Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 14 - 2019

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La reunión que nunca se dio…
Por Ronald Solís Zea - Guatemala, 27 de agosto de 2019

Los oprobiosos hechos del Estado de Guatemala en contra de estudiantes del año 1989

A 30 años de la desaparición forzadas de nuestros compañeros, en el mes de agosto de 1989. Un reseña de lo que fue, es y será la memoria de estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Era el mes de junio del año 1990, entrábamos a una reunión del Consejo Directivo -Consejo-de la Escuela de Ciencias Psicológicas -ECPs-, en esta ocasión habían tres temas importantes a discutir: a) el proceso de elecciones de estudiantes que nos remplazarían en el mismo, b) la aprobación del proyecto de creación del Ejercicio Profesional Supervisado y c) la estabilidad del curso de psicología social dentro del pensum de la Escuela.

Estos eran algunos de los ejes centrales por los cuales el Grupo Acción Integrada había trabajado desde hace varios años y llevado a la discusión en más de dos ejercicios de representación de estudiantes, al seno del único Consejo Académico, del Consejo y de la Asociación de Estudiantes de Psicología -Asociación-. Propuestas políticas que nos permitieron ganar las elecciones para representar a los estudiantes en estos cuerpos de dirección por más de cuatro años.

Como era de suponerse, se tendrían discusiones intensas y apasionadas en la sede de Asociación para prepararnos a la sesión del Consejo, que como de costumbre se llevaban a cabo en la dirección, en el segundo nivel del edificio M-5. En ellas seguramente participarían estudiantes militantes del Grupo Acción Integrada, miembros del consejo de coordinadores de clase, estructura que funcionaba relativamente bien y era un órgano de consulta, representantes estudiantiles en el Consejo Académico y del Consejo; y alguna que otra simpatizante con nuestras propuestas.

Como en otras ocasiones seguramente, no faltarían la discusión epistemológica de la propuesta, las implicaciones políticas con los estudiantes, el eterno dilema entre lo académico y lo político; encarnizada entre los más cercanos a acciones con el contexto y el robusto movimiento estudiantil vinculado a la Asociación de Estudiantes Universitarios-AEU- y los que tenían una acción más estrecha con la vida universitaria. Discusión por demás rica y aleccionadora, pero que tarde comprenderíamos que era redundante, siempre llegábamos a la misma conclusión, la academia sin lo político no tenía horizonte y lo político sin lo académico carecía de compromiso. Lo que estaría en el fondo de estas discusiones era la honestidad juvenil de querer cambiar la sociedad que habíamos heredado. Pensábamos que teníamos argumentos, propuesta, que teníamos una ruta a seguir y sobre todo teníamos la valentía y rebeldía para enfrentar el reto.

Esto se forjo a través de nuestras historias, ya que nuestra generación vivió actos de profunda indignación, ignominia, pero también de mucha dignidad y solidaridad como lo fueron, los cateos por parte del ejército en nuestras casas (1982-83), el asesinato de los estudiantes Robin García y Leonel Caballeros (1977), el primero tuvo un entierro multitudinario de más de 50 mil personas. Un año después supimos del asesinato del Secretario de la AEU Oliverio Castañeda de León (1978), su sepelio fue una marea humana que izaban claveles rojos. Fuimos sorprendidos por el asesinato del diputado Alberto Fuentes Mohr en enero y luego en marzo del catedrático universitario y ex alcalde capitalino Manuel Colom (1979), ambos hechos no solo conmocionaron al país, adicionalmente volcaron a grandes sectores a acompañar sendos sepelios y se conoció de los bastos operativos de escuadrones de la muerte para asesinarlos. Seguramente también calo nuestras conciencias las manifestaciones por el alza al pasaje del transporte público (1977), se salpico también nuestras historias, como el horror de las noticias de la Masacre de Panzós (1978) y posteriormente se escucharía a voz baja pero permanente, de 1979 a 1983 un número incierto de masacres, que dejaría una cauda de muertos que pocos países de Latinoamérica conocía. Acontecimientos estos vividos en los regímenes militares de Kjell Laugerud, Romero Lucas y posteriormente Efraín Ríos.

