Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Posada Carriles: criminal y terrorista confeso
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 25 de mayo de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

A mí me parece que el licenciado Oscar Clemente Marroquín está en lo cierto cuando -en su columna del pasado lunes 23- asegura que en el caso de Luis Posada Carriles no cabe pensar en la extradición. Con consistentes argumentos pone en duda que se logre aplicar el derecho internacional en tan delicado y grave asunto como dejó de tener vigencia y validez en el caso de la invasión a Irak por parte del gobierno de Estados Unidos, gobierno al que poco o nada le importó la opinión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al respecto.

Es cierto, también, que Posada Carriles sabe mucho de los actos de terrorismo por él cometidos y -por mi parte- estoy seguro que también está en conocimiento de muchos otros más. De allí que a la administración del presidente Bush no le convenga ponerlo a disposición de otro país para que se le juzgue por los crímenes cometidos a todo lo largo del tiempo que estuvo (y quién sabe sí aún no sigue estando) al servicio de la CIA norteamericana.

El historial criminal y terrorista de Posada Carriles está debidamente circunstanciado y documentado. Además, él mismo reconoció las acciones terroristas en las que participó, aunque inmediatamente después tuvo que retractarse de lo aseverado. Son a la vez abundantes y contundentes las pruebas que existen en su contra. Se trata, entonces, de un criminal y terrorista internacional confeso que merece que se le juzgue de acuerdo con las leyes del país o de los países en donde cometió sus múltiples crímenes.

Al presidente Hugo Chávez y al hermano pueblo de Venezuela les asiste todo el derecho y -por sobre todo- la razón para exigir al gobierno de Estados Unidos su extradición para ser procesado por el crimen de Barbados. Como todo el mundo lo sabe, Luis Posada Carriles está de sobra comprobado que tuvo que ver con el atentado terrorista contra el avión de Cubana de Aviación que el 6 de octubre de 1976, costó la vida a 73 personas, entre ellas, el equipo nacional cubano de esgrima que viajaba de Caracas a La Habana, cinco miembros de una delegación oficial de la República Popular Democrática de Corea, y la tripulación de la aeronave.

En la madrugada del 7 de octubre de aquel año, la policía de Trinidad y Tobago detuvo a dos siniestros personajes: Hernán Ricardo Lozano y Fredy Lugo. De inmediato, ambos confesaron ser quienes pusieron las bombas en el avión de Cubana de Aviación. Hernán declaró que trabajaba para Posada Carriles y que en Barbados había estado tres veces en la Embajada de Estados Unidos. A Hernán se le encontraron documentos que comprometían a un funcionario de la Embajada norteamericana en Caracas: el señor Joe Leo. Se le encontraron, además, planos de la Embajada de Cuba en Venezuela, México y Jamaica. Con base en las declaraciones de Hernán y de Lugo las autoridades venezolanas de aquél entonces detuvieron a Posada Carriles y a Orlando Bosh el 11 de octubre de 1976.

El 2 de noviembre de ese mismo año, una jueza venezolana consignó a Posada Carriles, a Bosh, a Hernán y a Lugo por varios delitos, entre ellos, uso de documentación falsa, fabricación y portación de armas de fuego, y homicidio calificado. Todo lo anterior está debidamente circunstanciado y documentado y compromete a quien después que se fugó de una cárcel de máxima seguridad de Caracas, viajó directo a Honduras y pasó a ser partícipe de las operaciones sucias que posteriormente desencadenaron el escándalo Irán-Contras. En relación al crimen de Barbados, el periodista Homero Campa, en el número más reciente de la prestigiosa revista mexicana Proceso, hace una detallada relación de los hechos, los protagonistas, la operación y las evidencias que comprometen a Posada Carriles.

Más recientemente, se comprobó la participación de Posada Carriles en la preparación del atentado que bien pudo haber costado la vida del presidente cubano, Fidel Castro, acción que trató de perpetrar durante la celebración de la X Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de Iberoamérica que se celebró en Panamá y que fue desbaratada gracias a la denuncia oportuna hecha por el propio Presidente cubano y que obligó a las autoridades panameñas a capturar a Posada Carriles y sus cómplices. Posada Carriles estuvo preso en Panamá y fue juzgado y encontrado culpable por los hechos denunciados. Sin embargo, la presidente Mireya Moscoso, en la víspera de entregar la presidencia de Panamá, indultó a Posada Carriles quien de inmediato viajó por varios países de Centro América con documentación falsa, estuvo en México y luego se supo que había entrado a Estados Unidos en forma subrepticia.

Hace varias semanas, el presidente Fidel Castro, en una de sus comparecencias casi diarias por la televisión y la radio cubanas, informó tener conocimiento de que Posada Carriles se encontraba en Estados Unidos y detalló la ruta que lo llevó de México a la Florida. El gobierno estadounidense guardó un silencio cómplice al respecto y no fue sino hasta el pasado martes 17 de mayo que -luego de que Posada Carriles dio una conferencia de prensa- fue arrestado por las autoridades norteamericanas y acusado formalmente de haber entrado de manera indocumentada a Estados Unidos. Ahora se sabe que estaba en Miami desde finales de marzo.
A partir de ese momento, la situación se le complica aún más, en particular, al presidente Bush y, en general, a la administración Republicana gobernante. No se necesita ser un observador acucioso o sagaz para deducir que resulta imposible que en un país para el que la seguridad interna es su prioridad número uno (en particular, a partir de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York y contra el Pentágono en Washington) ingrese en forma subrepticia un connotado criminal y terrorista internacional y que las autoridades estadounidenses no se hayan percatado de ello o tenido conocimiento.

Según el profesor universitario, investigador y periodista cubano, Jorge Gómez Barata, después del 11 de Septiembre, Estados Unidos ha procedido a reorganizar su aparato de seguridad nacional. El Departamento de Seguridad de Estados Unidos centraliza y concentra todos los servicios de seguridad del país. Cuenta con 180 mil empleados, agentes, informantes y funcionarios. Tiene bajo su control y dirige 22 agencias gubernamentales y 15 servicios de inteligencia. Dispone de un presupuesto de miles de millones de dólares y del equipo necesario para su funcionamiento y operaciones. Tiene a su cargo las cuestiones migratorias que en el pasado reciente estaban asignadas al Departamento de Justicia.

Lo cierto es que a estas alturas el gobierno estadounidense está en una encrucijada. No extraditar a Posada Carriles a Venezuela vendría a confirmar que le da protección a un criminal y terrorista internacional de su calaña y pondría en entredicho y saltaría en mil pedazos su tan publicitada lucha contra el terrorismo internacional. A su vez, si acepta su extradición, corre el riesgo de que Posada Carriles hable sobre todo lo que sabe y que así como lo compromete a él, compromete por igual a los sucesivos gobiernos norteamericanos durante los que cometió sus crímenes y actos terroristas.

Lo de Posada Carriles aún no está solventado, es cierto. Pero también es cierto que cualquiera que sea la decisión de los gobernantes estadounidenses son ellos y nada más que ellos los que con su arrogante proceder y decisiones festinadas se evidencian y desprestigian cada vez más ante la opinión pública internacional y ante el propio pueblo norteamericano que no puede respaldarlos ni secundarlos si es que optan por proteger, dar asilo o indultar a quien a sus 76 años de edad todo parece indicar que ya no les es útil pero que sí les es algo más que una piedra en el zapato o, como dijo Shafick Handal, el líder revolucionario salvadoreño, en la multitudinaria concentración del Primero de mayo en La Habana, una papa caliente que les arde en las manos y no saben que hacer con ella.

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.