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Lo que pasó el domingo: una primera lectura
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 8 de noviembre de 2007
rosalesromán.cgs@gmail.com

Sólo dos de cada ocho de los ciudadanos empadronados votaron por quien va a gobernar a partir del 14 de enero

Hoy es un día especial . Además de rememorarlo con convicción ideológica y política, saludo solidaria e internacionalistamente el 7 de noviembre de 1917, fecha en que triunfó en Rusia la primera Revolución Socialista del mundo.

Hace 20 años estuve en Moscú. Por invitación del CC del PCUS asistí a las conmemoraciones con ocasión de los 70 años de los diez días que, como los describió John Reed, conmovieron al mundo, y que tuvieron lugar en la capital de la Unión Soviética, en las demás Repúblicas de la URSS y en muchos otros países.

En la Gran Sala donde tuvo lugar la Sesión Solemne, me correspondió estar al lado de los representantes de partidos comunistas y obreros hermanos y de las fuerzas revolucionarias y progresistas luchando en la clandestinidad.

De entre muchos otros, dos hechos tengo en la memoria , como si hubieran ocurrido ayer.

Me tocó saludar la histórica gesta bolchevique de 1917 en un acto solemne que tuvo lugar en Minsk, en la Sala de los Sindicatos, no lejos de donde en 1898 se fundó el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). Se trata del partido que, 29 años después y bajo la dirección de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, habría de encabezar el derrocamiento del gobierno de Kerenski, puso fin a los remanentes del zarismo, e hizo posible que los obreros, campesinos y soldados de toda Rusia tomaran el cielo por asalto y se instaurara el Poder de los Soviets.

Al día siguiente, visité la casa en donde se fundó el POSDR. Allí conocí a una heroína de la clandestinidad en Minsk. A ella le tocó cumplir la arriesgada misión de entrar al cuartel de las tropas hitlerianas acantonadas en la capital de Bielorrusia. Llevaba una cesta con ropa en la que la resistencia camuflajeó la bomba que al estallar puso fin a la vida del siniestro jefe de los ocupantes fascistas.

Después de hablarle de la lucha en mi país, me dijo que lo que estaba pasando en Guatemala le traía a la memoria algunas de las hazañas de la resistencia clandestina a la ocupación nazi. La diferencia, me puntualizó, es que la lucha ustedes la libran contra regímenes tiránicos impuestos por Estados Unidos, los militares guatemaltecos y terratenientes del país”.

Rememorado lo anterior, paso a referirme a algunos aspectos en torno a las votaciones del domingo.

Lo primero que hay que decir es que en la segunda vuelta de las seis votaciones que ha habido en los últimos 22 años, no sólo cuenta el abstencionismo sino, además, los votos en blanco y los nulos. Vistas las cosas así, y con base en los resultados preliminares del lunes y los cálculos de que dispongo, los votos del domingo a favor de los dos presidenciables suman 2 millones 666 mil 654. El total de empadronados es de 5 millones 990 mil 29. Esto significa que los candidatos “en disputa” no cuentan con el respaldo de 3 millones 325 mil 375 electores, lo cual equivale al 55.47 por ciento. De ello se deduce que “el más votado” apenas si cuenta con la adhesión del 23.5 por ciento y que quien quedó en segundo lugar con el 21.03.

La ilegitimidad y falta de representatividad de quien en tales condiciones cuenta con “más sufragios”, no sólo se explica por los resultados. Tanto en la primera vuelta como en la segunda, se señala que pudieron haber ocurrido anomalías que de comprobarse deslegitiman aún más el proceso comicial.

Además, la incidencia de otros factores confirma que en política no hay nada escrito y que en cada votación puede ocurrir lo inesperado. Lo primero a observar es que en este caso no fueron “las fortalezas” (que era imposible encontrarle al candidato “más votado”) las que determinaron los resultados que obtuvo. Fueron los crasos errores de último momento en que incurrió su “contendiente”, los equivocados consejos de sus estrategas de campaña y de sus más cercanos allegados y financistas, así como el triunfalismo que los llevó a confiarse demasiado y perder la iniciativa.

Por aparte, lo que pasó el domingo viene a confirmar dos hechos a considerar, el segundo de ellos de lo más contrastante. De un lado, en el interior del país hay un manifiesto rechazo hacia el militarismo; y, del otro, en el departamento de Guatemala y la ciudad capital así como en Baja Verapaz los votantes parecen estar más urgidos de mayor seguridad y poco o nada pudo haberles importado que ello significara un retorno al pasado o, a sabiendas, se inclinaran en esa dirección.

Aunque los votos en blanco (1.75 por ciento) y los nulos (3.50 por ciento) no superaron los de la primera vuelta y la abstención (51.66 por ciento) fue menor de lo que se esperaba, ello en nada invalida una primera gran conclusión: el presidenciable con “más votos” no será un gobernante con respaldo ciudadano ni legitimidad ni representatividad institucional.

Sólo dos de cada ocho de los ciudadanos empadronados votaron por quien va a gobernar a partir del 14 de enero y vaya usted a saber si puede estar seguro de seguir contando con su respaldo.

Fuente: www.lahora.com.gt - 071107


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