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Cuarenta y ocho años de lucha
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 1 y 5 de octubre de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

Cuando se trata de hacer referencia al pasado y su desarrollo y desenvolvimiento, hay que hacerlo no sólo objetivamente sino, además, ubicar cada uno de sus momentos y el contexto en que se dieron. Resultaría un contrasentido analizarlos y sistematizarlos con la visión que ahora se pueda tener de ellos, en tanto que se corre el riesgo de tergiversarlos y dejarlos de ver tal y como en realidad se dieron.

Todo proceso histórico tiene su propio desarrollo y desenvolvimiento; expresa, además, el nivel de avance y progreso que se puede llegar a alcanzar o el estancamiento o retroceso en que se puede llegar a caer. La historia de las últimas seis décadas del siglo pasado en nuestro país y el primer lustro de lo que va del presente, se puede caracterizar, en general, en el marco de tales parámetros. En octubre de 1944 se le pone fin a la dictadura ubiquista de los 14 años y a partir de entonces se inicia un momento histórico de sustanciales avances y progreso en lo político, económico, social e institucional. De junio de 1954 a la fecha, se entra en un proceso no resuelto de estancamiento, retroceso, agravamiento y deterioro político, económico, social e institucional.

El clima de amplias libertades democráticas prevaleciente entre 1944 y 1954 hizo posible la emergencia, constitución, desenvolvimiento, lucha y desarrollo de fuerzas políticas revolucionarias, y un amplio y vigoroso movimiento obrero y sindical, campesino, de jóvenes y mujeres, del magisterio y de los estudiantes de posprimaria y del universitariado, de los artistas e intelectuales progresistas. Conforme el proceso revolucionario iniciado el 20 de octubre de 1944 avanzó y se profundizó, nuevas fuerzas sociales emergieron en el escenario político de la época.

En ese marco --y a partir del 28 de septiembre de 1949-- culmina y comienza, a la vez, el proceso de constitución del destacamento organizado de la clase obrera guatemalteca y cuya lucha e historia está indisolublemente unida a la profundización, auge y ascenso de la lucha de los obreros, el campesinado y las capas medias de la población. Los partidos revolucionarios de la época, por sí solos, no podían soportar todo el peso de la lucha en un período de auge, ascenso y profundización de la lucha social y popular. Ello explica, en parte, el surgimiento del partido de los comunistas guatemaltecos.

El Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT, no surge sólo como parte de la inquietud de los sectores política e ideológicamente más avanzados de la sociedad guatemalteca en aquel momento. Es resultado de una realidad y condiciones que hacían posible y exigían su presencia y participación en el escenario político como parte del proceso revolucionario en marcha. El PGT recoge y actualiza la tradición y lucha del primer intento de organización del destacamento del movimiento obrero en 1920 y del que intentó constituirse bajo la dictadura de Jorge Ubico. En 1949 las condiciones eran ya otras y ello viabilizó su constitución, fortalecimiento, desarrollo, influencia y papel que llegó a jugar de las postrimerías del gobierno del presidente Juan José Arévalo a la renuncia del presidente Jacobo Arbenz Guzmán en junio de 1954.

A partir de entonces, el partido fue ilegalizado y su lucha empieza a librarla desde la clandestinidad, en condiciones de lo más difíciles y complicadas y sometido a una tenaz persecución y represión.

Desde un primer momento, la dirección del partido reconoció autocríticamente el descuido en que incurrió de no preparar a la organización para tener que luchar en esas condiciones. Fue sobre la marcha que lo fue logrando y la celebración del III Congreso marca el momento en que cabe situar la culminación del proceso de reconstrucción organizativa y el comienzo de nuevos desafíos en lo ideológico, político y práctico. Es en el IV Congreso cuando empiezan a superarse las limitaciones, fallas y errores que en lo organizativo, ideológico, político y práctico no se lograron resolver durante el anterior Congreso. Es a esas alturas cuando ya se tiene claro y definido que en la lucha revolucionaria, en un país gobernado por la fuerza y represivamente, únicamente hay una vía posible para abrirle paso y triunfar en la lucha revolucionaria: es la vía violenta, clandestina e ilegal.

