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La rosa ensangrentada
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 15 de marzo de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Alrededor de las 12 horas con 30 minutos del pasado lunes, una espesa y extensa nube ensombreció de pronto --y por alrededor de hora y media-- la ciudad capital de Guatemala y sus alrededores. Este cambio climático repentino y temporal se produjo justo cuando George W. Bush retornó a la capital después de su visita turística a Chimaltenango.

En efecto, en horas de la mañana el actual jefe de la Casa Blanca visitó el poblado de Santa Cruz Balanyá, la cooperativa Labradores Mayas en el cantón Chirijuyú, y el centro arqueológico de Iximché, la primera ciudad fundada por los mayas y lugar sagrado de los pueblos originarios en nuestro país.

A esta hora es posible que el señor Bush ya esté de retorno en Washington y, quien sabe si no, rumbo a su rancho de Texas para tratar de descansar de su azaroso viaje de seis días por América Latina y de cuyas generalizadas manifestaciones de repudio e indignación no parece haberse dado cuenta.

Ni para el señor Bush y sus anfitriones fue una gira exitosa. Fue, más bien, una gira ampliamente repudiada en los lugares donde estuvo, y en otras capitales y ciudades del continente.

Además, por las extremas medidas de seguridad tomadas por las autoridades de los gobiernos visitados y por el despliegue de fuerzas militares y de los agentes secretos de seguridad estadounidenses, ésta pareció más una visita a países ocupados y en guerra, lo que sólo sucede en Colombia, en donde el conflicto armado interno más antiguo y no resuelto en América Latina enfrenta a las fuerzas guerrilleras colombianas con los aparatos represivos y contrainsurgentes del gobernante que es considerado el incondicional aliado de la administración estadounidense en América del Sur.

Es por ello que los despachos de prensa del viaje del presidente Bush por nuestro continente son documentos que deben conservarse como testimonio de los nuevos vientos que soplan a lo largo del hemisferio occidental y el cambio de época en que nos encontramos actualmente y cuya característica más destacada es el cada vez mayor número de gobiernos y países que defienden y salvaguardan la dignidad de América Latina y el Caribe, y luchan por la independencia, la soberanía y la autodeterminación de nuestros pueblos y naciones, en tanto se reduce el de gobernantes, políticos, empresarios y grupos de poder propensos a bajar la cabeza ante el emperador del país más poderoso de la historia y que --no está demás repetirlo-- pasa por uno de sus momentos más difíciles y críticos al interior de su país e internacionalmente.

Pero no es a ello que voy a continuar refiriéndome a partir de aquí. No.

Es evidente que cada vez se generaliza más la opinión de quienes consideran que el cambio de la rosa de la paz en el Palacio Nacional de la Cultura es una ceremonia simbólica que se ha ido desgastando con el tiempo. No faltan tampoco quienes malévolamente cuestionen e intenten deslegitimar el proceso para la búsqueda de la paz por medios políticos y los acuerdos suscritos.

Pero --independientemente de lo anterior--, cuando me enteré que el presidente Berger había decidido que Bush tuviera a su cargo el cambio de la rosa de la paz, me pareció inaudito, inaceptable. Al momento que la televisión pasó semejante desatino y atropello, me pareció que la rosa de la paz chorreaba sangre y que un retumbo de más de 250 mil voces de las víctimas del conflicto armado interno se alzaban en justificado acto de protesta e indignación, al que se fueron sumando la de los cientos de miles de iraquíes asesinados y los miles de muertos en Afganistán, en suelo palestino y en Líbano, como parte de los planes estadounidenses de ocupación y dominio en el Medio Oriente.

El principal responsable de estos crímenes y otras atrocidades contra la humanidad, no tenía por qué permitírsele ofender más a los guatemaltecos.

Infame y repudiable fue también que haya estado en Iximché sitio sagrado no sólo para los pueblos mayas sino que debería serlo para todo nuestro pueblo y sus visitantes. En todo caso, esta afrenta está saldada. Los sacerdotes mayas simbólica, real y efectivamente, se han encargado de restablecer la dignidad de tan sagrado lugar.

La ofensa a la paz en nuestro país está hecha. Pero ya llegará el día en que nuestro pueblo tome el poder político, se emancipe nacional y socialmente, y se una a la lucha de los pueblos y naciones del continente que ya lo están logrando y con Cuba Socialista y Venezuela Bolivariana a la cabeza marchan al frente de la lucha por la libertad, la democracia, el progreso, la integración regional independiente y soberana, y la solidaridad y cooperación internacionalista humanitaria. Entonces, el agravio a la paz estará saldado.

Entre tanto, la cacería, encarcelamiento y deportación de compatriotas indocumentados en territorio estadounidense es un insultante e irrespetuoso manotazo sobre la mesa en la que el prepotente visitante conversó con el presidente Berger.

En suma, lo más probable es que con lo que ha estado sucediendo últimamente y después de la violenta represión policíaca y militar a los manifestantes en Tecpán y el Centro Histórico capitalino, cualquier cosa puede suceder en el país de aquí a septiembre o inmediatamente después.

Fuente: www.lahora.com.gt - 214/2007 - 070307


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