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Realidad y reformismo
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 19 de abril de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

En lo que va del período de gobierno del presidente Óscar Berger y lo que le queda de aquí al 14 de enero de 2008, es posible calcular que la distribución desigual de la riqueza se haya incrementado y la brecha entre ricos y pobres se ensanche más. De la misma manera, la pobreza y la pobreza extrema tenderán a estar por encima de los indicadores calculados para el 2004.

Según el Mapa probabilístico de pobreza en Guatemala , elaborado en febrero de 2001, del 2000 al 2004, el estrato alto - - caracterización que no comparto ni las siguientes a que se refieren los autores de este estudio--, se habría reducido de un 4.7 por ciento de la población a un 3.2 por ciento, lo que significaría que, en cuatro años, la reducción equivaldría a que del total de la población que en ese entonces ascendía a 11 millones 888 mil 300, pasó de 529 mil 100 que era en el año 2000, a 380 mil 500. Si la tendencia se hubiera mantenido a ese ritmo --y sin tomar en cuenta el aumento poblacional de 2004 a 2008--, el estrato alto podría calcularse que se habría reducido a unas 64 mil 685 personas o sea el 1.7 por ciento de la población.

En sentido inverso, el estrato bajo extremo habría tendido a aumentar en proporción alarmante. Según el Mapa referido, este estrato , en el año 2000, equivalía al 23.1 por ciento de la población o sea a 2 millones 264 mil 800 habitantes. En el 2004, podría equivaler al 28.8 por ciento de la población o sea a 3 millones 419 mil 700 habitantes. Esto quiere decir que el porcentaje se incrementó en un 5.7 por ciento.

Teniendo en cuenta lo dicho respecto al incremento poblacional, para finales del 2008, podría calcularse que el estrato bajo extremo ascendería al 34.5 por ciento de la población, equivalente a 5 millones 368 mil 929 habitantes o sea un incremento de 1 millón 949 mil 229 personas.

Lo anterior significa que en tanto el porcentaje de la población que corresponde al estrato alto se reduce, el del estrato bajo extremo se incrementa y, en consecuencia, la brecha entre ricos y pobres se amplía.

Hay, además, otro dato revelador y es el referido a la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Según estadísticas de 2004, en el medio urbano y rural, 64 de cada cien guatemaltecos son pobres y 22 de ellos están en condiciones de extrema pobreza. Ello quiere decir que entre los 36 restantes se distribuyen los ingresos bajos, los ingresos medios, los ingresos altos y los ingresos extremadamente altos que tiende a ser una minoría cada vez más reducida y privilegiada.

Podrían traerse a cuenta otros indicadores que permitirían dar una idea más aproximada de la realidad del país, pero con los anteriores es suficiente para preguntarse si, en tales condiciones, los planteamientos reformistas tendrían algún espacio para cambiar el estado actual de cosas en Guatemala. A mí me parece que no. E, incluso, pienso que el reformismo no es viable y solo podría servir --si es que de algo sirviera-- para continuar administrando la ya de por si prolongada y profunda crisis estructural y que nada cambie en el país.

Avanzar hacia cambios de fondo, radicales --en el mejor sentido del término, es decir, de raíz--, pasa necesariamente por un proceso de acumulación de fuerzas que, partiendo de un trabajo de movilización, concientización y unidad, permita aglutinar a los más amplios sectores de la población alrededor de la lucha por las transformaciones estructurales de fondo que Guatemala necesita.

Se trata, en consecuencia, de estructurar un movimiento organizado desde la izquierda que, al calor de las luchas sociales y populares, se convierta en alternativa política y social para la toma del poder, en el marco de la institucionalidad vigente. No se trata de autodefinirse como de izquierda y enarbolar un discurso reformista o ser reformista y proclamarse de izquierda.

En el momento actual, a la izquierda guatemalteca, las votaciones de septiembre puede permitirle alcanzar un número muy limitado de cargos de elección a nivel departamental y local. Su situación de fuerza marginal y atomizada no le permite alcanzar algo más.

Lo importante es que se de cuenta que no es el caso de transitar por la vía del reformismo, sino de convertirse en un medio para convencer a las masas de que quienes detentan el poder político y quienes le sucedan en el 2008 ya no están en condiciones de seguir gobernando como lo han venido haciendo hasta ahora y que lo que se necesita es luchar para cambiar a fondo la calamitosa situación en que se está.

Ello supone decidirse a retomar el camino crítico y autocrítico de la reunificación sin exclusiones; combatir y evitar caer en cualquier forma de reformismo o radicalismo izquierdizante; y, simultáneamente, trabajar --profesional y diariamente-- a fin de desarrollarse, fortalecerse y consolidarse orgánica, ideológica y políticamente para estar en condiciones y capacidad de tomar el poder político y dar el salto de calidad que plantea emprender las tareas propias de la Revolución y el Socialismo en el país.

Fuente: www.lahora.com.gt - 219 - 2007 - 180407


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