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Algunos aspectos de la política exterior del gobierno del presidente Berger
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 10 de noviembre de 2005
rosalesarroyo@intelnett.com

El lunes 31 de octubre recién pasado, Siglo Veintiuno informó que el presidente Óscar Berger habría dicho que "si el presidente Bush me llama para decirme que me va a entregar el TPS, tomo mañana el avión para Argentina". Ello --según la nota-- "haría cambiar de parecer al mandatario" quien, por lo visto, tenía resuelto "no asistir a la cita que los presidentes del Istmo" iban a celebrar "con su par de Estados Unidos, George W. Bush", en Argentina. El encuentro, a final de cuentas, se realizó momentos antes de inaugurarse la IV Cumbre de las Américas. Y en él, como no podía ser de otra manera, estuvo presente el presidente Berger. Lo que por aquellos días no se supo es si el presidente Bush había llamado a su homólogo guatemalteco y si su decisión de viajar era porque suponía que se le iba a entregar el Estatus de Protección Temporal, TPS, a favor de los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos.

1. - El sábado pasado --un día después de la reunión de los mandatarios del Istmo con el presidente Bush y tras la cual lo del TPS para los guatemaltecos quedó, prácticamente, en un impasse--, el presidente guatemalteco declaró al matutino citado que "lo importante es que (el presidente Bush) no nos ha dicho que no". Para analistas consultados por Siglo Veintiuno esta declaración supone "un largo proceso de negociación o la negativa en silencio del Gobierno norteamericano". Uno de los ex cancilleres del gobierno del presidente Portillo, es de la opinión que "la postura norteamericana" sobre este asunto "es una forma educada de negar el acceso al beneficio migratorio", pero, además, considera que "en diplomacia, eso se interpreta como el dicho: al entendido a señas y al rústico a palos".

Por lo visto, la diplomacia guatemalteca se improvisa a diario. Las relaciones con los gobiernos y pueblos de otros países han de corresponder a objetivos muy puntuales y precisos para el corto, mediano y largo plazo. Una diplomacia consistente supone conocer al detalle la situación de cada uno de los gobiernos con quienes se tienen relaciones y, en consecuencia, estar suficientemente informado de lo que se proponen y persiguen con sus relaciones con los demás gobiernos y, en nuestro caso, con el gobierno guatemalteco.

Hay, por supuesto, gobiernos con los que hay más posibilidades de coincidir, en lo fundamental, porque los unen intereses comunes. Hay otros con los que esto es más difícil y hasta imposible de lograr. La coincidencia de intereses entre iguales dinamiza las relaciones internacionales. La dependencia y sumisión, por el contrario, desvirtúa y deslegitima el contenido y objetivo de lo que deben ser las relaciones internacionales entre iguales. Para el caso de Guatemala éste es un aberrante lastre que viene desde junio de 1954. Lo que caracteriza a las relaciones internacionales de los sucesivos gobiernos que ha tenido el país en las últimas cinco décadas es su marcada dependencia y sumisión a lo que Washington decide. La política exterior del gobierno estadounidense no sólo corre a cargo del departamento de Estado sino que la prolonga en sus áreas de influencia y más allá de ellas a través de otros gobiernos que --en unos casos más que en otros-- se pliegan incondicionalmente a ella.

En los días más recientes se ha puesto de manifiesto cómo es que en Guatemala se manejan los asuntos de Estado en lo internacional. Lo sucedido antes, durante y después de la IV Cumbre de las Américas celebrada el pasado fin de semana en Mar del Plata, Argentina, resume y sintetiza el contenido, carácter y proyección de las relaciones internacionales del gobierno del presidente Berger y cómo se manejan asuntos muy concretos como lo del TPS y la posición oficial ante el ALCA. Lo que a mí me parece es que la cancillería guatemalteca no midió en sus reales y verdaderos alcances la situación en que el presidente Bush llegaba a la Cumbre de Mar del Plata.