Con este equipaje de historias, vivencias y utopías nos enfrentamos a querer una universidad mas cercana a la problemática y por supuesto una psicología más pertinente con los problemas psicosociales que se vivían.

Por eso, el día de la reunión imaginamos que llegaría (como de costumbre) don Chus, nos esperaría en la puerta de su dormitorio que quedaba en la parte de abajo de las gradas, quien con silvestre lenguaje, espetaría alguna consigna sarcástica sobre nosotros, no faltaría cruzarnos con alguna estudiante camino a la sede de la asociación, quien cuestionaría o apoyaría nuestra postura, allí nos reuníamos antes de ir al Consejo y por fin llegaríamos a la sede de la dirección. Para acceder a ella se pasaba por un laberinto de escritorios y archivos, donde se encontraba la sede de coordinaciones de evaluación, la secretaría, la oficina de control académico y las secretarias de la administración.

Pero esta reunión nunca se dio. Al sistema le era incómodo la posición del Grupo Acción Integrada, su permanencia en el Consejo por más de 3 periodos ya era molesta, se llevaban dos periodos en el Consejo Académico y 5 periodos al frente de la Asociación. Representaciones ganadas por elección entre los estudiantes, lo cual significaba un respaldo importante a la gestión del grupo, pero sobre todo un compromiso mayúsculo. Pero no era lo único incómodo, muchos estudiantes de la ECPs habían reconocido el encierro de la misma entre sus muros y los libros, situación que apenas lograba librarse de esa atadura con el ejercicio de algunos centros de práctica, pero se había dejado desatendida la realidad sociopolítica del país, especialmente de las comunidades del altiplano, donde la represión después de enseñorearse al inicio de los 80s recogía los frutos amargos del secuestro, las masacres, las desapariciones y del terror. Y la postilla de este malestar era poner sobre la mesa de la discusión el enfoque social de la psicología, que se había perdido entre los textos de Freud, Piaget y Watson.

La discusión epistemológica, se rehuía, se negaba y hasta era vilipendiada para no reconocer el rezago de la ECPs ante esta situación, pero, sobre todo, era criminalizada dentro y fuera de sus muros.

Estas incomodidades provocaban tensiones a varios niveles. Las tensiones internas en la ECPs eran de toda índole, en el mismo sector estudiantil las posiciones no eran todas favorables al Grupo Acción Integrada, había por lo menos dos grupos más, lo cual era bastante sano. El que tenía toda una historia de trabajo al frente de la Asociación, previo a la llegada de Acción Integrada y el grupo que se formaba como una oposición a nuestras ideas. Ambos grupos anuentes a discutir el derrotero de la ECPs, por supuesto con la pasión, la enjundia de la rebeldía joven.

Encuentros y desencuentros altisonantes se dieron en el auditorio del M-5 el cual en más de una ocasión se abarrotó hasta altas horas de la noche donde se discutió no solo entre estudiantes, sino también con grupo de profesores interesados en aportar a un incipiente proceso de reestructura en la ECPs. Situación incómoda también para la administración.

Señalamiento, arengas y discursos cargados de fervor y claridad política fueron escuchados por los murales de los corredores y en el auditorio, aun con las siluetas de estudiantes desaparecidos años anteriores. Tensiones adicionales se vivían en las aulas, cuando en las clases alguna estudiante molesta preguntaba por alguna corriente psicológica como la psicología soviética o sobre autores como Vygotsky, Luria entre otros.

Entre el claustro de profesores también se dieron sus tensiones y conflictos. Habían profesores que querían continuar con status quo y los que veían la necesidad de hacer preguntas de fondo sobre la situación de la psicología en el país, sobre todo docentes vinculados al departamento de práctica e investigación y con formación social. Desacreditaciones, amenazas vedas, hasta procesos administrativos, empezaban a rumorearse para evitar que estas corrientes de aires frescos oxigenaran la Escuela. A pesar de ello un número importante de profesores se mantuvieron consecuentes con sus posiciones.

