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Rojo-cardenal, rojo-puta
Por Ramón Urzúa Navas - Guatemala, 4 de octubre de 2004
mesarredonda@yahoo.es

Dos entremeses han dominado la palestra nacional en los días recientes. El primero de ellos implica a un Cardenal y un Presidente, y el otro, a un respetable elenco de rameras. Y perdone usted lo previsible, pero se han proferido tantas chorradas que yo también quiero arrimar las mías.

El enredo presidencial-cardenalicio se ha inflado de tal manera que corremos el riesgo de desviar la trayectoria de un meteorito y atraerlo a la gravedad terrestre, con posible colisión fatal contra la falla del Motagua y consecuente cataclismo que acabaría con la Era Cenozoica de Bush, Putín, Sharón y Berger.

¿A qué la escandalera? Aunque Su Eminencia no tenga ni zorra idea de mineras o hidroeléctricas, tiene todo el derecho de expresar lo que le venga en ilustrísima gana; y lo digo desde una postura anticlerical. Tomarlo en serio es otra cosa, resultante de lo cual es la formidable indiscreción del Presidente, tan ágrafo a la hora de pensar.
El Arzobispo puede perfectamente opinar sobre la poesía turca de los 90 o la flora de las tundras siberianas: da igual lo que diga. En otros países, el asunto no habría pasado de darle a Monseñor tres palmaditas en la espalda y decirle que se diera una vuelta por el parque. Para opiniones serias, se habría llamado a consulta a un grupo imparcial de expertos y ya está. Ni Quezada, ni Berger, ni ninguna ONG, aserejé ja dejé, están cognitivamente autorizados para entender de ingeniería a ese nivel.

Y vamos al burdel: el Cristo evangélico no tuvo inconveniente en juntar a los niños y a las furcias en el mismo pelotón. Allí está María Magdalena: básicamente una puta que, puesta a llorar, terminó llevada en andas. ¿Por qué, pues, la actitud imbécil del gerente “futeco” –quien no es mi pariente– cuando a las dignas señoras les dio por el balón? Cuánto sepulcro blanqueado. Cuánta madre menopáusica que va de irreprochable. Cuánto padre fariseo que acabará sifilítico consumido en su propia ignorancia. Si la cosa va por el reality, prefiero cien mil veces el ojo de Andrés y los dos españoles a toda la hipocresía nauseabunda que circula a diario en negro sobre blanco, y una rosa para cada prostituta.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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