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Todos los días son Día de la Tierra
Por Robert T. Lester - Guatemala, 1 de mayo de 2005

En realidad, todos los días son Día de la Tierra, por el simple hecho de que los impactos ambientales surgen de la suma de las pequeñas decisiones que cada uno de nosotros tomamos como individuos en nuestras vidas cotidianas. El ensayista norteamericano Norman Cousins escribió "No hay nada más poderoso que el individuo que actúa con su conciencia, porque ayuda así a animar la conciencia colectiva."

En esta época en la que acostumbramos hablar de la "responsabilidad empresarial social" o la "responsabilidad corporativa", es instructivo recordar que las corporaciones y otras instituciones solo pueden ser tan responsables en la medida que las personas dentro de las mismas lo sean. La responsabilidad empieza con el individuo.

Los defensores de la economía neoliberal y de otras ideologías y filosofías basadas en el ejercicio imperativo de la responsabilidad y en la elección personal, a veces se olvidan de que es necesario aplicar estos mismos principios en todas las decisiones minúsculas que tomamos cada día acerca de nuestro impacto ambiental y social: ¿Qué comemos? ¿qué clase de café tomamos? Si apagamos el chorro mientras nos afeitamos y si nos estamos bañando con una regadera de cabeza de bajo flujo. ¿Qué tipo de cosméticos y productos personales utilizamos? ¿cómo disponemos de nuestros desechos sólidos? ¿con qué tipo de ropa elegimos vestirnos? Si apagamos las luces después del salir del cuarto. ¿qué tipo de transporte utilizamos para llegar al trabajo? ¿qué clase de carro, electrodomésticos y otros productos decidimos comprar?

Todas estas decisiones, y cientos más que tomamos cada día, tienen un impacto profundo sobre nuestro entorno ambiental y social. Uno de los principales impactos positivos de los tratados de libre comercio, sería un creciente poder e influencia de los individuos a través de sus decisiones y patrones de consumo. Eventualmente, el poder del consumidor y la competencia cambiarán el lamentable hecho de que los guatemaltecos están acostumbrados, en muchos casos, a pagar precios más altos por servicios y productos inferiores.

Muchas personas dicen que las decisiones que tomamos como individuos son demasiado pequeñas y aisladas, para tener importancia o impacto, pero esta perspectiva no da suficiente crédito a la importancia del individuo en la formación de la conciencia colectiva y los posibles hechos que posteriormente radican en esa conciencia.

Otras personas dirían quizá que en Guatemala no existe una "cultura" del medioambiente, pero según este criterio, tampoco hay una cultura de transparencia o no corrupción. Sin embargo, luchamos para promover e institucionalizar estos principios en las instituciones del estado y las corporaciones privadas, bajo el supuesto de que se puede crear esa cultura. Y es claro que se puede: se ve este fenómeno en el caso de guatemaltecos que se trasladan a Norteamérica o Europa, y que aprenden la cultura y empiezan a comportarse como cualquier otro ciudadano de esos lugares.

Claro que en Guatemala también faltan mejores sistemas e infraestructura que permitan a sus ciudadanos (como individuos y en forma colectiva) tomar mejores decisiones que minimicen sus impactos sobre el medioambiente. Al mismo tiempo, el papel primordial de la educación es claro, pues así se cambia una gran parte de la conciencia colectiva, persona por persona; pero no sólo es problema de educación formal. La clase media alta y superior en Guatemala, es igual o más derrochadora que el típico norteamericano. En este caso existe otro factor: falta de responsabilidad del individuo, lo cual no se limita a ninguna clase socioeconómica, etnia, edad, género o nacionalidad.

Aun la gente más apasionada con el tema del medioambiente no actúa como debería el ciento por ciento del tiempo. A algunas personas les gusta usar carros grandes que rinden muy poco kilometraje, mientras a otras les disgusta reciclar, o lavan su ropa mucho más de lo necesario.

Obviamente, nadie es perfecto. Lo importante es tratar de ser consciente y hacer las cosas como se debería. Si cada persona del mundo hiciera sólo el cincuenta por ciento de lo posible dentro del rango de sus posibilidades, sería una gran contribución para la preservación del planeta. Si quiere evaluar su "huella ecológica" puede visitar la dirección de internet: http://www.earthday.org/Footprint/index.asp (es algo sencilla pero es una buena herramienta de concientización).

Fuente: de www.sigloxxi.com


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