Durante el III Congreso, el partido no alcanzó a resolver correctamente lo referente a las vías de desarrollo de la lucha revolucionaria e incurrió en la limitación de confundir lo que son las vías de la revolución con las formas de lucha y organización. Sin embargo, en aquél momento, se tenía la convicción de que hasta donde se había llegado era lo que correspondía y que de lo que se trataba era de contar con una política organizativa y práctica que pusiera al partido en condiciones de saber combinar las formas violentas, clandestinas e ilegales con las formas legales, abiertas y amplias y que en un momento dado podían pasar las primeras a ser las predominantes y, en otro, las segundas. El secreto, se decía entonces, estaba en saberlas combinar acertadamente. Esto retrasó por varios años la lucha revolucionaria del partido.

Corresponde al entonces secretario general del Comité Central, compañero Bernardo Alvarado Monzón, el mérito de resolver esta imprecisión teórica y práctica y arribar a la conclusión de que en las condiciones concretas y específicas del país en aquél momento, sólo era posible abrirle paso a la revolución guatemalteca y alcanzar la victoria a través de la vía violenta y que en el marco de esa vía correspondía combinar las formas de lucha y organización pasando a ser predominantes las formas clandestinas e ilegales, sin dejar de utilizar las formas amplias, abiertas y legales. Definida la vía de desarrollo de la revolución guatemalteca, potencialmente se ponía al partido en condiciones organizativas, ideológicas y políticas para proseguir impulsando las tareas propias de la Guerra Revolucionaria Popular.

Tres años después de la celebración del IV Congreso del partido es capturada su Comisión Política y asesinados y desaparecidos los compañeros Bernardo Alvarado Monzón, secretario general del Comité Central, Mario Silva Jonama, Hugo Barrios Klée, Carlos Alvarado Jerez, Carlos René Valle y Valle y Miguel Ángel Hernández y Hernández, además de la compañera Fantina Rodríguez que tenía a su cargo la casa en que fueron capturados, el 26 de septiembre de 1972, por las fuerzas de seguridad del gobierno militar de Carlos Manuel Arana Osorio.

En tales condiciones, el compañero Huberto Alvarado Arellano se hace cargo de la secretaría general del Comité Central del partido y con él se da inicio a una reorganización a fondo en lo referente al trabajo organizativo, ideológico, político y práctico, retomando el contenido esencial de las resoluciones del IV Congreso encaminadas a poner a la organización en condiciones de participar activamente en las tareas prácticas, ideológicas, políticas y organizativas de la Guerra Revolucionaria Popular. A finales del año de 1974 era bastante lo que se había avanzado en esa dirección y empezaban a resolverse importantes cuestiones prácticas de organización, logística, táctica y estrategia, ideológicas y políticas. En ello jugaron un papel decisivo dos importantes trabajos teóricos del compañero Huberto Alvarado Arellano: Tesis e hipótesis y Apuntes para la historia del partido.

A ese corto e importantísimo período y el que se inicia a finales de diciembre de 1974 y concluye en 1997, así como a las enseñanzas y experiencias que se pueden extraer de estos 48 años de lucha del partido, me referiré el miércoles entrante a fin de concluir con este breve esbozo que hoy inicio en homenaje y respeto revolucionario a todos los guatemaltecos víctimas de la represión y el terrorismo contrainsurgente, a los compañeros revolucionarios y camaradas del partido que lucharon y fueron asesinados y desaparecidos por sus verdugos y torturadores o cayeron luchando, con las armas en la mano, por nuestra independencia y soberanía nacional, el progreso y desarrollo del país, el bienestar de la población, la justicia social, la democracia y la libertad.