Las tensiones se expresaron obviamente en el seno de los Consejos Directivo y Académico. En el primero, se dieron desde bloqueo de las reuniones, actos escénicos con el fin de intimidar, negación de recursos de la ECPs -recursos públicos- para la realización de actividades estudiantiles, particularmente la celebración de los Encuentros de Estudiantes de Psicología Centroamérica-México en el país, falta de apoyo de la asistencia a otro país, en otras palabras, asfixiar las posibilidades de cambio. Particular tensión generó la discusión, como ya se mencionó de la orientación social de la psicología y cuando se preguntaba sobre las horas de contratación de profesores y la forma de hacerlo, para entonces todavía no existían los Concursos de Oposición, por lo que la contratación tuvo en varios casos un carácter arbitrario. No está por demás recordar que en varias sesiones del Consejo se tomó la discusión de que los servicios sanitarios del M-5 tuviesen suministro de agua, ya que en las jornadas vespertina y nocturna se carecía de ella y por tanto no se contaba con ese servicio. Esto era un claro ejemplo del ejercicio de poder que desde entonces tenían las Facultades sobre las Escuelas.

Otra tensión dentro de la Universidad era una AEU que se había reconfigurado y logrado articular con solidez política y organizativa. Un secretariado horizontal se había diseñado para resistir los embates que se preverían del sistema y de los aparatos represivos del Estado, como lo eran la Policía Nacional, la Guardia de Hacienda y el Estado Mayor Presidencial. Recordemos el hallazgo de la Procuraduría de Derechos Humanos del año 2005, sobre el Archivo Histórico de la Policía Nacional, en el cual se logró comprobar la participación de este cuerpo represivo del Estado en los secuestros y asesinatos de dirigentes sociales y estudiantes universitarios, como lo es el caso de Fernando García.

Sobre la Guardia de Hacienda hay que recordar el caso mas emblemático,”la Panel Blanca”, en el cual se documentó el secuestro y desaparición de 10 personas en 1988, hechos por los cuales el Estado de Guatemala sería condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Qué decir del Estado Mayor Presidencial, según el documento de Insigth Crime sobre los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (2017), este se convirtió en un servicio de “inteligencia” que se centró en las actividades de las fuerzas de oposición y movimientos políticos. Un documento de inteligencia militar obtenido de los archivos del gobierno de Guatemala menciona a 183 guatemaltecos que éste desapareció entre 1983 y 1985.

Aunque era de esperar, estos aparatos ya venían trabajando, dando seguimiento y haciendo inteligencia a los miembros del secretariado y de asociaciones estudiantiles, hubo infiltración de agentes del Estado y lograron la identificación de los estudiantes y se planificó el terror. Esto se suponía, pero tomó al secretariado el cansancio de la madrugada, no fue ni ingenuidad ni indolencia. Atrás quedarían las amenazas panfleteras del Jaguar Justiciero, Ejercito Secreto Anticomunista y la Dolorosa, donde aparecíamos varios estudiantes.

Otro escenario de tensión seria la vinculación que este secretariado tenía con el movimiento sindical y popular. Esto se daría en un contexto de crisis nacional, marcado por el intento de golpe de Estado en mayo del 89, al primer presidente de la época democrática del país -se hace esta referencia por la importancia del retorno a la democracia y el proceso, no por la figura del presidente-.

En ese 1989 se llevó una huelga del magisterio que tendría su máxima fortaleza entre mayo y julio y que puso en vilo la presidencia y el retorno a la democracia. La respuesta frente a este hecho fue la represión de líderes sindicales, amenazas de muerte contra los dirigentes de la Confederación de Unidad Sindical de Guatemala, la Central General de Trabajadores de Guatemala, la Federación Nacional de Sindicatos de Trabajadores del Estado y la Unión Sindical de Trabajadores de Guatemala. Esto sumando a violación a derechos laborales sindicales que llevaría a la huelga del campesinado y del Comité de Unidad Campesina y Popular. A estos reclamos se suma la AEU y la mayoría de asociaciones estudiantiles, dentro de la ellas la Asociación de Estudiantes de Psicología.

