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De las trece lunas llenas y el día más largo del año
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 7 de junio de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Cuando vi en el calendario el mes de mayo de este año, me llamó la atención que se anunciara que habrían dos lunas llenas: la primera, el miércoles 2 y, la segunda, el jueves 31. Pensé en una posible equivocación. En todo caso, me sorprendió; no sólo me llamó la atención. De la misma manera, en quienes primero pensé fue en los supersticiosos en tanto que para ellos el número 13 es de mala suerte (de mal agüero, decía mi abuelita), como lo es también pasar debajo de una escalera acuñada a una pared o ver que de pronto se le atraviesa un gato negro en su camino.

Antes, no había reparado que en un año pudieran darse 13 lunas llenas. Lo que creía saber es que eran 12. Consulté dos calendarios “Galván” (el del 2004 y el del 2006) y no encontré nada.

Entre lo que se sabe o lo que se cree saber y la realidad, hay una brecha que unas veces resulta imperceptible, engañosa y, otras, tan inmensa como la que separa a quienes lo tienen todo y viven en la opulencia de los que nada tienen y sobreviven en la pobreza o en la pobreza extrema. Aquélla, puede decirse, es la ignorancia funcional y, la segunda, la ignorancia supina propia del sabelotodo que se cree poseedor de la verdad.

Andar en busca de la verdad, es un ejercicio diario que pone a quien lo practica ante el desafío del descubrimiento, lo laborioso y apasionante que es dedicarse a la investigación científica, la sistematización e interpretación y explicación de lo encontrado y la decisión de transformarlo si es que está mal o apuntalarlo si es que es bueno, necesario y provechoso, en el buen sentido del término.

Karl Marx en sus “Tesis sobre Feuerbach”, escritas en la primavera de 1845, apuntaba que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diverso modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Tesis XI). De donde resulta que tratándose de un hecho cotidiano como de la más compleja cuestión económica, política, social o de la naturaleza, tiene que verse con la mayor rigurosidad a fin de acabar con la charlatanería, eso que a nada conduce a no ser a confundir y tratar a toda costa que las cosas sigan como están o que empeoren.

Las casualidades no son tales y cada quien debería encontrarles una explicación que no tenga nada de conjetura.

Y como resulta que soy un asiduo lector de los periódicos que circulan en nuestro medio así como de algunas de las versiones electrónicas de los de otros países -lo que por cierto no es para mí ninguna pérdida de tiempo sino ocuparme de lo cotidiano, darle seguimiento e irlo sistematizando-, en “elPeriódico” del pasado 30 de mayo y en la sección en que se publican las cartas de los lectores, encontré una del señor Edgar Castro con el sugestivo título de “Luna Azul”.

En su misiva, don Edgar empieza diciendo: “En un año normal, hay 12 lunas llenas, o sea, una cada mes”. Sin embargo, agrega, “cada 3 o 4 años ocurre una combinación peculiar entre las lunaciones y el calendario, que producen 13 lunas llenas en un año, por tanto dos lunas llenas en un mismo mes. Resulta, dice, que en mayo tendremos una Luna Azul el 31, ya que hubo una luna llena el 3. Eso no significa, concluye explicando el señor Castro, que la luna saldrá de un color azul ni mucho menos”.

Repito, previo a haber leído la referida carta, tenía entendido que en el año se daban 12 lunas llenas, como 12 son, en su orden y respectivamente, las en cuarto menguante, las lunas nuevas y las en cuarto creciente, además de las 12 llenas.

Hay algo más que cabe agregar. En junio de 1965 se celebró en Leningrado una reunión de jóvenes de todo el mundo para conmemorar el XX aniversario del fin de la Gran Guerra Patria. En ella estuve presente y fue una ilustrativa y provechosa experiencia. Conocí de cerca algo más de esa trascendental y heroica hazaña. Además, disfruté el día más largo del año. Durante las 24 horas no se puso el sol. Fue algo impresionante.

Del 20 al 21 de junio, estaremos en el solsticio de Cáncer. Según el calendario, termina la primavera y entra el verano. En consecuencia, conforme se acerca esa fecha el sol sale más temprano y se oculta más tarde. En el hemisferio boreal (que es en el que nosotros estamos), ocurrirá el día más largo del año y la noche más corta. Ello no presagia que algo catastrófico se vaya a dar, pero -tal como están las cosas en el país- hasta lo impensable puede suceder de aquí al 9 de septiembre.

De ello me ocuparé después.

Además, tengo pendiente un artículo sobre las “Notas de la cárcel” escritas por Honecker en 1992 – 1993, dos sobre “Los intelectuales de izquierda en busca de respetabilidad”, y concluir los apuntes sobre algunos de los aspectos principales de la lucha del PGT de 1984 hasta su disolución en abril de 1997.

Fuente: www.lahora.com.gt - 060607


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