En la columna de la semana pasada me referí a los sostenidos esfuerzos teóricos y prácticos del Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT, por jugar el papel que habría de corresponderle a lo largo de sus 48 años de lucha por Guatemala, la Revolución y el Socialismo. De esos 48 años, el partido luchó en la clandestinidad durante cerca de nueve lustros. Son muy valiosos y destacados los militantes, cuadros y dirigentes que cayeron víctimas del terrorismo de Estado institucionalizado a partir de la intervención norteamericana de junio de 1954. Igual de valiosos son los militantes, cuadros, amigos y simpatizantes que no claudicaron, se mantuvieron firmes e indoblegables.

La historia demuestra y los hechos confirman que ni el anticomunismo más furibundo ni la persecución y represión criminal que se lanzó con tanta furia y bestialidad contra el destacamento organizado de la clase obrera en el país, lograron doblegar la recia voluntad de lucha, decisión, entrega y lealtad de los comunistas guatemaltecos a la causa por la emancipación de nuestro pueblo y la Revolución. En esta ocasión, me referiré al trabajo y lucha de uno de sus más destacados dirigentes.

El período que va de septiembre de 1972 a diciembre de 1974 fue un breve pero importante período de lucha contra el enemigo de clase, sus testaferros, aliados y cómplices. Se trató de un lapso en que el PGT fue dirigido por el compañero Huberto Alvarado Arellano quien se puso al frente del Comité Central inmediatamente después de que fueron capturados -el 26 de septiembre de 1972- los integrantes de la Comisión Política y posteriormente asesinados y desaparecidos por miembros de tropa del ejército.

El compañero Huberto Alvarado Arellano fue uno de los teóricos más destacados en la dirección del partido. Era un infatigable y dedicado organizador, ideólogo, educador y estratega político militar y de una gran capacidad para el trabajo diario del partido. Ya dije que de los trabajos que elaboró, dos son de importancia particular para el reforzamiento, reestructuración y superación de las fallas y limitaciones prácticas de las que no está exenta una organización que como el partido fue tan duramente golpeado, perseguido y reprimido.

Sus Tesis e hipótesis y los Apuntes para la historia del partido, son de sus últimas aportaciones teóricas en que Huberto dejó plasmado lo mejor de su pensamiento elaborativo no sólo en cuanto a su aplicación en lo general e histórico sino para el trabajo práctico a emprenderse a partir de que asume la dirección del partido.

En Tesis e hipótesis, llegó a caracterizar la situación del país en lo económico, político y social y el entorno internacional del momento. Sistematizó lo referente a las instituciones y el poder político y militar. Es en esta elaboración teórica suya en donde resuelve y concreta la concepción y su visión de la lucha revolucionaria en general y la del partido en particular y, muy en especial, a su papel que le correspondió a lo largo del período que arranca en junio de 1954.

El compañero Huberto Alvarado Arellano tenía en cuenta que así como las victorias y avances de la lucha revolucionaria y de liberación nacional en uno u otro país pasaban a formar parte de las victorias y avances de la lucha revolucionaria en Guatemala, a su vez, los reveses y retrocesos en la lucha revolucionaria y de liberación nacional en uno u otro país, constituían duros reveses para la lucha revolucionaria en el nuestro. Huberto no se cansaba de insistir en que los retrasos, fallas y limitaciones de orden práctico al interior del partido, retrasaban el avance, desarrollo y profundización de la lucha revolucionaria en general y de la lucha del partido en particular. Además, valoraba objetiva y consecuentemente el papel de las organizaciones político militares que en Guatemala exitosamente avanzaban en la lucha armada revolucionaria y era un ferviente partidario y trabajador incansable a favor de su unidad, unidad a la que el partido no podía ser ajeno. Su concepción teórica y práctica de la labor organizativa, ideológica, de formación política y preparación militar, constituye un valioso legado que pasa a constituirse en la orientación fundamental que habrá de darle continuidad al trabajo y lucha del partido a partir de finales de diciembre de 1974.