En este contexto, se acompañó las manifestaciones en las calles, se dio la bienvenida a dirigentes magisteriales que venían caminando desde Alta Verapaz, se monitoreaba los mecanismos de control del Ministerio de Educación para evitar la manifestación de los maestros, se realizaron una seria de acciones de solidaridad y se llevaría esta discusión a las aulas de la ECPs y a la reflexión del papel de ésta y de la psicología en aquella coyuntura.

Frente a la falta de posicionamiento político de la Universidad y del Consejo Superior Universitario -CSU-, en un contexto tan convulso, las asociaciones estudiantiles iniciaron la presión a sus respectivas juntas directivas y consejos directivos para que se pronunciaran sobre la crisis, solicitando que se solidarizaran con los sectores más afectados por represión del Estado y que se iniciaran procesos de Reforma Universitaria para que desde las raíces la Universidad se transformase.

En términos generales la respuesta fue débil por no decir que no se dio. Estos reclamos se llevaron al seno del Consejo Superior Universitario que reiteradamente evadía enfrentar la situación y no se posesionaba de ninguna forma. Esto llevó al estudiantado un día de julio a tomar el edificio de Rectoría, en plena sesión del CSU. Esta acción estuvo coordinada por representantes estudiantiles de varias unidades académicas del campus central. Se tuvieron varios acercamientos con delegados del CSU para discutir con los estudiantes, pero evadían el diálogo bajo la premisa que ellos no lo harían bajo presión. La toma inició alrededor del mediodía y ya entrada la noche la situación no cambiaba, la reticencia del CSU por conversar del tema, hasta que a media noche se hizo presente un juez de paz, el mismo que había librado una orden para verificar el cumplimiento de labores de maestros en la huelga ya mencionada. Este hecho permitió a los miembros del CSU salir del edificio de Rectoría sin asumir ningún compromiso, situación que se mantendría inexorable dramática.

En este escenario de tensiones y la crisis en el año de 1989 en la ECPs, se concretó en la propuesta del Seminario Academia Realidad que se venía impulsando meses atrás de ese año. Desde el año de 1986 se discutía con las autoridades la necesidad de realizar una reestructura dentro de la ECPs, con las características que esta debiera responder a las necesidades del contexto del país matizado por la represión política, el empobrecimiento y la exclusión de la población indígena, requiriendo que se reformulara una psicología más allá del psicoanálisis y el conductismo y que se abriera la discusión a la psicología Latinoamericana fuertemente apuntalada por los sacerdotes jesuitas de la Universidad Centro Americana de El Salvador y vitalizada con los aportes de estudiantes y algunos profesores en los encuentros de Psicología Centroamérica-México, del cual la última versión se había dado en la Escuela en al año 1988.

Por varios años el malestar estudiantil de una enseñanza academicista, la descontextualización de los contenidos de clases, la falta de vinculación con la realidad y la formalidad de los procesos de investigación, habían hecho mella en un amplio sector estudiantil de la ECPs. Sumando a esto la polarización de las relaciones entre la dirigencia estudiantil y las autoridades y el apoyo de los estudiantes en su mayoría, fue llevando a un descontento que se concretó con la crisis de 1989.

La propuesta simple y sencilla, pero difícil de abordar era que la ECPs asumiera un compromiso con el contexto, que los contenidos de estudios fuera la problemática del país desde la mirada de la psicología, tanto en la docencia como en la investigación y extensión. Atender esto era impensable y se adujo siempre la dificultad metodológica, situación difícil de creer cuando la ECPs venia de un ejercicio docente de unidades integradoras, que, a decir de sus precursores, en ese momento autoridades, era muy cercana a lo que se estaba proponiendo. La razón de fondo, pérdida de poder, conservadurismo y una psicología reaccionaria y acrítica.

Todo este ambiente, convulso y conflictivo era producto de lo que en el país ocurría. Después del derrocamiento de Jacobo Árbenz en 1954, los espacios de participación se fueron cerrando por medio de legislación restrictiva y de acciones represivas en aras de la defensa de la invasión comunista. La Comisión del Esclarecimiento Histórico refiere que las causas del Conflicto Armado Interno fueron la injusticia estructural, el cierre de los espacios políticos, el racismo, la profundización de una institucionalidad excluyente y antidemocrática, así como la renuencia a impulsar reformas sustantivas que pudieran haber reducido los conflictos estructurales.

