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¿Vaticinio, advertencia o imprevisión?
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 23 de junio de 2005
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

Casi a medianoche del pasado viernes 17, estalló uno de los depósitos de municiones de la Brigada Mariscal Zavala situada en la zona 17 de la ciudad capital. Hasta ayer las informaciones que oficialmente se han dado no dejan de ser un tanto confusas. Lo que al parecer prevalece es un total hermetismo sobre lo que en verdad sucedió. Ya se ha empezado a hablar de las posibles causas del siniestro, las que en lugar de aclarar lo sucedido podrían complicar aún más su debido esclarecimiento. Las consecuencias para los pobladores de los lugares más cercanos están a la vista, aunque no se haya informado todo lo que en realidad sucedió. Quienes deseen enterarse en parte de lo sucedido, harían bien en consultar La Hora del sábado, la del lunes y la de ayer, y los matutinos del domingo, lunes y martes. A lo que me voy a referir en esta ocasión, es a otro ángulo que tiene este tan delicado asunto. Se trata de lo que podría significar que hayan estallado uno o dos polvorines en una de las más importantes brigadas militares del país.

Según como lo informa elPeriódico en su edición del lunes, actualmente el Ejército guatemalteco está reubicado en nueve brigadas militares, dos bases navales y tres bases aéreas. En la capital están la Brigada Guardia de Honor y la del Mariscal Zavala, además del cuartel Matamoros, la Industria Militar y la Fuerza Aérea. Según la referida información, “en cada uno de los destacamentos militares existe por lo menos una bodega en donde se almacenan armas y municiones”. Según se supo al principio, las bodegas de la Brigada Mariscal Zavala que se incendiaron fueron la número 10 y la número 11. En la primera se guardaban granadas de gas lacrimógeno, en mal estado y, en la otra, bombas de 125 kilogramos, también en mal estado.

1. - A partir de aquí es que paso a referirme a ese otro ángulo del asunto. No es por una mera ocurrencia que la columna de esta semana la titulé de la manera como lo hago. Lo sucedido en las instalaciones militares de la Brigada Mariscal Zavala, ¿no es un mero vaticinio de lo que pudiera ocurrir más adelante en el país? ¿No es una puntual advertencia de algo que ya está pasando o resultado de la imprevisión con que se manejan los asuntos de Estado? Me referiré sólo a la primera interrogante.

Nuestro país está atravesando por una crisis continuada que afecta a sus estructuras económicas, políticas, sociales e institucionales. Podría decirse que Guatemala está encima de un polvorín a punto de estallar. Ya no se trata de que el modelo económico impuesto haya fracasado y lo que se necesite sea que quienes gobiernan cambien de rumbo para que todo siga igual o empeore más. No. Es otro el camino a seguir.

Por rasgos y características muy propias que diferencian a nuestro país de los demás países del área centroamericana y mucho más de los del continente y el Caribe, a Guatemala –a partir de la intervención norteamericana de junio de 1954– se le impuso mediante la violencia institucionalizada del Estado, un sistema de opresión, explotación, dependencia extranjera, atraso, hambre y miseria que aún persiste y tiende a agravarse conforme pasa el tiempo. La crisis que afecta al país es una crisis profunda que afecta al sistema en su conjunto y ya no sólo al modelo económico seguido a lo largo de diez lustros. La mayoría de la población vive en condiciones de atraso, hambre, miseria extrema y explotación. Una minoría privilegiada es la mayor beneficiada de una situación como la descrita y cuyos indicadores micro y macroeconómicos así lo confirman. La brecha que separa a los grandes ricos de la mayoría en condiciones de pobreza y de pobreza extrema, es ahora más acentuada que hace 51 años.

