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Lucha revolucionaria: teoría y práctica
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 19 de octubre de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

En vísperas del LXI aniversario de la gesta cívico-militar del 20 de Octubre de 1944

En dos columnas anteriores me referí --en sus líneas más generales-- a los 48 años de lucha del Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT. Hasta antes del miércoles pasado, quedó pendiente de abordar lo que se refiere a algunas de las enseñanzas que puedan extraerse de tan importante período y, más particularmente, de la teoría y práctica del destacamento organizado de la clase obrera guatemalteca. A ello me voy a referir ahora.

El PGT, a partir de su fundación en septiembre de 1949, luchó en condiciones de relativa legalidad y acción amplia y abierta. Esto terminó en junio de 1954. A partir de entonces el partido fue ilegalizado y prosiguió su lucha en condiciones severas de clandestinidad y persecución y represión policial.

El período de relativa legalidad y actividad teórica y práctica que va de 1949 a 1954 está ligado indisolublemente al proceso de profundización y desarrollo revolucionario que comenzó a darse previo a julio de 1944 (en que se da la renuncia del dictador Ubico), avanza con la gesta cívico-militar del 20 de octubre de 1944 (que depone al continuismo ubiquista en el gobierno) y, a partir de ahí, se abre paso la etapa de institucionalización de la Junta Revolucionaria de Gobierno (1944-1945), la llegada al gobierno del presidente Juan José Arévalo (1945-1951) y la elección del presidente Arbenz (noviembre de 1950 hasta su renuncia en junio de 1954). Cada uno de estos períodos corresponde a momentos muy concretos de un proceso revolucionario en ascenso, avance, desarrollo y profundización. El surgimiento del partido de la clase obrera en nuestro país corresponde y forma parte de ese proceso, lo integra; no es algo superpuesto o ajeno al mismo.

La experiencia histórica enseña y demuestra que la existencia de los partidos políticos revolucionarios, democráticos y progresistas de la época, el vigoroso y pujante movimiento obrero y campesino, del magisterio, de los estudiantes universitarios, de la juventud y de las mujeres (que, en su conjunto, constituía la base social de apoyo y artífice principal del proceso revolucionario), mas las condiciones concretas y específicas del momento en el país y en lo internacional, hicieron posible la constitución de la fuerza política organizada de la clase obrera guatemalteca y que, desde sus posiciones de clase, pasó a formar parte de ese torrente de fuerzas que fueron marcándole el rumbo al proceso revolucionario en marcha.

Por mi parte coincido con quienes --con la seriedad y objetividad del caso-- plantean la necesidad de analizar más, crítica y autocríticamente, el papel jugado por el partido a lo largo de sus cinco años de relativa legalidad y acción pública y abierta, así como la responsabilidad que le corresponde en relación a la caída del gobierno del presidente Arbenz. El licenciado Alfonso Solórzano, por ejemplo, era de la opinión que el documento emitido por la Comisión Política del Comité Central en 1956 era “notoriamente insuficiente”. En todo caso, fue el único documento que hasta la fecha de su publicación abordó crítica y autocríticamenta las causas del derrocamiento del presidente Arbenz y la responsabilidad que el partido tuvo en el desenlace de los acontecimientos. Esta es una cuestión que requiere ser abordada y estudiada a profundidad a fin de esclarecer, por una parte, el papel jugado por el partido en aquél momento y las enseñanzas y experiencias que de todo ello se puedan extraer.