Para finales de los 80s, los países de Centroamérica ya llevaban varios años en conversaciones y pláticas para atajar lo conflictos de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, y para el año 1987 en Guatemala ya se había creado la Comisión Nacional de Reconciliación, la cual convocó a la conformación del Gran Diálogo Nacional, del cual algunos dirigentes estudiantiles eran parte. Esto reflejaba el interés de los estudiantes universitarios de atajar por varias formas y maneras la grave crisis política por la que vivía el país, participando activamente en la discusión a varios niveles.

Todos estos malestares e incomodidades debieron tener buen asidero en la sede del Estado Mayor Presidencial, donde se planeó entre otras acciones, la desaparición de líderes estudiantiles para frenar la ola de dignidad y coraje que se había retomado desde los movimientos estudiantiles. Callar sus voces, desaparecer sus cuerpos, sembrar terror, fue seguramente la decisión.

Esto sería un duro golpe para detener una situación que a todas luces iría para más, tanto en el país como en la USAC y sus unidades académicas como la ECPs. Seguramente fuimos vigilados, sabían nuestros horarios, nuestros hábitos, nuestros puntos de reunión. Nos hicieron acompañar por los famosos orejas, tomaron nota de nuestras ideas y malestares, ubicarían a nuestras familias, amigos, parejas, etc. Sabrían nuestro gusto por Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa o Canto General, tenían claro que Freire, Makarenko, Vygotsky o Marx acompañaban nuestras noches de desvelo y que estaban presentes en nuestras largas y apasionadas discusiones en la sede de la Asociación, en la zona 1, 7 o 19.

Pero sobre todo sabían muy bien la lección de terror que les enseñaron a los que visitaron la Escuela de las Américas, las lecciones de la pedagogía militar y las implicaciones del terror. Tendrían de inspiración a la figura militar del Capitán, de la obra de Mario Benedetti, que finalmente era coronel y que pensaba que para dormir bien y ver a los ojos a sus hijos debían hacer bien su trabajo, torturar, masacrar, desaparecer.

Lo demás es historia contada, pero también olvidada. Aquel agosto negro del 89, diez estudiantes fueron desaparecidos, algunos de ellos encontrados asesinados y torturados, varios de ellos autoridades universitarias -miembros de consejos o juntas directivas, profesores universitarios y estudiantes, de las facultades de Humanidades, Ciencias Químicas y Farmacia y Agronomía, Escuelas de Ciencia Política y Ciencias Psicológicas.

El 21 de agosto fue detenido y desaparecido Iván Ernesto González representante estudiantil ante el Consejo Directivo de la ECPs y miembro de la AEU, el 22 Carlos Contreras Conde, también representante estudiantil ante el Consejo Directivo de la ECPs y máximo dirigente del Movimiento Estudiantil Universitario fue secuestrado. Los días fueran trascurriendo y los secuestros continuaron, hasta el fatídico número de 10. El trabajo de “inteligencia” y el infiltrado logro su cometido, segar la vida de estudiantes, profesores y dirigentes políticos de la USAC.

Razones para que aquella reunión no se diera son evidentes, a cambio de ello nos reunimos cerca del estadio del Trébol para organizarnos y visitar a las familias de nuestros compañeros Carlos Contreras Conde e Iván Ernesto Gonzales y comunicarles la noticia de su desaparición. Fue una noche sórdida, fría, húmeda y oscura como ninguna. No sé si el clima así era, pero seguro que nuestro ánimo y tristeza no nos permitía ver otra cosa. Quedaba el recuerdo de luchas comunes, de aprendizajes dolorosos, de desafiar a la autoridad y al peligro con la honestidad de la juventud.