Ya lo dije la semana pasada: el presidente Bush llegó a la Cumbre del Mar del Plata muy cuestionado por amplios y diversos sectores de la sociedad estadounidense, con un sinnúmero de problemas que afectan seriamente su credibilidad y la propia institucionalidad de la más grande potencia del planeta así como también en medio de dificultades de lo más serias en sus relaciones con otros gobiernos. De la Cumbre del Mar del Plata el gobernante estadounidense salió más debilitado que fortalecido, además de repudiado por los más de 50 mil participantes en la tumultuosa marcha del viernes por la tarde con que culminó la III Cumbre de los Pueblos y por los miles de brasileños y panameños a quienes indignó su visita relámpago tanto a Brasil como a Panamá.

2. - En lo del TPS, el presidente Berger y su canciller Briz regresaron al país con las manos vacías. Ahora resulta que, como se informa en La Hora de este lunes, "mientras Óscar Berger se muestra optimista, el vicepresidente Eduardo Stein manifestó sus dudas sobre que Estados Unidos otorgue el Status de Preferencia Temporal a los inmigrantes guatemaltecos". Según la referida información, "al parecer, el vicepresidente Eduardo Stein ya perdió la esperanza" en tanto que "el primer mandatario manifestó que 'aún lucharán' para que ese beneficio sea aprobado".

Tal como están las cosas, la lucha por la aprobación del TPS a favor de los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos, corresponde librarla a quienes están allá y que esa justa lucha debería ser secundada solidariamente por todos los sectores sociales, sindicales, populares, indígenas y campesinos del país, en tanto que al gobierno guatemalteco parecen habérsele agotado las posibilidades de conseguirlo y, si lo logra, será cuando el gobierno del presidente Bush lo decida y a su conveniencia.

En cuanto al ALCA era de suponer que el gobernante guatemalteco se alineara incondicionalmente a la posición del gobierno estadounidense y de los otros 27 mandatarios que siguen apostando a las ventajas y bondades que se quiere hacer creer que un proyecto con esas características pueda traer para América Latina y el Caribe.

Por su parte, el presidente Berger tampoco llegó a la Cumbre del Mar del Plata en condiciones óptimas como para negociar exitosamente el TPS. Llegaba, además, amarrado al ALCA y, al igual que otros gobernantes, en una situación de lo más incómoda ante Bush, sobre todo después del voto unánime con que los Jefes de Estado y de Gobierno o sus representantes de Iberoamérica, reunidos en Salamanca, España, exigieron del gobierno de Estados Unidos la inmediata e incondicional terminación del bloqueo económico, comercial y financiero que después de más 40 años las sucesivas administraciones estadounidenses le han impuesto a Cuba y endurecido cada vez más.

3. - Finalmente y para terminar esta columna, quiero recordar que el pasado lunes 7 de noviembre se celebró en Moscú y en otras ciudades de la ex Unión Soviética, un aniversario más del triunfo en Rusia de la Revolución de Octubre de 1917 dirigida por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Ahora que en forma acelerada se trata de imponer el modelo capitalista de desarrollo en la que hasta 1991 fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, no quiero dejar de traer a cuenta que si a tiempo se hubieran corregido los errores en que se incurrió en la edificación del socialismo en aquel inmenso y multinacional país y no hubiera mediado la traición de la más alta dirigencia del Estado soviético y del PCUS, probablemente otra muy distinta sería la situación en el mundo en general y, particularmente, en el país de los soviets.

Un despacho de AFP, publicado en La Hora el pasado viernes 4, es muy ilustrativo. Se refiere al caso de Aliocha, un niño de 14 años, "que se fugó de un orfanato" al que "fue a parar cuando sus padres, alcohólicos, fueron privados de sus derechos". Ahora, duerme en una estación del metro de Moscú, "vive con una banda de niños de la calle y pasa el rato aspirando pegamento". A partir de los años 90, "los niños de la calle, superan el millón en Rusia". Una pedagoga rusa, es de la opinión que la ex Unión Soviética "ha sufrido una conmoción social muy fuerte. Antes, recuerda, el Estado hacía muchas cosas por los niños". Ahora, como se ve, no hace nada o casi nada.

Fuente: www.lahora.com.gt - 091105


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