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En el ocaso del imperio
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 8 de marzo de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Todo imperio --por poderoso que sea o parezca--, acaba desmoronándose. Su derrumbe se da a causa del servilismo de los más cercanos vasallos que rodean al amo y por condiciones concretas que hacen que la caída sea posible y necesaria

Me parece que eso podría llegar a suceder en Estados Unidos, aun a sabiendas de las posibilidades y capacidad que aún le quedan a ese sistema avasallador y opresivo para reacomodarse y continuar intentando dominar al mundo por la fuerza. Puede que el señor George W. Bush no sea el último emperador en su país, pero su imperio pareciera estar en la fase terminal de su ocaso.

Por esto, es tan peligroso el momento por el que atraviesa el mundo actualmente.

Si el fundamentalismo republicano es derrotado en las elecciones de noviembre del año entrante, arrastraría tras de sí una parte de la más grande estructura de poder bélico-industrial, financiero y perverso, globalizador y neoliberal, corrupto y colonizador de la administración washingtoniana y que, a su vez, trata --a toda costa y a como dé lugar-- de mantener a su lado y disponer del apoyo de sus incondicionales aliados con que aún cuenta y que creen que es bajo “esa conducción y liderazgo” que se puede “librar exitosamente” la guerra contra el terrorismo internacional y “salvar” al mundo de “los bárbaros” del sur, del este y del oeste, y de la cada vez más contestataria sociedad del norte.

La soberbia y prepotencia que caracteriza a los emperadores, el desprestigio en su país y el aislamiento internacional a lo que su imprudencia y abusos los orilla, son como los hilos de su propia telaraña en que se enredan y los lleva a gobernar como déspotas con pies de barro. Uno de ellos se suicidó en medio de un ataque de locura. Otros han sucumbido después de apabullantes derrotas políticas y militares.

Éste podría ser el caso del actual presidente de Estados Unidos quien, como todo el mundo sabe, inicia mañana en Brasil una fuera de tiempo e inútil gira que le permitirá visitar cuatro países más, incluyendo el nuestro, en medio de uno de los mayores desprestigios y cuestionamiento de que haya sido objeto un mandatario estadounidense en la historia de su país y el rechazo de los pueblos y países del planeta.

El rotativo mexicano La Jornada , en su editorial del lunes, caracteriza esta gira como una “gira en el vacío” e indica que “George W. Bush, después de seis años de olvido, voltea a ver a la que fuera la más sólida región de influencia de Washington: América Latina”. Además, apunta que esa visita “ocurre en un contexto nuevo, en el que diversos países del hemisferio han empezado a transitar por proyectos nacionales independientes que cuestionan frontalmente los afanes hegemonistas de Estados Unidos en el continente”.

El presidente Bush, se dice en el editorial en referencia, llega a América Latina “derrotado militarmente en Irak, y políticamente en Estados Unidos, desprestigiado por el peso de sus propias mentiras y en el tramo final de una presidencia menguada que dejó saldos de desastre en su país y en el mundo”.

En Brasil le esperan manifestaciones masivas de rechazo. Los uruguayos levantan las banderas de Artigas como símbolo de la más legítima de las demandas: el respeto a la soberanía e independencia nacional. En Colombia es impredecible lo que pueda suceder. Aquí, en Guatemala, las movilizaciones sociales y populares de rechazo a su fugaz y escurridiza estancia --vigilada y protegida por mil 500 agentes estadounidenses de seguridad--, comenzaron el sábado y culminarán el día de su arribo. En México, su paso por Yucatán sólo se explica por el temor a situaciones tan incómodas o más que las que le esperan en otras capitales y ciudades del continente.

En todo caso, ya son menos los gobiernos que quedan como incondicionales cumplidores de lo que se les ordena desde la Casa Blanca. Uno de ellos es el del presidente guatemalteco, Óscar Berger, a quien el señor Bush utiliza como parte de la punta de lanza --junto a Saca de El Salvador, Arias de Costa Rica y Uribe Colombia--, de su política intervencionista y agresiva contra la Revolución Bolivariana en Venezuela, lo tratará de comprometer a que se distancie de gobernantes dignos y popularmente electos como el presidente Evo Morales de Bolivia y el mandatario Rafael Correa de Ecuador, y que lo apoye en su cruzada por deslegitimar las medidas emancipadores e integracionistas que institucional y soberanamente están adoptando ambos gobernantes en sus respectivos países.

Como quiera que sea, me siento muy a gusto de terminar esta columna, felicitando en nombre de nuestros hijos, de nuestra nieta y nuestros nietos, de nuestras nueras, y en el mío propio, a Ana María, mi compañera de toda la vida, en tanto que el viernes estará arribando a un año más de su fructífera, provechosa e inspiradora existencia.

A estas alturas de la vida y de la lucha revolucionaria y antiimperialista, es hermoso compartir la dicha de seguir juntos y estar viviendo un cambio de época, cuyo punto más avanzado e imbatible de la emancipación nacional y social en América Latina y el Caribe, es y seguirá siendo Cuba Socialista.

Fuente: www.lahora.com.gt - 213/2007 - 070307


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