Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 14 - 2018

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Codeca: una disrupción necesaria en la narrativa política
Por Rosa Tock Quiñónez - Guatemala , 18 de octubre de 2018

Una amiga y colega muy acuciosa y enterada de la situación en Guatemala, me preguntó hace unos días que qué le sugeriría yo al Comité de Desarrollo Campesino (Codeca) para salir de la crisis, viendo hacia el futuro. ¡Vaya pregunta del millón! La refundación de un Estado cuasi fallido en momentos en que la política por su naturaleza corrupto-clientelar provoca polarización y genera más anticuerpos que adhesiones cívicas, se presenta como uno de los desafíos más tenaces de las últimas tres décadas.

Codeca ciertamente ha librado una lucha incansable por los derechos de los campesinos y la defensa de sus territorios, y como tal, se ha ganado un espacio en el ecosistema político guatemalteco, siendo un actor relevante que ya no puede ser ignorado. Las causas de raíz que provocaron casi cuatro décadas de conflicto interno (exclusión socioeconómica, racismo, concentración de la tierra y la riqueza, marginación y cierre de espacios políticos, entre otros) no han sido resueltas después de tres décadas de democracia y dos de ausencia de guerra. Allí están los cientos de estudios y estadísticas que posicionan al país entre los más rezagados del mundo, con indicadores sociales e inequidades indignantes cuando estamos por iniciar la segunda década de este siglo de proezas tecnológicas y científicas.

En Guatemala, particularmente en el campo, los problemas de ayer son todavía la agenda de hoy. Y por mucho que se pretenda criminalizar al movimiento, este ha sido capaz de ofrecer alternativas al establecimiento. De allí que las élites y clases medias y altas acomodadas tengan temor a dicha organización. Su presencia provoca tal nivel de rechazo racista y clasista, que incluso ha derivado en el asesinato de varios de sus miembros, los cuales todavía permanecen sin esclarecerse completamente.

Codeca, en su anhelo desde 2012 de caminar hacia lo que denomina un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional, delinea una plataforma disruptiva y necesaria en el actual discurso político que debe nutrirse del impostergable debate sobre nuevas formas de concebir al Estado y la democracia, y delinear principios de inclusión, representación y negociación con actores históricamente invisibilizados.

¿Qué puede alguien como yo que nunca vivió ni vive la difícil situación del campesinado sugerir a Codeca? Pues no mucho, si no nada. Solo aquellos que viven en carne propia los embates de un sistema económico elitista y corporativo que expulsa a sus habitantes a emigrar del campo a la ciudad o al lejano norte, son los únicos que pueden presentar soluciones desde sus perspectivas singulares. A la ciudadanía corresponderá sopesar su propuesta, como la de otras organizaciones, y al brazo político de la organización (el Movimiento de Liberación de los Pueblos o MLP) competir en lo que es todavía hoy una fauna política indomable, tradicionalmente criolla y sempiternamente corrupta.

Lo que sí puedo afirmar es que veo en sus propuestas una agenda pertinente para empezar a discutir la refundación del Estado guatemalteco y el desarrollo integral del país. El componente de educación, formación y socialización del proceso con la ciudadanía es invaluable. Creo que su viabilidad dependerá –como cualquier otra opción político-partidista– de líderes y lideresas auténticos/as, estratégicos/as y pragmáticos/as que sepan leer, negociar y navegar el difícil entramado de poder e intereses en contienda para armar las alianzas que, sostenidas por sus bases, logren ir cambiando la narrativa de la polarización hacia una de unión, esperanza, y futuro.

Una narrativa que logre amarrar las aspiraciones del campo y la ciudad, de las clases medias, de estudiantes y profesionales, de los sectores populares e indígenas. Una narrativa que no invalide acercamientos con poderes económicos también disruptivos –que los hay– para sopesar intereses comunes, siendo uno de ellos la lucha contra la corrupción y la impunidad. Y, sobre todo, pensar en un horizonte de tiempo que no se limite a estas elecciones y coyuntura, apostando por un proyecto de por lo menos dos generaciones.

Otra manera de ponerlo es, como bien enfatiza el sociólogo Alejandro Flores (quien se decanta por la propuesta de URNG), formar parte de una alianza antifascista en defensa del pluralismo. Porque, como indica, por sí solas, las fuerzas progresistas la tienen difícil.

Fuente; www.gazeta.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.