Los importantes y valiosos esfuerzos que se venían haciendo en la dirección del partido con el compañero Huberto Alvarado Arellano al frente, sufren un nuevo y duro golpe con su asesinato, el cual ocurrió el viernes 20 de diciembre de 1974. En una nota periodística de fecha 21 está registrado que una balacera había alarmado la noche del día anterior al vecindario de la zona 12 de la ciudad capital, a inmediaciones del Patronato Antialcohólico. Se decía que la balacera había durado más de dos horas y que había dejado como resultado varios muertos, heridos y algunos detenidos. Se informaba, además, que en dicho operativo participaron elementos del ejército, entre ellos guardias de la Casa Presidencial, detectives de la Policía Nacional y efectivos de la Policía Militar Ambulante, PMA. Se trató, en realidad, de un operativo policíaco-militar en gran escala dirigido a localizar a un empresario que según las autoridades estaba secuestrado en los alrededores de ese lugar.

El sábado 21, en horas del mediodía, fue localizado en el kilómetro 25 de la carretera a Antigua Guatemala, el cadáver del compañero Huberto Alvarado Arellano. Presentaba 25 perforaciones de bala en la cara y el tórax y señales de haber sido torturado. Sus familiares aseguraron que había sido capturado por el rumbo en que había tenido lugar la balacera del viernes por la noche. Otro cadáver más fue encontrado en la ruta a San Miguel Petapa. Presentaba 43 balazos en distintas partes del cuerpo. Se le identificó como Miguel Antonio Alvarado Lima. El mismo día viernes fue encontrado en la terraza de la casa número 23-28 de la 17 avenida de la zona 12, el cadáver de José Luis de León López. En esa misma casa fueron capturadas tres compañeras a quienes la prensa de la época identificó como "Las tres Marías".

Por esos días estaban secuestrados dos empresarios. Oficialmente se dijo que uno de ellos había sido encontrado y rescatado por las autoridades -inmediatamente después de la balacera del viernes por la noche- en la casa donde se capturó a "Las tres Marías". El propio secuestrado, en entrevista que concedió a uno de los medios de prensa, aseguró que había sido liberado a inmediaciones del Santuario de Guadalupe, en la zona 1 de la ciudad capital, a eso de las 19 horas del viernes 20 y que cuando ya estaba en su residencia se enteró por la radio de la balacera que estaba teniendo lugar en la zona 12.

Con el asesinato del compañero Huberto Alvarado Arellano, del compañero Miguel Antonio Alvarado Lima, miembro del Comité Central, y del compañero José Luis de León López, un destacado cuadro político militar del partido, culmina otro momento de la lucha del partido de los comunistas guatemaltecos por la emancipación nacional y social de nuestro pueblo. Se inicia, a la vez, uno más que habrá de darle continuidad y concreción al legado de las anteriores direcciones nacionales y que arranca con la reunión del Pleno del Comité Central de finales de diciembre de 1974 durante el que se examinó la situación que se creaba para el partido a raíz del asesinato del compañero Huberto Alvarado Arellano y se me eligió para el cargo de Secretario General del CC, responsabilidad que me correspondería cumplir a lo largo de 23 años.

Es en este período que la dirección del PGT se propone y consigue darle continuidad a su lucha y trabajar en la reconstrucción orgánica, ideológica y política del partido; salvaguardar su unidad y cohesión interna; superar exitosamente dos sucesivos intentos fraccionales (1978 y 1984, respectivamente); poner sus recursos y fuerzas a disposición de la Comandancia General de URNG; incorporarse al proyecto revolucionario unitario convenido entre el EGP, las FAR y la ORPA; garantizar la participación de sus militantes, cuadros y combatientes en las tareas de la guerra; y, ya como integrante de URNG y de su CG, dar su aportación a la consecución de una paz firme y duradera y otras tareas de la Revolución Guatemalteca que continúan pendientes.

Fuente: www.lahora.com.gt - 1o. y 5 de octubre de 2005


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