamente la demanda de renuncia del presidente Bolaños que le planteó la mayoría de los alcaldes de aquél país hermano.

Cuando los acontecimientos estaban tornándose cada vez más incontrolables, el presidente nicaragüense llegó a decir que detrás de todos esos "bochincheros" había dirigentes que no se atrevían a sacar la cara y que desde sus escondites azuzaban los ánimos de "las turbas" que le exigían resolver el asunto de los precios de los pasajes del transporte urbano tomando las medidas de emergencia que la situación exigía. Esto se dio en el curso de los primeros días de la semana pasada.

Con un aire de prepotencia --muy propio de muchos de los presidentes que ahora gobiernan en Centroamérica--, el presidente Bolaños restó importancia a lo que venía aconteciendo y ante la apedreada a la que se expuso y la petición de renuncia que se le planteó, con no disimulada altanería expresó que a él nunca le habían visto que "colgara los guantes" y recordó lo que dijo, lo sucedido en la década de los 80: trajo a cuenta los atropellos, vejámenes, insultos, calumnias y persecución de que aseguró que fue objeto entonces. Pese a eso, manifestó, se supo mantener en su lugar "peleando contra la injusticia". En un abierto menosprecio a las protestas en su contra, consideró que las mismas no tenían la menor importancia y que los nicaragüenses podían estar tranquilos porque él seguía "tan campante, como Johnny Walker".

No habían pasado más de 24 horas de ese exabrupto presidencial cuando ya estaba negociando una salida a la ya grave situación con la dirigencia del Consejo Nacional de Universidades, CNU, los estudiantes universitarios y la Alcaldía de Managua. De resultas de esa negociación, se vio obligado a subsidiar por tres meses el transporte urbano con fondos del Estado y en parte con los de la Municipalidad de la capital nicaragüense, en tanto se le "encuentra" --como se comprometió-- una solución definitiva al asunto. Cabe recordar que más de una vez hizo referencia a que lo del subsidio no era posible y que el asunto de los precios del pasaje del transporte urbano no tenía solución porque tampoco tenía solución lo del alza de precios de los combustibles. Y, como no podía ser de otra manera, responsabilizó de lo sucedido al FSLN. "Los sandinistas --señaló-- nadan bien en las aguas turbulentas, sucias, hediondas y podridas, y ellos necesitan crear esa podredumbre para nadar bien".

Con un tipo de gobernante así, no puede haber país que tenga su futuro asegurado. Alguien que se precie de ser el mandatario de su país, no sólo debe ser la expresión de la unidad nacional sino --y esto es lo más importante-- no desgastarse en insultos y ofensas contra sus adversarios políticos por furibundos que éstos sean.

2. - Para el caso de nuestro país, el gobernante actual --a decir de sus más cercanos allegados-- muy bien podría llegar a ser un empresario todavía más exitoso. A quienes le dan el beneficio de la duda, les agrada que se conduzca bonachonamente y se presente como buena gente. Hay todavía algunos compatriotas a quienes les sigue cayendo bien. Pero así, tampoco se puede gobernar bien y dirigir bien un país. Tampoco se puede gobernar bien y dirigir bien un país, si con suma frecuencia se incurre en ligerezas de lenguaje que así como le restan credibilidad a quien las expresa, corre el riesgo de caer en el ridículo o incurrir en irresponsabilidad.

Los estadistas, los hombres de Estado no es así como deben conducirse. Su alta investidura los obliga a proceder con seriedad y responsabilidad y --sobre todo-- a saber con exactitud y claridad lo que han hecho, lo que están haciendo y lo que están por hacer. Una administración pública no se improvisa ni la gestión gubernamental resulta de lo que se le ocurra a quien la tiene a su cargo.

El hombre de Estado debe, en primer lugar, rodearse de estadistas y ser él mismo el principal de ellos. Segundo, sus consejeros más cercanos no deben ser sus amigos más allegados o sus socios más influyentes. Tercero, sus consejeros más cercanos y sus amigos más allegados deben ser personas que conozcan y manejen la política con visión de largo plazo, que estén suficientemente informados de lo que a diario acontece en el país y del desenvolvimiento de los acontecimientos en lo internacional. Cuarto, así como les corresponde contribuir a resolver lo del día deben, además, saber prever lo que se puede venir después de hacerlo y saberle dar continuidad, secuencia y perspectiva a lo resuelto. La coyuntura es importante. Lo estratégico, es decisivo.

Según como yo veo las cosas, me parece que no son éstas las características y rasgos que puedan encontrarse en el equipo de gobierno del presidente Óscar Berger y que así ha sido, en general, a partir de junio de 1954. Al país se le ha conducido de un lado para otro, sin rumbo fijo y determinado, como a sobresaltos. En ello radica --en parte-- la crisis continuada y recurrente de poder, gobernabilidad y estabilidad institucional. A ello hay que agregar la acumulación cada vez más explosiva de la crisis económica, social y política y, a su vez, la impunidad y corrupción imperantes.

El presidente Óscar Berger se ha desgastado más de la cuenta en estos ya casi 16 meses de gestión gubernamental y si algo lo desgasta más son las ligerezas e imprudencias en que incurre frecuentemente. La semana pasada --para no ir más lejos de lo que ya está documentado e informado-- cometió una de ellas y que por alguna razón sólo se informó en un noticiero de televisión. La información se refería a un acto que bien pudo haber tenido lugar en el Palacio de la Cultura. El presidente dijo venir de inaugurar el inicio de los trabajos del Anillo Metropolitano. Vengo contento --expresó-- porque acabo de "bendecir" el comienzo de los trabajos de esta importante obra.

Con insultos y exabruptos como los del presidente Bolaños de Nicaragua y tantas ligerezas e imprudencias del presidente guatemalteco Óscar Berger, las cosas en ambos países tenderán a empeorarse cada vez más, convirtiéndose en irresolubles. Hasta aquí, algo respecto de la peculiar forma de gobernar y las ligerezas de dos de los tan cuestionados mandatarios del área e incondicionales aliados de Washington.

Fuente: www.lahora.com.gt


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