Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Forcejeo electoral anticipado
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 14 de septiembre de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

Con respeto y en homenaje al Comandante Rolando Morán, en el VII aniversario de su sentido fallecimiento

En el período presidencial actual se está dando un hecho relativamente nuevo: conforme el gobierno del presidente Óscar Berger se desgasta más, se precipita la disputa electoral por el control del poder político.

A lo que se tenía acostumbrado al electorado guatemalteco era que la rebatiña comenzara a partir de que el gobernante terminara su segundo año de estar al frente del manejo de la cosa pública. El presidente Berger acaba de arribar a sus primeros 20 meses como gobernante y el ambiente electoral está agitado desde hace más o menos ocho meses, en unos casos, abiertamente y, en otros, en forma subrepticia, es decir, a escondidas u ocultamente.

En una de mis columnas anteriores decía que conforme el gobierno actual se desgasta más, éste se desprestigia con mayor celeridad y el descontento e inconformidad se generalizan y aumentan. La consecuencia es que, por un lado, el ambiente y agitación política son propicios para precipitar el electoralismo al interior de los partidos y fuerzas políticas y, por el otro, para que haya quienes quisieran o estuvieran pensando o deseando que la pita se rompa por lo más delgado. Esta es una de las características del momento actual y a la que hay que darle seguimiento, no perder de vista y prestarle atención.

Otra de las características del momento es que la disputa electoral --por ahora-- está teniendo lugar al interior de las distintas cúpulas del poder económico que están en sorda pugna por seguir detentando el poder político. Con la elección del presidente Berger todo parecía indicar que el poder económico, homogéneamente, había logrado unirse en torno a su gobierno, que la lucha por la hegemonía y el control en el seno del Organismo Ejecutivo había quedado solventada y que la coexistencia pasaba a ser lo predominante. Actualmente las cosas no están así y son cada vez más los elementos con que se cuenta para advertir que la disputa por el control del poder político configura un escenario electoral a decidirse a favor de un sector del poder económico que pugna por constituirse política y económicamente en hegemónico, y que no es precisamente ninguno de los que están actualmente en el gobierno salvo la cabeza principal del sector que empieza a distanciarse de él.

La Gran Alianza Nacional, GANA, se ha desgastado, desprestigiado y dividido tanto que ha dejado de ser una fuerza capaz de asegurarle a los sectores que la conforman la continuidad gubernamental y, en consecuencia, el control del poder político por cuatro años más. Al interior del poder económico, al menos, se perfilan dos o tres sectores en abierta disputa electoral y que serán en torno a los que se den los entendidos y componendas que le garanticen a la oligarquía la sucesión presidencial en enero del 2008. Las demás fuerzas y partidos girarán alrededor a esa sorda disputa, sin dejar de ser ajenos a ella. Esos dos o tres sectores al interior del poder económico (actualmente en proceso de articulación, reacomodo y ajuste) no representan ni expresan intereses ni contradicciones irreconciliables, pero no cabe duda que la pugna que por ahora los enfrenta sí expresa y representa su interés porque uno de ellos, a partir del control político, se constituya en el sector hegemónico al interior del poder económico. La GANA no lo llegó a lograr. Fueron más las contradicciones que generó que los sectores que alcanzó a unir y cohesionar. De esos sectores, uno de ellos se configura en torno a un agrupamiento corporativo neoliberal y dos alrededor de vínculos tradicionales de familia y alianzas empresariales. El primero está constituido por el Club de París; el otro, por la familia Gutiérrez Bosch y, el tercero, por los García Granados.

La falta de una oposición real y efectiva al poder económico gobernante, le permite y facilita a la oligarquía protagonizar esas disputas en las alturas. En otras condiciones, esas disputas permitirían el auge y ascenso de la lucha popular, revolucionaria y progresista como expresión de los intereses y demandas de la mayoría de la población guatemalteca. En ese cuadro, no parece que haya condiciones para que fuerzas o partidos que ya estuvieron en el gobierno puedan regresar por sí solas a gobernar de nuevo. Si aspiran a ello, tendrán que hacerlo con el apoyo o apoyándose en uno de aquellos dos o tres sectores u otro más que llegara a surgir y que en el seno del poder económico empiezan a dar señas de estar dispuestos a disputarse el control del poder político. En esa situación están el Frente Republicano Guatemalteco, FRG, el Partido de Avanzada Nacional, PAN, y la Democracia Cristiana Guatemalteca, DCG.

Algo empieza a hablarse, a su vez, de la posible conformación de una coalición socialdemócrata que giraría alrededor de la Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, y de la que podrían llegar a formar parte la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, y la Alianza Nueva Nación, ANN. Esto significaría un retroceso histórico en lo político e ideológico para estas dos fuerzas y vendría a confirmar lo que ya hace algún tiempo se viene haciendo más evidente. Esto es, que ambas fuerzas --por conveniencia electoral-- tienden a moverse cada vez más hacia el centro y, en consecuencia, a abandonar el proyecto revolucionario concebido al calor del que se conformaron y surgieron a la lucha, en el caso de la actual ANN, a costa de la unidad de la URNG.

En cuanto a la UNE, no acaba de convencerme que en verdad llegue a identificarse con un proyecto socialdemócrata y si lo adopta sería porque lo haría para presentarse como abanderada del "cambio social" pero para que todo siga igual. La UNE, política y electoralmente, no puede dar más de lo que ya dio. Es, además, una fuerza que al igual que la GANA supo capitalizar el descontento e indignación de la población contra el gobierno del FRG y eso le valió situarse como una segunda fuerza electoral sin haber hecho una propuesta alternativa de gobierno. Al igual que las otras formaciones que ya estuvieron en el gobierno, sus posibilidades electorales dependen de si apoya o si la apoya uno de los sectores del poder económico actualmente en disputa. De tal manera, entonces, que la oligarquía empresarial no tiene por qué ver a su posible candidato presidencial como el adversario principal a vencer. Al contrario, lo más probable es que llegue a perfilarse como un aliado de uno de los sectores del empresariado en pugna y al que no le sería difícil neutralizarlo y cooptarlo. En tales condiciones, el proyecto socialdemócrata quedaría amarrado a los intereses económicos y políticos de uno de los sectores del poder oligárquico.

El Encuentro por Guatemala, EPG, por su parte, tiene un origen un tanto dudoso y mucho se especula acerca de ello. Su perspectiva, en todo caso, resulta difícil verla al margen de uno de los dos o tres sectores a que ya he hecho referencia. En tales condiciones, no le será fácil perfilarse como una fuerza independiente y con identidad, proyecto, concepción y fisonomía propia. Ahora bien, en tanto que se identifica como una fuerza empeñada en abrirle paso a "la tercera vía" en el país, no hay que descartar la posibilidad que podría llegar a tener de alinearse alrededor del proyecto socialdemócrata en ciernes lo que, a su vez, despejaría las dudas respecto a su rol a jugar electoralmente y, tal vez, políticamente.

De todo lo anterior resulta que la izquierda como tal --o las distintas expresiones de la pulverizada y dispersa izquierda guatemalteca-- quedaría, por un lado, desdibujada y, por el otro, sin expresión política organizada que la represente para enarbolar y luchar por sus posiciones, principales planteamientos y proyecto histórico de construir un nuevo país y una nueva nación. A eso conduce el electoralismo a ultranza y la pérdida de visión revolucionaria estratégica por los cambios profundos que el país necesita

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.