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La socialdemocracia, ¿al gobierno ?
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 16 de noviembre de 2007
rosalesromán.cgs@gmail.com

Los procesos sociales se desenvuelven con independencia de la voluntad y deseos de las personas. Lo que las personas pueden y deben hacer es tratar de encauzarlos y, en el caso de los revolucionarios, hacerlo en dirección de las transformaciones que permitan a la sociedad, sus estructuras e instituciones desembocar a etapas superiores de avance y desarrollo.

Una etapa que se agota tiene que dar paso a una que la cambie de raíz, la mejore sustancialmente y, exitosamente, la supere. Ello sólo puede darse como resultado de la lucha política, popular y social, la organización de las masas, su unidad y amplitud, convencimiento, capacidad y decisión de marchar en esa dirección. En otras palabras, a partir de la toma del poder político, la voluntad y resolución que exista y condiciones en que se esté, es lo que hace posible y necesario concretar las transformaciones que pongan fin a los rezagos e injusticias prevalecientes, y pasar a una etapa superior de desarrollo, progreso y justicia social.

Teóricamente y en la práctica, ésta es la diferencia que separa a las posiciones y lucha revolucionaria, de las corrientes reformistas en general, y de los pseudoizquierdizantes y la socialdemocracia, en particular.

Tengo en cuenta que en el momento actual y por el carácter de la época, la “tercera vía” ha pasado a constituirse en el soporte e impulsor principal del neoliberalismo y la globalización, y el incondicional aliado de la política imperial estadounidense en lo militar, geoestratégico, de seguridad, guerra, ocupación y conquista.

Lo que también es cierto es que al interior de la socialdemocracia coexisten tendencias de derecha, de centro y de izquierda y que, dependiendo de las condiciones, predominen unas u otras. Está claro, además, su carácter reformista. A su vez y en consecuencia, que es conservadora en lo político y social e ideológicamente acomodaticia. Su objetivo principal es interceptar y posponer los procesos revolucionarios, salirles al paso, impedir que lleguen a alcanzar su objetivo estratégico.

En Guatemala, no es mucho lo que separa a la socialdemocracia “a la criolla” de las pseudoizquierdas locales y más lo que les une y acerca. Por su proceder y modo de pensar, parecen ser una y misma cosa. Su diferencia es que los pseudoizquierdizantes van a la cola de los socialdemócratas:

Ahora bien, por si ha pasado desapercibido vale la pena traer a cuenta lo siguiente. Los que se dicen socialdemócratas al interior de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), no pueden ignorar y les conviene que el partido en que están cuente con el apoyo de los menos neofeudales (si es que los hay) del G-8 que, según elPeriódico, reúne a ocho de los principales grupos empresariales del país que desde el principio financiaron la campaña y que, en mi opinión, consienten que sus “líderes” se pronuncien a favor de “los cambios” a condición de que todo siga igual, sin importarles que tienda a empeorar.

Esta coincidencia no es casual. Los socialdemócratas, de palabra, están a favor de ciertos “cambios” y, más en concreto, de los que no se den en forma abrupta y menos que toquen las estructuras. Es su gatopardismo “con olor a tamal de maíz”… importado, además de transgénico y contaminado.

Que yo sepa, en el caso de Guatemala, el proyecto socialdemócrata más serio, consistente y avanzado para su momento, giró en torno a la figura de Manuel Colom Argueta. Su asesinato truncó aquella perspectiva política y social transformadora. De eso me consta porque en las dos oportunidades que conversamos (estaba yo en la clandestinidad), me quedó claro el rumbo principal que venía imprimiéndole al Frente Unido de la Revolución (FUR) desde posiciones de izquierda. El FUR estaba a favor de agotar la vía electoral, participar en ella e instaurar un gobierno civil, democrático e institucionalmente con amplio respaldo social y popular. A sus más consecuentes seguidores no les fue posible continuar con aquél importante esfuerzo.

También tengo presente que no hace más de dos años se me habló de que en círculos universitarios se estaban viendo las posibilidades de reorganizar a la socialdemocracia en el país. Desconozco si el proyecto prosperó.

Sin embargo, entre las votaciones del 9 de septiembre y la segunda vuelta, el presidenciable de la UNE empezó a “hacer gala” de sus posiciones socialdemócratas. Para mayor sorpresa, su vicepresidenciable se declaró igualmente como tal, al día siguiente de que se dieron a conocer los resultados del 4 de noviembre.

Al respecto cabe preguntarse: ¿Qué hay detrás de esto? ¿A qué fuerza o proyecto sustituye o le da continuidad la socialdemocracia en el país o cuál retoma? ¿Es que se está en vísperas de que haya un gobierno socialdemócrata o, como lo dijo el ahora presidenciable “más votado”, que se vaya a “crear un país socialdemócrata”?

A estas interrogantes y otras cuestiones más, me referiré la próxima semana.

Fuente: www.lahora.com.gt


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