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El último miércoles de noviembre
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 29 de noviembre de 2007

Para Ana María, este año está siendo provechoso y con resultados satisfactorios. Cursó el segundo año de Dibujo y Pintura en las Escuelas Municipales de Artes Plásticas que funcionan en el antiguo Palacio de Correos del Centro Histórico capitalino.

Gracias a su esfuerzo, dedicación y disciplina, así como la orientación y consejos oportunos de su maestro, en la Exposición que se inauguró el martes de la semana pasada en la sede de la Escuela, estuvieron tres de sus trabajos de este año. No es difícil advertir los avances entre lo que expuso el año pasado y lo expuesto esta vez. Son tres retratos. El de ella; el de nuestro hijo, Espartaco; y, el mío. El suyo, expresa cómo es que ella se siente a estas alturas de la vida; el de nuestro hijo, cómo ella lo ve; y el mío, cómo es que me ve ahora. Eso, en mi opinión, es un logro del que puede sentirse satisfecha y estimularla a seguir superándose.

En todo caso y como quien dice nada, noviembre está por terminar y la llegada de diciembre marca el comienzo del fin de 2007. Además, estoy empezando a escribir mi columna número 251 y, aunque pensé que con la anterior estaba cerrando el tratamiento de las cuestiones referidas a los resultados de las recientes votaciones, no quiero dejar de referirme a cuatro aspectos más.

El primero tiene que ver con el posible nombramiento para la Secretaría de Asuntos Específicos de la Presidencia del señor Francisco Bianchi y que viene a confirmar que en la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) pueden tener cabida quienes a última hora se acercaron a su dirigencia y ésta no ha mostrado el menor cuidado para tener en cuenta sus antecedentes y la irresponsabilidad de no prever lo que puede derivar en un caos administrativo y gubernamental y que no tiene relación con la competencia o no de quienes integren el posible gabinete sino porque será de lo más difícil gobernar, si se parte de la falta de liderazgo y carácter de quien asumirá el cargo el 14 de enero entrante.

En el caso del probable secretario específico de la Presidencia, basta remitirse al papel que el llamado "pequeño grupo" de líderes de la Iglesia Evangélica Verbo, integrado por el pastor Carlos Ramírez, y los ancianos Jim DeGolyer, Álvaro Contreras Valladares y Francisco Bianchi, jugó antes, durante y después del golpe de Estado militar del 23 de abril de 1982. La participación de ellos fue decisiva al momento de integrar la junta de facto que se instituyó entonces.

El segundo tiene que ver con dos imprudencias más del presidenciable "más votado" el 4 de noviembre y que ratifica que cuando se dice algo de lo que no se tiene la certeza de conocer, lo mejor es callarse. Si incurrió en una ligereza cuando dijo que haría de Guatemala "un país socialdemócrata", algo peor es que se haya autoproclamado "presidente de los pobres". Ello lo deslegitima aún más y echa por la borda esa tan llevada y traída atribución constitucional de considerar al gobernante como representante de la unidad nacional.

El tercero sugiere que la sucesión gubernamental no es más que la continuación de la crisis de gobernabilidad en el país sin que se llegue a vislumbrar que algo vaya a cambiar. Esto se refleja en dos eslóganes que con distintas palabras se refieren a una y misma cosa. La consigna principal de la Gran Alianza Nacional (Gana) fue: "Con la Gana ganamos todos". La de los de la UNE, después del 4 de noviembre, hace referencia a que "El triunfo es de todos".

Leído textualmente, "ganamos" y "triunfo" viene a ser lo mismo pero entre líneas da la impresión que los que están por "gobernar" pareciera que no se sienten parte de ese "triunfo" o que están por encima de él creyendo que en realidad lo lograron. De ahí su urgencia de subirse al carro del continuismo concertado.

El número cuatro pasa por los improvisados reajustes de partidas introducidos por la Comisión de Finanzas del Congreso al Presupuesto de la Nación para el 2008 y que pone de manifiesto, por una parte, que no es posible acabar con las prácticas burocráticas propias de una anquilosada concepción presupuestaria que no tiene en cuenta que es en el Presupuesto donde puede concretarse una política de Estado que le dé unidad y cohesión, eficacia y operatividad a la gestión pública en interés del país y no de unos cuantos. Y, por la otra, que lo que en realidad hay detrás son las facturas políticas a pagar a los principales financistas de la UNE y la forma corrupta y perversa de amarrar compromisos políticos con las bancadas que se prestan para ello.

Ojalá que en lo que queda de este año y durante enero, no tenga que insistir en que, en política, lo que mal comienza, mal termina y, si empeora, es un desastre. Eso podría pasar en el país con un gobernante (que aún no lo es) y que en España se condujo para "estar en sintonía" con lo que el Presidente Zapatero esperaba oír de él: que "guardará una sana distancia" del Presidente Chávez.

En lo diplomático y protocolario conducirse así supone costos y para quien lo hace o dice equivale a no saber calcular el significado de una condescendencia que compromete ante terceros países y sus gobernantes.

Fuente: www.lahora.com.gt


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