Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La izquierda que nuestro pueblo y el país necesita
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 15 de febrero de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Al parecer, en la coyuntura electorera actual, está muy lejos de que se produzca un debate serio encaminado a redefinir a la izquierda guatemalteca, lo cual --por cierto-- no sólo seria de lo más saludable sino, además, necesario y urgente. El momento talvez no sea el mejor para intentarlo.

Sin embargo, no está demás anticipar algunas ideas al respecto.

De lo que se trata es de encontrar la coincidencia en torno a lo principal y que consiste en definir lo que debería ser la nueva izquierda --en las condiciones y situación del momento y su probable desenvolvimiento y desarrollo--, a fin de salir del constre- ñido y marginal espacio que ahora ocupan sus distintas expresio- nes a causa de su atomización y dispersión, y la falta de definición ideológica y política en que han caído sus anquilosadas, desgas- tadas y agotadas dirigencias. Lo que no se debe subestimar es lo que perturba y enrarece el debate o ignorar los planteamientos que niegan el papel y razón de ser de la izquierda como alternativa real al atrasado y caduco poder de dominación excluyente, racista, explotador y neocolonizado.

En la coyuntura actual, lo electoral es el principal obstáculo para escudriñar los senderos más indicados que viabilicen el reen- cuentro de lo que ahora anda disperso y atomizado. Lo inmediato no debe obnubilar e impedir ver con claridad el horizonte en el mediano y largo plazo. Es lo estratégico a lo que hay que aspirar. Distraerse en lo secundario, equivale a perder el tiempo y la pers-pectiva

Y como por algo hay que empezar, lo que primero correspon- de es tomar conciencia de la abismal brecha que separa a las diri-gencias --no así a las bases-- de las distintas conformaciones a identificar como de izquierda aunque en la práctica no lo sean o hayan dejado de serlo y sigan presentándose como tales.

Lo anterior supone salir del dogmatismo que todo lo desfigura y permea, así como de cualquier forma de exclusión, personalis- mo, hegemonismo, verticalismo, y ordeno y mando. Se trata de cambiar radicalmente lo que es necesario cambiar a partir de una amplia e incluyente convergencia alrededor de las ideas revolucio- narias y progresistas de nuestra época y sus antecedentes históricos válidos y permanentes. Echar un vistazo al pasado puede servir de algo.

La experiencia más reciente al interior del movimiento revolu- cionario guatemalteco enseña que así como se pasó por períodos de desprendimientos orgánicos significativos y escisiones fraccio- nalistas costosas, se tuvo la capacidad e inteligencia de buscar y arribar al reencuentro en torno a lo fundamental y coincidir en una unidad fuerte, con amplio respaldo social y popular, y simpatía nacional e internacional.

Las dificultades que se tuvieron no fueron pocas y el secreto para lograr superarlas estuvo en la capacidad de identificarlas y la tenacidad y consecuencia de las direcciones y bases de entonces para restablecer la unidad al calor de la guerra revolucionaria del pueblo.

Las condiciones y situación actual son muy diferentes a las de entonces, pero no por ello tiene que dejarse de lado ese pasado ilustrativo y aleccionador (en lo positivo que fue y lo negativo que pudo haber tenido).

La principal y más valiosa enseñanza que esa experiencia deja es que las dificultades en lo ideológico y político no cabe ponerlas por encima ni absolutizarlas y anteponerlas a la unidad, sin que ello suponga desideologizar el proceso. Las diferencias ideológicas y políticas han de respetarse para tratar --en medio de la diversidad--, de encontrar el mayor número de coincidencias. En aquél momento si se hubiera priorizado lo orgánico, el reen- cuentro no habría podido darse como sería imposible --en el mo-mento actual-- la coincidencia, mas no la unidad, si se concerta alrededor de lo “electoral” o, peor aún, del “reparto” de cargos y cuotas de “poder”.

La unidad se da y es resultado de un proceso en el que la con-secuencia y lealtad es lo fundamental y decisivo. Identificables y recíprocamente respetadas deben ser las diferencias existentes a fin de ir aproximándolas y superando. Es sólo así como la unidad deviene en consistente, firme y duradera; de lo contrario, resulta frágil, endeble y vulnerable.

Ahora bien, en cuanto a las alianzas hay que tener claro que sin ellas la izquierda ni se amplía, desarrolla y fortalece, no acumula fuerzas ni su lucha avanza y se profundiza, así como que las alianzas a concertar sólo pueden ser aquellas cuyos objetivos sean parte fundamental de la estrategia y la lucha por la toma del poder político, que es lo principal, y que no son otros que ganar a las fuerzas que es necesario ganar, aislar a las fuerzas que es posible aislar, y derrotar a las fuerzas que hay que derrotar.

La identidad e independencia en lo orgánico, ideológico y político, la consecuencia y firmeza en la lucha, la salvaguarda de los principios, y la constante y continuada actualización teórica y práctica, es de lo que más urgida está la izquierda guatemalteca para pasar a convertirse en la renovada, nueva y reunificada fuerza que nuestro pueblo y el país necesita, en el marco de la pro oligárquica y excluyente institucionalidad vigente.

Fuente: www.lahora.com.gt - 140207


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.