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De la respetabilidad intelectual
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 17 de mayo de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Es complaciente quien accede a lo que otra persona desea y puede serle útil. Aunque esta definición no abarca todo lo que significa para el que trata de quedar bien con quien más le conviene, la connotación real y verdadera la adquiere cuando la cuestión se ve desde el ángulo de quien se deja utilizar. Para ello lo que procede es ahondar un poco más a fin de responder la interrogante acerca de quién resulta siendo más beneficiado cuando se es complaciente y la situación de quien es utilizado y el que lo utiliza, así como a quien perjudica y a quien beneficia esa relación mutuamente complaciente.

En una sociedad esencialmente individualista y egoísta, predominan los impostores, a codazos y zancadillas se asegura el “éxito”, el “prestigio” y el “ascenso”. El intelecto y la eficiencia valen para que quienes detentan el poder lo utilicen en su propio beneficio. Lo más frecuente es que se establezcan relaciones de dominación y dependencia en las que el sistema oligárquico y opresivo, sus entidades e instituciones, y sus elites y sectores de poder, se afanan por lograr el control y sojuzgamiento, la exclusión y deslegitimación del pensamiento alternativo.

En lo político se opta -en unos casos- por la eliminación física de quienes cuestionan el sistema y luchan por cambiarlo de raíz y a fondo. Es la característica de la historia más reciente en nuestro país. Entre 1963 y 1985 lo que predominó en Guatemala fue el exterminio físico de lo mejor de los intelectuales de izquierda como parte de la política contrainsurgente y genocida a cargo de gobernantes militares fraudulenta y electoralmente impuestos. De 1985 en adelante, en cierta forma, se modificó tan aberrante proceder.

En las aparentes “nuevas condiciones institucionalmente creadas” a partir de la “llamada apertura política”, el objetivo principal de las elites y el poder ha sido neutralizar a los intelectuales de izquierda que les sea posible neutralizar, ganar a los que necesita ganar, y aislar e ignorar a los que no le es posible neutralizar o ganar. Para ello echan mano de recursos y medios, unas veces, sutilmente y, otras, sin ningún escrúpulo.

A decir de James Petras en su ensayo Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad, “uno de los aspectos más impresionantes de la política contemporánea” es que “la mayoría de los intelectuales están disociados de las luchas populares o han aceptado premisas de la ideología neoliberal, como que la globalización es inevitable e irreversible. En una palabra, la ‘hegemonía burguesa' juega un rol para asegurar la estabilidad de un sistema social altamente desigual y explotador”.

A ello agrega que “la subordinación de los intelectuales de izquierda a la cultura burguesa coexiste con el desarrollo de una crítica parcial de instituciones y cultura de los burgueses. Los intelectuales de izquierda que trabajan con el concepto del paradigma burgués de la globalización están en búsqueda de respetabilidad y reconocimiento que no podrían obtener si trabajaran con el concepto del paradigma imperialista”.

Lo anterior es válido, en general, para los intelectuales de izquierda que en nuestro medio han sido neutralizados o cooptados, pero lo es más para quienes han renegado de lo que fueron en el pasado y buscan esa “respetabilidad” (y si ya la han alcanzado es porque resultan siendo útiles a ese intrincado y corruptor “sistema social desigual y explotador” al que se refiere Petras y que “critican” a sabiendas de que en nada afecta su esencia y, menos, que lo ponga en peligro). Es ésa complacencia a dos bandas que recíprocamente es aceptada y convenida.

Por el contrario, según Petras, “los intelectuales consecuentes con compromiso hacia luchas populares no reciben ningún reconocimiento de prestigio”. Es a los que se aísla, ignora y descalifica. Por su parte, el que ya fue cooptado o está en tránsito de serlo es a quien el sistema “acepta”, siempre y en tanto que “no participe de cualquier lucha antiimperialista o anticapitalista”.

Como lo dijera Karl Marx hace ya algún tiempo y Petras lo transcribe así: “La hegemonía burguesa se renueva constantemente mediante el reclutamiento de individuos talentosos que provienen de las clases populares…, son ‘reeducados' y entrenados para servir a las clases dominantes”. Ése es el costo de la cooptación.

Siguiendo las ideas centrales contenidas en el ensayo de 4 mil 680 palabras ya citado, más adelante me referiré a las “cuatro estrategias de carrera” a seguir por “los respetables y móviles intelectuales de izquierda”, a cambio de alcanzar esa tan ansiada “respetabilidad” intelectual, así como a la variedad de intelectuales de hoy en día.

Fuente: www.lahora.com.gt - 160507


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