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Acerca del momento actual
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 1 de septiembre de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

A Laura, mi nieta, que el pasado lunes 29 cumplió sus felices y esperanzadores 15 años.

En el país y en el mundo están produciéndose sucesos de particular importancia. Se trata de asuntos a los que debiera dedicárseles especial atención. El diario acontecer es de lo más dinámico y vertiginoso. Las noticias y la información a que se tiene acceso son de lo más voluminosas. Decidir sobre lo que se debe comentar o sobre lo que se debe opinar, no resulta fácil, y conforme pasan los días son cada vez más las cuestiones que quedan pendientes de ser abordadas.

En lo nacional, por ejemplo, la situación económica y social, política e institucional tiende a agravarse alarmantemente y todo apunta en dirección a que si no se endereza el rumbo, lo más probable es que más temprano que tarde estemos ante un estallido social incontrolable. El detonante podría ser el aumento al precio del transporte urbano y suburbano. En tales condiciones, el poder público tendría que recurrir a medidas de excepción, echar mano de la Ley de Orden Público y, en un desesperado intento por controlar la situación, reprimir violentamente el descontento popular.

No son pocas las personas que, incluso, piensan que se están creando las condiciones para un golpe de Estado. Aunque no tengo elementos suficientes como para secundar esa previsión, al parecer -y por el momento- no es éste el peligro principal que amenaza al país. Lo que no ignoro es que así como hay quienes piensan que tal extremo pudiera ocurrir, así también hay quienes quisieran que esto fuera lo que sucediera. Lo cierto es que el grado de desesperación entre la población es tal que lo que uno menos presupone que pudiera suceder es, precisamente, lo que podría llegar a desencadenarse en un momento dado.

Pero más allá de especulaciones, es necesario y urgente tener en cuenta algunos indicadores económicos y sociales, así como también los políticos e institucionales, para estar en condiciones de caracterizar la contradicción principal a resolver en el momento actual. Según elPeriódico del pasado lunes, de los 12.7 millones de guatemaltecos, unos 7 millones de ellos sobreviven con 1.88 dólares diarios. De acuerdo al mismo matutino, la Secretaría de Planificación de la Presidencia, SEGEPLAN, "define en situación de pobreza a aquellas personas que subsisten con 1.88 dólares diarios y en pobreza extrema a los que sobreviven con 1.03 dólares al día". O sea que en situación de pobreza viven aquellas personas cuyos ingresos son el equivalente a 14.27 quetzales diarios y las personas que viven en condiciones de extrema pobreza, son las que tienen un ingreso equivalente a 7.82 quetzales al día. La misma SEGEPLAN considera que "en Guatemala el 20 por ciento de la población más rica recibe el 62 por ciento del ingreso total".

Indicadores como los expuestos son suficientes para considerar, por un lado, la inmensa brecha que separa a quienes todo lo tienen de los que no tienen nada, absolutamente nada y, por el otro, el alto grado de explosividad social que incuba una situación y condiciones como las descritas.

Esto es en lo que corresponde a indicadores referentes a la situación y condiciones económicas y sociales de la mayoría de la población guatemalteca. En relación a los de carácter político e institucional, los indicadores son de lo más reveladores.

El gobierno del presidente Berger sabe y conoce que el 85 por ciento de los guatemaltecos encuestados por encargo oficial, no cree que el gobernante haya cumplido con lo que prometió durante la campaña electoral recién pasada. El 79 por ciento no cree que en los dos años y medio que le restan a su período presidencial, pueda cumplir lo que ofreció. Indicadores mucho más alarmantes son aquellos que se refieren a cómo ven los guatemaltecos que está el país ahora. El 60 por ciento considera que está peor que hace dos años. El 53 por ciento es de la opinión que en seis meses el país estará peor. Sólo el 21 por ciento estima que el gobernante está trabajando bien.

Lo económico y social más lo político e institucional son los componentes principales que caracterizan el momento actual en nuestro país y que en su conjunto configuran lo que determinan las condiciones objetivas y subjetivas para un estallido social. Es lo que a la luz del marxismo se define como una potencial situación revolucionaria y que si no está todavía configurada en el país es por varios factores, el principal de los cuales es la inexistencia de una fuerza política unitaria organizada o un conjunto unificado de fuerzas con capacidad y condiciones de dirigir y conducir esta situación hacia un desenlace exitoso.

No alcanzo a tener claro si quienes actualmente gobiernan al país están conscientes de sus debilidades y limitaciones como también si están conscientes de que no están en capacidad y condiciones de superarlas. Lo que sí percibo es que están en medio de un terreno movedizo y que cada nueva oleada que los golpea amenaza su continuidad en el corto y mediano plazo. Esto, sí lo deberían saber.

Y es que en verdad es mucha la injusticia social acumulada. Además, la mayoría de la población ya no soporta seguir viviendo en la situación económicamente tan precaria en que está. Ésta es la contradicción principal que el gobierno actual no está en capacidad y condiciones de resolver. Al gobierno, además, se le reducen cada vez más sus márgenes de gobernabilidad y conforme pasan los días se evidencia que no está en condiciones de poder seguir gobernando como hasta ahora lo ha hecho. Son muchos los intereses en juego, intereses que al interior del gobierno pesan demasiado como para hacerse a la idea que se decidiera a optar por imprimirle un rumbo distinto a su gestión y que este cambio de rumbo estuviera dirigido a resolver exitosamente la contradicción principal ya señalada. Su carácter de clase, objetivamente, se lo impide como se lo impiden también los intereses económicos y políticos que representa y en que se apoya. Son esos mismos intereses económicos y políticos los que determinan la agudeza de la crisis imperante y el agotamiento aún mayor del sistema económico, político, social e institucional en que se asienta la frágil y precaria gobernabilidad y que es otro de los rasgos principales que caracterizan la situación actual en el país.

En lo internacional, por su parte, hay un sinnúmero de cuestiones necesarias de abordar para tener una idea aproximada de hacia dónde marchan los principales acontecimientos en otras partes del mundo. Y para hacerlo, vale la pena tener muy en cuenta que con la caída del muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y la desaparición del sistema mundial del socialismo, ni la historia llegó a su fin ni las ideologías tampoco. Esto lo demuestra el hecho de que nunca como ahora, en el escenario internacional, está tan a la vista la lucha frontal que se libra entre las fuerzas del progreso, el desarrollo, el avance social, la paz, la solidaridad, el antiterrorismo y la integración regional en interés de los pueblos, y las fuerzas del atraso, la opresión, la explotación, el militarismo, la guerra, el terrorismo fundamentalista y de Estado, el egoísmo individualista y la ocupación y conquista imperialista.

En todo caso, la dirección principal de los acontecimientos en lo internacional marcha a favor de las fuerzas que están convencidas de que un mundo distinto y mejor, es posible.

Es en ese marco que la izquierda guatemalteca -a partir de la toma de conciencia de la atomización en que se encuentra- debiera enfilar su esfuerzo organizativo, ideológico y político principal hacia la refundación y unificación de sus fuerzas, sin exclusiones, alrededor de la lucha por los profundos cambios que el país necesita y que están contenidos en los Acuerdos de Paz.

Fuente: www.lahora.com.gt - 310805


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