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Desregulación de servicios y concesión de obra pública
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 7 de marzo de 2013
rosalesroman.cgs@gmail.com

El carácter subsidiario del Estado no sólo lo adelgaza sino, además, debilita su poder de gestión, administración y ejecución de obra pública. Lo debilita y adelgaza, a su vez, la privatización de los bienes y recursos del país tanto como la desregulación de los servicios a su cargo y las concesiones de obra pública e infraestructura. En tales condiciones, el Estado financia lo que concesiona o desregula y el sector privado lo ejecuta en su beneficio y a su conveniencia.

A decir de Jeffrey Sachs, Ronald Reagan, en 1981, dijo que “El Gobierno no es la solución a nuestro problema. El Gobierno, afirmó, es el problema”. Esto significó para Estados Unidos “recortes impositivos para los ricos; recortes del gasto en educación, infraestructura, energía, cambio climático y capacitación laboral; un masivo crecimiento del presupuesto para la defensa; y desregulación económica, incluida la privatización de funciones gubernamentales básicas como la gestión de bases militares y prisiones”.

Significó, además, la reducción del papel del Gobierno y que Estados Unidos pasara “de una sociedad de clase media a una cada vez más dividida entre ricos y pobres”. Se trató, en opinión de Sachs, de “una revolución de ‘libre mercado’… que duró tres décadas y cuyos principios fueron mantenidos, más o menos, por… George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush y, en algunos aspectos, por Obama en su primera presidencia” (el Periódico, 3 de marzo de 2013).

Recientemente les decía a unos amigos y compañeros con quienes nos reunimos con cierta frecuencia para intercambiar puntos de vista y opiniones sobre asuntos de interés común, que quienes han gobernado al país a partir de 1954 no sólo lo han hecho a la zaga y siguiendo los lineamientos trazados desde Washington sino que, además, lo han hecho con retraso e, igualmente, para mal y en perjuicio del país.

Lo que Ronald Reagan, como presidente de Estados Unidos (1981-1989) y la señora Margaret Thatcher, como primera ministro del Reino Unido (1979-1990), le impusieron al mundo como fundamento y base de la globalización y el neoliberalismo salvaje y depredador, significó para Guatemala la privatización de los bienes del Estado y la concesión de los servicios a su cargo y cuyo momento de mayor auge se da durante el gobierno del presidente Álvaro Arzú (1996-2000) y el del presidente Oscar Berger (2004-2008).

Durante los demás gobernantes ha sido práctica común y reiterada la desregulación de servicios y funciones a cargo del Estado y la concesión y contratación de obra pública a cargo del sector privado. Para el país ello ha significado un cada vez mayor adelgazamiento del Estado y que, en tales condiciones, el sector privado haya pasado a sustituir el papel que le debería corresponder al poder público en tanto responsable de la buena administración y aprovechamiento de los bienes y recursos del país y las obras, servicios y atribuciones básicas de interés público.

El escándalo que se destapó a raíz de lo ocurrido la tarde del 15 de febrero, tiene los visos de una embestida más por justificar una concesión más de los ya tan disminuidos y precarios servicios que quedan a cargo del Estado. Me estoy refiriendo a una eventual y no descartable concesión de la gestión, administración y dirección del Sistema Penitenciario. La alimentación en las prisiones y centros de detención, está ya concesionada, al igual que otros servicios a cargo de otras dependencias.

Si me quedo hasta aquí es porque ayer, por la tarde, cuando ya estaba por concluir esta columna, se me comunicó que acababa de fallecer el presidente Hugo Chávez Frías. Dejé de seguir escribiendo lo que estaba por terminar y, conmovido por tan dolorosa noticia me concentré en imaginar la proyección y alcances del tan valioso legado del victorioso líder y dirigente a la Revolución Bolivariana e ideólogo y forjador del socialismo del siglo XXI.

Tengo en cuenta que es el inspirador y creador, junto al líder histórico de la Revolución Cubana, Comandante Fidel Castro Ruz, de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), la más amplia y representativa unidad de los pueblos y países de la Patria Grande por la que incansablemente luchó el libertador Simón Bolívar.

Al expresarle a su familia, al gobierno bolivariano y al hermano pueblo de Venezuela mis más sentidas muestras de condolencia y solidaridad lo hago con la convicción y seguridad de que la formidable obra del presidente Chávez continuará. El líder y comandante bolivariano ya no está entre nosotros. Su liderazgo perdurará y el rumbo de la revolución por él trazado, avanzará, se profundizará y consolidará. Está social y popularmente concertado.

Fuente: www.lahora.com.gt


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