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Persiste y predomina el voto para la derecha
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 13 de septiembre de 2007
rosalesarroyo@intelnett.com

Las votaciones del domingo pasado permiten adelantar algunas ideas acerca de cómo queda el cuadro político del país. Así como hay algunos elementos "nuevos" a considerar, la tendencia general apunta en dirección del afianzamiento de los agrupamientos de derecha. Las cinco principales conformaciones conservadoras con mayor intención de voto y los resultados que obtuvieron en las urnas, lo confirman. Al menos, de tres de ellas, dependerá el control del Congreso de la República en tanto que la cuarta, pasa a constituirse en la bisagra de la que las demás no pueden prescindir.

A la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), virtual agrupamiento ganador de la primera vuelta, no se le puede considerar como una conformación socialdemócrata. Sus correligionarios y simpatizantes no votaron en esa dirección. La mayoría de ellos son de derecha; otros, tienden hacia el centro, y su contingente más numeroso que le respalda y sigue, talvez no alcance a entender lo que significa adherirse a un proyecto con estas características.

Es cierto que su candidato presidencial, días antes de las votaciones, hizo referencia a su identificación con esa corriente ideológica y, el domingo, expresó su simpatía hacia el presidente de Brasil, el de España y a la mandataria chilena. En círculos cerrados se sabía que en el extranjero y en conversaciones privadas, fue frecuente escucharle hablar de su adhesión a la socialdemocracia. Si así fuera, a lo más que se podría llegar es a considerarlo como parte de las corrientes derechistas que predominan al interior de la Internacional Socialista (IS). Lo que no hay que descartar es que ello le signifique costos políticos y el alejamiento de algunos de sus financistas más conservadores, lo cual podría favorecer al candidato con el que se enfrentará en la segunda vuelta.

Las otras cuatro principales conformaciones de derecha son el Partido Patriota (PP), la Gran Alianza Nacional (Gana), el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), y el Centro de Acción Social (CASA).

Otros cinco agrupamientos de la misma tendencia y cuyos porcentajes de votación quedaron muy por debajo de lo que esperaban son el Partido Unionista (PU), la Unión del Centro Nacional (UCN), el Partido de Avanzada Nacional (PAN), la Unión Democrática (UD), y el Desarrollo Integral Auténtico (DIA). Uno de ellos, al menos, podría perder su registro como partido.

Como fuerzas ubicadas en el centro, están: Encuentro por Guatemala (EG), y la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG). El EG, después del pasado día 9, afianzará su posición de centro y todo indica que tenderá a desarrollarse y consolidar no tanto por los votos a favor de su candidata presidencial y sus apenas tres curules que puede llegar a tener en el Congreso, sino por el papel que corresponde a su dirigente principal y su posible condición de séptima fuerza en el cuadro político del país. La otra banca, le correspondería a Winaq.

En cuanto a la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), no es fácil ubicarla como una fuerza de izquierda. Hay suficientes indicios como para advertir su no disimulada tendencia a correrse hacia el centro y reubicarse como una fuerza de centro izquierda, pese a que haya prestado su ficha electoral al Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ), que sí cabe ubicársele en la izquierda. Todo indica que como el bajo porcentaje logrado en la votación presidencial corre a cargo de MAIZ, para URNG queda expedito el camino para su probable reubicación, máxime si mantiene su precaria calidad de partido inscrito gracias a las dos curules con que parece contar. En esas condiciones, su cúpula dirigencial podría considerar que con ese corrimiento dejaría de ser la fuerza marginal en que está aún a costa de tenerse que mover hacia el centro.

Agrupamientos como la Alianza Nueva Nación (ANN), la UD, y la DCG, están en riesgo de perder su inscripción como partidos. Las que llevan la peor parte son la ANN, expresión de la izquierda radical desfasada, y la Democracia Cristiana Guatemalteca, uno de los partidos con más antigua y permanente participación política y electoral. Su desaparición es un duro golpe para la corriente social cristiana, como lo es para la izquierda que la ANN desaparezca. No está demás decirlo, pero ello se podía prever aún antes de las votaciones del domingo.

Un dato más. En 2003, los votos en blanco equivalieron al 3.88 por ciento; los votos nulos, al 4.78 por ciento; el abstencionismo, fue de un 42.11 por ciento. El domingo pasado, los votos en blanco, ascendieron a 131 mil 829 (3.71 por ciento); los votos nulos, a 206 mil 43 (5.79 por ciento); y, no asistieron a las urnas, 2 millones 433 mil 441 ciudadanos (40.67 por ciento). Están empadronados 5 millones 990 mil 29 votantes.

Además de lo que ya queda dicho, hay otras cuestiones más que pueden contribuir a intentar, al menos, sacar unas primeras conclusiones de las recién pasadas votaciones generales. A ellas y a los posibles escenarios para antes, durante y después del 4 de noviembre, me referiré la semana entrante.

Fuente: www.lahora.com.gt - 120907


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