Como era de esperar la diáspora de la partida ocurrió. No supimos por varias semanas del paradero de algunos compañeros y compañeras. Reuniones con cierta seguridad y discretas se dieron semanas después, donde nos enterábamos de la magnitud de la envestida. También, nos enteramos del poco interés del CSU por denunciar la situación y solicitar que se esclarecieran los hechos. Fueron miembros del Consejo Superior Universitario de Centro América, estudiantes y profesores quienes lazaron la voz firmemente para dar a conocer los hechos y pidiendo justicia.

Agosto y Septiembre fueron meses de reacomodo de las fuerzas oscuras del país y construcción de argumentos reaccionarios para que el estado de la situación regresa a lo que fue.

El país regresó a una tensa calma, la Universidad no se movilizó casi para ningún lugar, en la ECPs, se abandonó la discusión de la realidad del país y la psicología esperaría años para repensarse en el país. No se procuró esclarecer el secuestro de los compañeros, como en todo acto vil y deleznable, se silenció institucionalmente el recuerdo, se naturalizó con la infaltable aseveración “en algo estaban metidos”.

A pesar de ello, un año después en 1990, se elegiría a un nuevo Consejo, que ganaría Acción Integrada, de igual forma la Asociación, el Consejo Académico no se conformaría.

Producto de aquellos afanes en la que participaron muchos líderes, estudiantes de psicología de finales de la década de los 80s quedaría la aprobación del primer Ejercicio Profesional Supervisado al cual acudieron varios estudiantes valientes, los cuales se realizaron sobre todo en las áreas donde el Conflicto Armado Interno había sido cruel, alguna fuerza tomó la orientación social de la psicología, producto de ello se darían las primeras tesis vinculadas a la psicología del terror, Vygotsky sería admitido tímidamente y el proyecto de reestructura en la ECPs y de Reforma Universitaria dormiría por años.

A 30 años de aquellos acontecimientos la memoria de los compañeros, sus luchas y la construcción de un país con menos desigualdades reclama la revisión de lo acontecido y la lucha por la Reforma Universitaria sigue vigente.

Estas líneas fueron inspiradas entre otros esfuerzos para dignificar la memoria de los 10 estudiantes desparecidos: Silvia María Azurdia Utrera, Víctor Hugo Rodríguez Jaramillo, Conde, Aarón Ochoa Ramíreza y Hugo Leonel Gramajo López, Mario Arturo de Leon Ménades, Carlos Humberto Cabrera Rivera, Carlos Humberto Chutá Camey y Eduardo Antonio Lupes Palencia, especialmente Iván Ernesto González Fuentes, Carlos Ernesto Contreras miembros del Consejo Directivo de la Escuela de Ciencias Psicológicas del año 1989.

Solo queremos ser humanos

¡Aquí no lloró nadie!
¡Aquí solo queremos ser humanos!
Darle paisaje al ciego,
sonatas a los sordos,
corazón al malvado,
esqueleto al viento,
coágulos al hemofílico
y una patada patronal
y un recuerdo que nos llora el pecho.

Cuando se ha estado debajo de las sábanas viudas.
Cuando se ha visto transitar el hambre en sentido contrario.

Cuando se ha temblado en el vientre de la madre,
sin conocer aún el aire, la luz, el grito de la muerte.
 
Cuando eso nos sucede, no lloran los ojos
sino la sangre humana y lastimada.

¡Aquí no lloró nadie!
¡Aquí solo queremos ser humanos!
Recordarle la patria al desterrado
para verlo revolcarse en la nostalgia:
cargar un pan en una calle de hambrientos
para que se lancen a mordernos hasta el alma,
darle cara de gallina a la miseria
para que la pueda devorar el hambre,
darle sabor de trigo a la saliva sola
y espíritu de leche a la tormenta.

Cuando se ha nacido entre pañales rotos
y cuando se ha nacido sin pañales.

Cuando nos han limpiado pulcramente el aparato digestivo.

Cuando se nos dice, comed,
comed vuestra miseria, desgraciados.
Cuando eso acontece, no es llanto el que destilan las pupilas,
es una simple costumbre de exprimir los puños en los ojos
y decir: aquí no lloró nadie,
aquí solo queremos ser humanos:
comer, reír, enamorarse, vivir,
vivir la vida y no moriría.

Aquí no lloró nadie.

Otto Rene Castillo

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.