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Entre burros y elefantes
Por Ramón Urzúa Navas - Guatemala, 18 de octubre de 2004
mesarredonda@yahoo.es

El ambiente respirable en el septentrional país del águila calva y patitiesa se pliega a todo paladar, sirve a todo propósito y marea a todo aparato digestivo mientras ya mareó a todas las perdices. Promociones, pancartas, detergentes, los debates, el mentís, el voto de los jóvenes, la hija lesbiana de Cheney y toda esta confusión de lenguas angélicas llevan meses reventando tímpanos decentes, al tiempo que desorbitan de su cuenco globos oculares simultáneamente sepultados por una avalancha de discursos icónicos que son la deshonra de cualquier depresión. Es decir, nada que en Guatemala no consideremos normal en año de sufragios, con la excepción de que el propagandístico ballet de los millones, aquí arriba, tiene su teatro de la ópera en Wall Street y se maquilla en holdings elegantes, cuando en Guatemala no pasa de tertulia de compadres poco chic. O con la excepción de que hay en el tablero una hija vicepresidencial que es gay a banderas desplegadas, y sin embargo, republicana y directora de campaña de papá, a sabiendas de que el jefe de papá opina lo que opina de los gays. O con la excepción de que Estados Unidos se esmera en ser la cabeza del mundo y Guatemala se desvive en ser su trasero. Bueno, olvide usted las excepciones, pero queda la esencia infecta de una elección que en uno inspira vivos deseos de ser una piedra.

Y en esas anda el diablo, muy bueno lo suyo, haciéndonos creer que demócratas y republicanos vienen a ser el babor y el estribor de esta carabela política que se desplaza con misiles y tanquetas por las aguas planetarias. Haciéndonos creer que demócratas y republicanos están en las respectivas antípodas del otro. Haciéndonos creer que el mundo será mejor cuando gane o no gane quien ganare. Bobadas. Quienes felicitan a la venerable Barbara por el hijo que cometió con George padre, ya podrán barritar de la emoción porque el buen Kerry adoptaría un belicismo aproximado, acaso con una tenue pátina de consenso internacional perfectamente tolerable. Y, así, quienes aún creían en este veterano de guerra ya podrán de su caverna después de haber asistido a las tres farsas que la prensa del mundo llamó debates.

El futuro próximo será de guerra o no será. No es bien visto patear el hormiguero y huir al galope sin haber fumigado a todas las hormigas, caso de Irak. Y yo no oculto el repelús cuando veo tropas utilizar este campus como campo de entrenamiento. El Army se presenta como opción a toda costa; ha invadido incluso mi privacidad, ya por papel o por correo electrónico, y me invita a ser parte de su gloria combativa con la zanahoria de la educación para servir a mi país (¡!). ¿Sabrá esta gente que mi país es, mal que bien, Guatemala? Si no, ¿dónde está su servicio de inteligencia? ¿Es esto parte de su “Selective Service System”, como reza mi invitación? ¿Hacen lo propio con todo extranjero que estudia en Estados Unidos? ¿Y qué tal si, en uno de estos reclutamientos interactivos, enrolan a un terrorista? Ole la gracia.

El otro día, mientras caminaba a la universidad, me interceptó un grupo exultante de chicos y chicas cuya función consiste en empadronar a todo el mundo (mera figura del lenguaje: en estos comicios mundiales sólo votará un país). Les dije amablemente que no votaría. Y, si pudiera, no lo haría por ninguno. Les conté un poco de cuanto ha perpetrado su país en el mío y en la Tierra, luego sonreí, di media vuelta y me fui a tomar un café. Casi me parece haber visto a una chica con ganas contenidas de llorar.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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