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Acerca de una encuesta y lo que para el país significa
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala,4 de octubre de 2007
rosalesromán.cgs@gmail.com

La ultraconservadora claque republicana que gobierna en Estados Unidos, con el apoyo de sus cada vez menos aliados gobernantes guerreristas y neoliberales que le van quedando en el mundo, está muy comprometida en una incontrolada guerra contra el terrorismo internacional en escala mundial. Terribles y condenables implicaciones se derivan de las groseras violaciones y limitaciones a los derechos civiles y ciudadanos de los estadounidenses y los migrantes, así como contra la soberanía e independencia de los pueblos y países del orbe y, en particular, de nuestro Continente.
Con absoluta impunidad se asesina, persigue y reprime a enemigos reales o supuestos y, a quienes se captura, se les confina en cárceles clandestinas, se les elimina sin juicio previo o se les desaparece y nada se vuelve a saber de ellos. Es lo que sucede en Irak y Afganistán, sin importar que se trate de niños, mujeres o ancianos. Y es lo que se está tratando de hacer en Irán y en otros países considerados como “ejes del mal”.

El clima de tirantez e inseguridad internacional es cada vez mayor y, en América Latina, se agrava mucho más a causa de la cruda y lacerante realidad económica y social, producto de un sistema de lo más injusto, salvaje, criminal e inhumano.

En Guatemala, en particular, los agravados y no resueltos problemas derivados de una estructura económica y social atrasada, caduca, discriminatoria y excluyente, y un sistema explotador, dependiente, subdesarrollado, egoísta y agotado, torna en potencialmente explosiva la situación.

Por su parte, la delincuencia común y el crimen organizado, el narcotráfico y lavado de dinero, la impunidad e inseguridad ciudadana, la corrupción y tráfico de influencias, el contrabando y trasiego de personas, e instituciones copadas por aparatos paralelos clandestinos, amenazan seriamente la gobernabilidad y estabilidad institucional formal.

Una y otra cuestión forman parte de una problemática general y, al plantearlas, hay que saber diferenciarlas, no sólo por lo que cada una representa y significa para el país sino respecto a como proceder para resolverlas sin incurrir en equívocos o irse por atajos.
Lo ya expuesto, da pie para referirse a lo siguiente.

Según la encuesta que Barómetro de las Américas levantó en junio de 2006 y cuyos datos fueron dados a conocer el recién pasado 27 de septiembre, “la mitad de la población de América Latina justificaría un golpe militar debido a las condiciones de violencia criminal”. Señala, además, que las instituciones de menos credibilidad son las policías, los tribunales de justicia, las legislaturas y los partidos políticos. “La corrupción, se afirma, es uno de los temas importantes y urgentes de la agenda nacional”, como lo es la falta de confianza y apoyo al sistema democrático y de participación.

Para el caso de nuestro país, la realidad es de lo más cercana al diagnóstico referido, sino es que lo sobrepasa. Sin embargo, en el marco del momento actual y, en particular, después del 14 de enero entrante, en lo que importa detenerse es en lo referente a las posibilidades de un golpe de Estado militar, como opinan los latinoamericanos encuestados, “debido a las condiciones de violencia criminal”, que podrían seguir prevaleciendo o aumentar.

Lo primero a señalar es que las soluciones de fuerza, en ningún caso, han resuelto nada. Por el contrario, agravan los problemas y es a la población a la que se reprime y se violentan sus derechos y libertades. Es, además, el camino más fácil para ignorar lo que está en el fondo de la realidad, sus causas y efectos.

Y como ninguna de las dos opciones “en campaña” garantizan la solución a fondo de los problemas de estructura en que se encuentra Guatemala, lo que no hay que descartar es que, luego de instalado el gobierno entrante, el escenario posible tienda a favorecer las condiciones para estallidos sociales de consecuencias impredecibles y que obligarían a quien esté al frente del Ejecutivo a criminalizar la protesta social y popular, y reprimir la indignación y el descontento.

Siguiendo en el terreno de las probabilidades, si fuera la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) la que llegara a “gobernar” o lo fuera el Partido Patriota (PP), en el primer caso, al poder oligárquico militar no le quedaría otra “opción” que derrocar al “gobernante” a causa de la aún más evidente ingobernabilidad y anarquía en que desembocaría el país. En el segundo, se limitaría a aceptar u “obligar” a que fuera en el Presidente y el Ejército en donde se concentrara todo el poder y se “gobernara” como si se estuviera en estado de sitio permanente.

Ése es el significado que tiene para el país la encuesta en mención, en tanto que todavía quedan quienes piensan que es así como se puede llegar a contener la lucha social y popular para evitar los cambios profundos y de fondo que necesita Guatemala.

Fuente: www.lahora.com.gt - 031007


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