Ya en la clandestinidad (1954-1997) son varias y muy importantes las cuestiones que de la elaboración teórica y de la acción práctica del partido es necesario analizar crítica y autocríticamente, así como los factores internos y externos que influyeron a lo largo de este período. En mi opinión, tanto en la etapa de relativa legalidad y acción amplia y abierta, como durante el largo período de la lucha en la clandestinidad, el partido fue tenaz en su labor por respetar, acatar y aplicar los principios leninistas de organización y lucha, sus estilos y métodos de trabajo y de dirección, el uso de la crítica y la autocrítica como método para la corrección de errores y superación de los problemas, fallas y dificultades, la disciplina interna asumida en forma consciente y el estricto cumplimiento del centralismo democrático, así como la elegibilidad de todos sus órganos de dirección. Tengo en cuenta que conforme la represión y la persecución gubernamental se fueron acentuando, ello pudo llegar a influir en que algunos de estos principios y normas de organización y lucha se limitaran a fin de resguardar a la organización de los golpes del enemigo y asegurar el éxito de las acciones a desplegar. Lo anterior se hizo más evidente a partir del IV Congreso celebrado en la más estricta clandestinidad en 1969. Y es así porque a partir de ese momento la organización se pone en función del avance, desarrollo y profundización de la vía de desarrollo de la revolución guatemalteca y empiezan a superarse las limitaciones teóricas y prácticas que no pudieron resolverse durante el III Congreso (1959), celebrado también en las más rigurosas condiciones de clandestinidad.

No es extraño, entonces, que los rezagos teóricos y prácticos del partido hicieran posible y expliquen el surgimiento de las organizaciones político-militares que llegaron a concretar en la práctica y en forma exitosa las tareas de la guerra revolucionaria popular Ello los llevó a constituirse en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG (febrero de 1982), acontecimiento que constituye el esfuerzo unitario de calidad más importante en la historia de la lucha revolucionaria en Guatemala. El PGT se incorporó a URNG a finales de 1988 y en mi calidad de secretario general del Comité Central pasé a formar parte de la Comandancia General.

De lo anterior queda claro que a causa de los rezagos y dificultades que puedan afectar a una organización revolucionaria o a más de una de ellas --en este caso al partido de la clase obrera guatemalteca--, se crean las condiciones para que emerjan otras expresiones organizadas para la lucha revolucionaria y que de la correcta concepción y práctica con que luchan hagan avanzar el proceso y lo profundicen. Una cuestión como ésta, en particular, es algo que corresponde tener en cuenta al examinar las condiciones que hacen posible el surgimiento y constitución del partido en 1949.

En un momento como el actual, no es de extrañar que se hable del resurgimiento de un movimiento político marxista para la coordinación de los distintos colectivos que se proponen la refundación del Partido Comunista de Guatemala. Y es que en la actualidad existe ese vacío y es por la existencia de ese vacío que no debe de sorprender a nadie que surjan esas inquietudes y que son inquietudes propias de quienes aspiran a mantener vivo el pensamiento de Marx. Esto hay que verlo como un paso en el proceso por encontrar respuestas (válidas y científicamente fundamentadas) a los desafíos de nuestra época en el país y en lo internacional y que la izquierda institucionalizada (URNG y ANN) no está logrando hacer a causa --entre otros factores-- de la atomización que ha generado, su rezago teórico y práctico y virtual corrimiento hacia el centro como consecuencia de la absolutización del electoralismo como táctica y estrategia a seguir en lo inmediato y en el corto y mediano plazo. Es decir, que al igual que en otros períodos de la historia de la lucha revolucionaria en Guatemala, actualmente se está produciendo un nuevo vacío que es, a la vez, a causa de un rezago y atraso en la teoría y en la acción práctica revolucionaria.

Dudo, eso sí, que las inquietudes que ahora proliferan alrededor del pensamiento de Marx lleguen a desembocar en la refundación del partido de la clase obrera guatemalteca. Podría llegarse a constituir una expresión política que sostenga las ideas de Marx, pero no --por lo que puede verse-- un partido marxista leninista. En ello influye y cuenta que para refundar el partido de nuevo tipo ha de tenerse en cuenta el pensamiento de Lenin y, en lo fundamental, la concepción leninista de organización y lucha del partido del proletariado. Es esto lo que en nuestra época diferencia a los marxistas y neomarxistas de los marxistas-leninistas, tema que --además de lo complejo que es-- requiere de elaboraciones serias y sustantivas, actualizadas, y de acuerdo a las condiciones concretas y específicas del país y el entorno internacional imperante. Sólo así es como se puede enriquecer el marxismo y aplicarlo creadoramente. El marxismo --decía Lenin-- no es un dogma; es una guía para la acción revolucionaria.

Fuente: www.lahora.com.gt


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