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Lo que con una mano condonan, con la otra lo recuperan... y con creces
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 7 de julio de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

Así como hay quienes en todas partes del mundo se oponen resueltamente a que los países más pobres sigan pagando lo que le adeudan a los organismos internacionales de crédito y financiamiento -y lo que tienen que pagar en concepto de intereses, servicios y amortizaciones de la deuda privada que los agobia y sume cada vez más en el atraso y la pobreza-, así también hay quienes se oponen a que se les condonen esos voluminosos adeudos.

El señor William Easterly, asesor del Banco Mundial, BM, por ejemplo, es de la opinión de que "el alivio de la deuda es un mal negocio para los pobres del mundo" y que condonárselas "alienta a los deudores a adquirir niveles excesivos de nuevos préstamos a la espera de que éstos también sean perdonados". Resulta en verdad imposible secundar semejantes opiniones y, menos aún, estar de acuerdo con ellas. Pero además, éste no es el punto principal del tema de la deuda.

En este sentido, cabe poner en duda "las buenas intenciones" del Grupo de los Ocho, G-8, cuyos ministros de Hacienda, en su reunión del pasado sábado 11 de junio, acordaron condonar 40,000 millones de dólares que 18 de los países más pobres del mundo (y que son, a la vez, los más altamente endeudados); éstos le deben al Banco Mundial, BM, al Fondo Monetario Internacional, FMI, y al Banco de Desarrollo de África, BDF. Catorce de esos 18 países son africanos; los otros cuatro, latinoamericanos.

Con algunos datos que dispongo y valiosas opiniones a las que he tenido acceso, me referiré a por qué se pone en duda "las buenas intenciones" de los ministros de Hacienda del G-8, el estado en que actualmente está lo de la deuda externa y lo que en números significa la condonación acordada "a favor" de Benin, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guyana, Honduras, Madagascar, Mali, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia.

La población de estos 18 países, en el 2003, ascendía, aproximadamente, a unos 224 millones 385 mil habitantes; en los comienzos de los 2000, su Producto Interno Bruto, PIB, per cápita, en promedio, estaba alrededor de 657 dólares, y su deuda pública externa podría andar por encima de los 63 mil 750 millones de dólares. Tengo en cuenta que los países que integran el G-8 representan algo así como el 12 por ciento de la población mundial, disponen del 40 por ciento de la riqueza del planeta y controlan la mitad del comercio internacional.

A la luz de estos datos, los ministros de Hacienda de Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Canadá, Italia y Rusia, acordaron dispensarles a 18 de los países más pobres del mundo no es -como se informó días atrás- el 100 por ciento del pago del dinero que adeudan. La suma que acordaron condonar aproximadamente equivale a las dos terceras partes del total del dinero que estos países les adeudan a los organismos internacionales de crédito y financiamiento. Pero lo más revelador es que en relación al monto total de lo que adeudan los países pobres, lo dispensado equivale sólo al 20 por ciento del total de lo que deben, "beneficia" únicamente a un 10 por ciento de la población de los países empobrecidos y equivale a la cuarta parte de lo que los países endeudados le pagan a sus acreedores en un año.

Según una publicación de Rebelión y cuyo autor es el analista Juan Torrez López, "Uganda se benefició en 2002 y 2003 de cancelaciones parciales pero la deuda le sigue suponiendo el 209 por ciento de sus exportaciones. La deuda argentina es el 457 por ciento de sus exportaciones, la de Nicaragua el 688 por ciento y la de toda América Latina el 184 por ciento. América Latina -subraya el analista- ha pagado ya siete veces la deuda que se generó hace 20 años".

En La Jornada, de México, Roberto González Amador publicó un interesante artículo que aquí en Guatemala fue reproducido por elPeriódico en su edición del pasado viernes 17 de junio y en el que se califica de fiasco "la decisión del G-8 de anular la deuda multilateral de 18 países". Además, se hace referencia a "las condiciones exigidas a cambio de las condonaciones". A este respecto se dice que Eric Toussaint, en su calidad de presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, CADTM, y cuya sede está en Bélgica, sostiene que "Los alivios ofrecidos siempre están condicionados a la continuación de la apertura progresiva de las economías del sur a los intereses de las transnacionales del norte. Los países acreedores exigen la prosecución de las medidas de privatización de los servicios públicos y de los recursos naturales de los países endeudados y, por tanto, las condiciones de vida de la población sometida a esta lógica no mejoran".

En el caso de la deuda externa de los países más pobres y altamente endeudados, no se trata de solicitar dispensas o condonaciones o canjes. Y es que como ya queda dicho, las deudas contraídas por los países de Latinoamérica ya han sido pagadas siete veces y, lo que es más grave aún, todo indica que los países altamente endeudados ya no van a tener o ya no tienen de dónde sacar recursos para pagar lo que "deben". Además -como lo plantea Torrez López en la publicación ya referida-, "y, mientras la pagan, ¿de dónde van a sacar recursos para hacer que la economía funcione?".

Ésta es la cuestión a resolver. Queda claro, entonces, que -como lo proclaman los más de 200 mil manifestantes que este sábado se reunieron en la capital escocesa- de lo que se trata es de cambiar el sistema que ha empobrecido a los países altamente endeudados y más pobres del mundo y, muy en particular, a los de África.

Nada bueno se puede esperar que salga para los países pobres de la cumbre que hoy se inauguró en Gleneagles, cerca de Edimburgo, Escocia, y que reúne -en medio de extremas medidas de seguridad- a los presidentes y primeros ministros de los ocho países más industrializados del mundo. Participarán como observadores, además, representantes del llamado Grupo de los Cinco (G-5) integrado por China, India, Brasil, México y Sudáfrica. La Unión Africana, UA, también está invitada.

Cabe presupuestar, eso sí, que en lo que se refiere a la deuda externa, lo que los acreedores con una mano condonan, con la otra lo recuperan... y con creces, y que en cuanto a la ayuda que los países más ricos del mundo le dan a los países más pobres son las migajas que quedan en sus mesas. Ésa es la realidad y así opinan los activistas que el pasado domingo se reunieron en la "cumbre alternativa" de Edimburgo.

Fuente: www.lahora.com.gt - 060705


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