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Los costos del salto hacia atrás y los de una guerra perdida
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 30 de agosto de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Según lo que publiqué el jueves de la semana pasada, la economía de Rusia ocupa el séptimo lugar entre las de todo el mundo. Ocupa ese lugar por los índices macroeconómicos alrededor de los que se hacen las evaluaciones y se decide la posición a ocupar. Sin embargo, la realidad económica y social para la mayoría de la población es otra.

Después de quince años, la economía rusa está en manos de mafiosos de la peor calaña y un reducido número de multimillonarios corruptos que como los hongos después de las primeras lluvias de septiembre, aparecieron a partir del momento que Gorbachov decidió la disolución de la URSS y fueron ellos quienes se adueñaron y acaparan las inmensas riquezas hasta entonces en poder del Estado soviético. Los siguientes datos son reveladores e ilustrativos.

En Moscú la correlación de ingresos entre el 10 por ciento de los más ricos frente al 10 por ciento de los más pobres, es de 41 a uno. En 2006, el salario real fue dos veces menor al de 1990 y las pensiones medias 2.5 veces inferiores. Se han cerrado 70 mil empresas industriales. Han dejado de cultivarse 35 millones de hectáreas. Dos de cada ocho hombres en edad de trabajar están en paro. El número de burócratas se ha multiplicado por dos: supera los 3 millones. El PIB de la Federación Rusa es dos veces inferior a la de hace 15 años.

Actualmente se cometen 3 millones de delitos al año. Se tienen registrados 4 millones de alcohólicos y 1.5 millones de drogadictos. La población de Rusia se ha reducido en 12 millones de personas. La esperanza media de vida es ahora menos de 10 años de la de 1990.

Por deficiencia alimenticia, la talla media de los rusos ha decrecido en 1.5 centímetros. De los que se incorporan al servicio militar, el 15 por ciento presenta desnutrición. La capacidad física de los jóvenes se ha reducido en un 18 por ciento. El número de escolares ha disminuido en un 25 por ciento y el número de niños de la calle, es de más de 4 millones.

Las cifras y datos referidos casi textualmente constan en el breve artículo que, bajo el título de Resultados de la política social del régimen burgués en Rusia. Quince años después, se publicó con fecha 6 de agosto del año en curso.

Tales cifras y datos ponen al descubierto el alto costo que para el pueblo ruso ha significado la restauración del capitalismo depredador y salvaje; es la cruda realidad económica y social allá imperante. Si ocupa ese séptimo lugar, no es precisamente gracias al bienestar alcanzado por la mayoría de la población sino por el enriquecimiento abusivo y desmedida acumulación de capital por unos cuantos y avorazados nuevos y egoístas ricos.

Éste es, para mí, el significado del desastre a que se orilla a un país o a un conjunto de países cuando se da el salto hacia atrás o se marcha en contra del desarrollo y desenvolvimiento de los acontecimientos. Tal lo que acontece con la economía y las finanzas en Estados Unidos. No deja de ser contradictorio pero así es. El imperio más poderoso de la historia actualmente muestra índices macroeconómicos que lo sitúan muy por debajo de los gigantes emergentes y de países con economías que en el pasado más reciente estuvieron por debajo de la estadounidense.

Lo anterior no quiere decir que la economía en Estados Unidos esté al borde del colapso y su derrumbe a la vuelta de la esquina. Sus recursos de que dispone le permiten flotar por algún tiempo pero ello depende no sólo de factores internos sino externos. Lo principal a dirimir es si quienes están al frente de sus respectivos países y manejan los poderosos entretelones de la economía y las finanzas a nivel mundial, optan por mantener el equilibrio actual o la situación llega a tal grado de tirantez que la pita se rompa por lo más delgado con los riesgos que supone para unos y para otros.

Si algo está más claro que hace 15 años, es que el predominio imperial estadounidense ya no está intacto. Son muchas las grietas y fisuras que lo corroen y cada vez más debilitadas las bases en que se sustenta.

La guerra de ocupación en Afganistán y en Irak es el negocio más criminal de los últimos tiempos y por muchas que sean las ganancias y utilidades que a su costa obtengan los poderosos dueños de esa maquinaria infernal de exterminio, ninguna posibilidad tienen de salir indemnes y que sobre los cadáveres y escombros de los que son los únicos responsables, logren sostener el resquebrajado poderío imperial del que ya no podrán nunca ufanarse.

La humanidad entera está ante un desafío histórico de cuya solución depende que se pueda vivir en un mundo distinto y mejor.

Nuestro país no es ajeno a ese reto y quien no lo vea así no alcanzará a medir los alcances y significado de las votaciones del próximo 9 de septiembre. De su decisión depende inclinar la intención del voto como expresión de la protesta, desacuerdo e indignación nacional y social ante el desastroso estado actual de cosas y no como manipuladoramente la presentan las encuestas.

Fuente: www.lahora.com.gt - 290807


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