Las condiciones materiales, objetivas, para un estallido social de grandes proporciones, no están determinadas por las peroratas demagógicas de los politiqueros oportunistas y populistas. Están determinadas por las precarias condiciones y calidad de vida de la inmensa mayoría de la población, su acentuada situación de atraso, opresión, explotación, discriminación y exclusión social de que es objeto. Así como el proceso de acumulación de capital hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, la acumulación del descontento e indignación de las grandes mayorías, tiende a convertirse en explosiva hasta que llega el momento en que estalla. Sin ninguna exageración, esquematismo o voluntarismo, muy bien puede hablarse –en las actuales condiciones y situación del país – de la existencia de una situación potencialmente revolucionaria. Las organizaciones de la sociedad civil, así como el movimiento social, popular, indígena, campesino y sindical, quizá no adviertan todavía la magnitud de esta situación y condiciones que se han ido creando en el país. En un momento dado, las dirigencias podrían llegar a ser sobrepasadas por los acontecimientos y su falta de previsión, conducción y dirección podrían malograr un esfuerzo más de emancipación nacional y social en las condiciones muy concretas y específicas por las que está atravesando Guatemala en el momento actual y en el marco de la situación internacional que caracteriza al mundo de hoy.

2. - Mi percepción y opinión que sustento es que las clases dominantes y el sector del empresariado actualmente en el gobierno, más las grandes transnacionales y el propio imperialismo norteamericano, tienden cada vez más a dejar de estar en condiciones de controlar la aguda crisis general del sistema, sus estructuras e instituciones. Tampoco parecen estar en capacidad de seguir gobernando al país como hasta ahora han venido haciéndolo. Los partidos políticos, igualmente, han dejado de estar con condiciones de poder hacerlo. La inmensa mayoría de la población, por su parte, está cada vez más consciente de que ya no puede seguir sobreviviéndose como hasta ahora, que las cosas tienen que cambiar y que es posible construir un país distinto y mejor. No ignoro ni desconozco que son muchos y poderosos los intereses y fuerzas que se mueven, se recomponen y reacomodan a fin de tratar de interceptar lo que aquí podría llegar a suceder o neutralizarlo en su propio beneficio.


En Latinoamérica y el Caribe los acontecimientos marchan, en general, a favor de la lucha de los pueblos por su emancipación nacional y social. Ésa es la dirección hacia donde marcha el pueblo brasileño, el argentino, el uruguayo, el ecuatoriano, el boliviano, el panameño, el nicaragüense, el salvadoreño y, con sus particulares rasgos y características, la revolución bolivariana en Venezuela y la revolución en Cuba socialista.

3. - Termino mi columna de esta semana con lo que debí haber empezado. No quiero dejar de expresar mi solidario pesar por el fallecimiento repentino del compañero Rodrigo Asturias, comandante Gaspar Ilom, acaecido el miércoles pasado. Mido en todos sus alcances lo que su deceso significa para el movimiento revolucionario guatemalteco. Además, no puedo dejar de consignar el profundo dolor que siento por el fallecimiento del compañero Mario Vinicio Castañeda Paz. Cuando fui con mi compañera a dar el pésame a los familiares de Gaspar y a los integrantes de URNG con quienes me encontré en esa ocasión, el doctor Barnoya me refirió que Mario Vinicio estaba gravemente enfermo. El domingo pasado supe que había muerto en Cuernavaca, México, el viernes 17, el mismo día en que aquí se enterraban los restos del máximo dirigente de la Organización del Pueblo en Armas, ORPA.

Para los familiares y más cercanos amigos y colaboradores de los fallecidos, consigno el pésame y condolencias de Ana María, mi compañera de toda la vida, el afecto y acompañamiento de mis hijos, Pedro y Espartaco, y mi solidaridad fraternal a dos compañeros de lucha, ideales, anhelos y aspiraciones en cuya memoria y recuerdo seguiré persistiendo en mi modo de pensar y de ver y analizar lo que acontece en nuestro país a fin de cambiar lo que anda mal y contribuir a construir algo distinto y mejor para Guatemala. En eso se resume mi homenaje en su memoria.

Fuente: www.lahora.com.gt - 220605


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