Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La izquierda después de las urnas
Por Miguel Angel Sandoval

La dirigencia de la ANN no es la responsable del voto que la coloca como fuerza política en el área central del país, y a Nineth Montenegro como una lideresa de izquierda

Dos temas ocuparon parte del análisis, después de conocerse los primeros resultados de las elecciones del pasado 9 de noviembre: la clara derrota del riosmontismo y los magros resultados electorales de la izquierda.

Los problemas técnicos del padrón electoral y los estallidos de violencia en varios municipios del país, no fueron los más comentados, debido a que la respuesta de un electorado informado superó, en parte, estas anomalías. La derrota del general Efraín Ríos Montt fue motivo de júbilo nacional sin lugar a dudas, mientras que los pobres resultados de la izquierda partidaria generaron preocupación en sectores de la izquierda social, y al momento no
se sabe cuál es la reflexión en los organismos dirigenciales de la Alianza Nueva Nación (ANN) y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatematemalteca (URNG).

Este ángulo del análisis resulta interesante, porque la crítica de la
izquierda corresponde a quienes reivindican esa corriente de pensamiento. Es cierto que la ANN obtuvo 6 diputados, pero los mismos sólo se pueden atribuir al fenómeno político representado por Nineth Montenegro. Sin su participación acaso se hubiera podido alcanzar una diputación y muchos apuestan a que ni eso.

Y lo señalado se puede observar al analizar las cifras de la votación
nacional. Mientras que en el área urbana el porcentaje llegó al 53 por ciento y en los municipios conturbados al 22.6, por el efecto Nineth, en el resto del país las cifras permiten pensar que la ANN, con menos de uno por ciento y sólo en un par de lugares con 2 por ciento, está al nivel de los partidos que perdieron el registro. Son los datos fríos de los resultados electorales.

En el caso de Nineth, su campaña se hizo fuera y sin la colaboración del partido obligado a postularla, por exigencia de organizaciones sociales. Al grado que, en los primeros momentos de la campaña electoral, algunos de los cuadros de la ANN se permitían decir que no estaba decidida la postulación de la única posibilidad electoral de la izquierda. Es decir que la dirigencia de ANN no es la responsable del voto que la coloca como fuerza política en el área central del país, y a Nineth Montenegro como una lideresa de izquierda con respaldo social, que es a lo que cualquier político debería de aspirar.

El caso de la URNG es igualmente dramático. Con las primeras encuestas el destino parecía ser el de su desaparición como partido legalmente inscrito. Su porcentaje nacional es apenas de un 2 por ciento, con lo cual no alcanzaba a mantener su calidad, y haber logrado un par de diputaciones por el mecanismo de minorías, sólo indica que la URNG está muy lejos de ser la fuerza referente del conflicto armado, de la firma de la paz y de la izquierda.

El magro resultado obliga a una discusión amplia y seria en su interior, pues hasta la ultima reunión pública de cierre de campaña, insistió en su paso a la segunda vuelta cuando todas las encuestas le daban apenas un dos por ciento de intención de voto, lo cual es efectivamente el resultado alcanzado.

Pero hay algo más. El discurso del gobierno diferente y la apuesta a ser considerada como la única fuerza de la izquierda demostró ser
contradictorio. Especialmente cuando no tuvo el carácter de plantear un proyecto de izquierda y luchar por un gobierno de izquierda.

En suma, parecería que lo que corresponde es iniciar un amplio y franco proceso de refundación de la izquierda en nuestro país, pues las dos fuerzas legalmente inscritas, esto es la ANN y la URNG, no tienen la confianza ciudadana y ni expresan los intereses de las mayorías. Son los datos inapelables de las urnas en un proceso democrático.

De múltiples maneras se ha insistido que la izquierda guatemalteca es variada, plural, multiforme, y que la misma participa de muchos espacios y se encuentra en numerosas de las luchas sociales, pero esto es algo que a la fecha no han querido entender las dos expresiones legales de la misma. El ú nico parámetro que parecen entender es el de la membresía que se mueve a las órdenes de las dirigencias iluminadas. Es lo que ilustran los resultados, que lo primero que deben provocar es un relevo generacional en estas organizaciones, con el recambio de las direcciones nacionales de estos partidos.

Pero no se crea que la izquierda no partidaria se encuentra quieta. Desde antes de la debacle electoral de ésta, se encuentra en un proceso de discusión y análisis que seguramente deba desembocar en un proyecto que contribuya a la refundación política de la izquierda guatemalteca. Y ello con la certeza que se trata de un proyecto con contenidos revolucionarios, con la ética en el centro de su propuesta, con integración multiétnica y equidad entre hombres y mujeres, con equilibrio entre jóvenes y viejos, campo y ciudad, así como entre trabajadores manuales e intelectuales.

Con un programa que como mínimo incorpore los temas pendientes de los Acuerdos de Paz, la lucha agraria, sin pasar por el mercado, la crítica permanente a la globalización corporativa, y sobre todo, hacerlo a partir de una organización de masas, ligada a sus demandas, intereses, sueños y aspiraciones más urgentes.

Es un buen momento para iniciar la transición democrática de la izquierda y ello pasa por el más amplio debate político en la historia de esta corriente político-ideológica, si se dejan de lado las viejas prácticas, los liderazgos que nadie identifica, las disciplinas acríticas y todos los mecanismos heredados de la guerra y la clandestinidad. En ello va la posibilidad de ofrecer una alternativa de nación.

La izquierda es un fenómeno social, político, ideológico y cultural vivo. Tiene variadas expresiones, y por ello no puede ser vista como algo monolítico. De ahí deriva su agenda, que es compleja. Su naturaleza la empuja hacia las transformaciones sociales que tengan en el centro de su discurso una mayor justicia social y las mayores cuotas de libertad. Es el programa histórico, que se revitaliza de manera permanente.

Si bien es cierto que es necesario construir nuevos parámetros para su acción, no hay que olvidar que ello no puede ser mediante el abandono de sus raíces históricas que, en términos políticos, no puede ser acudiendo al expediente de correrse al centro, pues con ello pierde su naturaleza. Es cierto que el comunismo como propuesta fracasó, si se quiere de manera coyuntural, pero no es menos cierto, como señala el pensador italiano Norberto Bobbio, que las demandas históricas que levantó siguen presentes y
exigen su realización.

La propuesta de una sociedad más justa y más humana tiene vigencia plena.

Tomado de www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.