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Refundar la izquierda
por Miguel Angel Sandoval - Diciembre 2003

Los resultados electorales de la izquierda en las elecciones del 9 de noviembre pueden ser calificados como un verdadero desastre. Salvo el éxito indiscutido de Nineth Montenegro, los porcentajes se sitúan en torno a un 2 por ciento nacional, tanto en ANN como en URNG. Sin duda estamos ante una profunda crisis de esta corriente política. No existen atenuantes.

El futuro de la misma se encuentra seriamente comprometido si no se produce un amplio proceso de reflexión, una seria autocrítica, y sobre todo, cambios profundos, tanto en sus estructuras dirigenciales como en la definición de sus métodos y formas de organización, así como en su discurso político.

Por ello no se puede vacilar al señalar que la izquierda se encuentra ante la necesidad de una verdadera refundación, y llamada a realizar, luego de la firma de la paz y con las experiencias negativas de actuación ante dos gobiernos, un proceso que termine con los lastres de la guerra en el pensamiento y acción de su membresía.

No se trata de discutir ahora si la agenda global de la izquierda que demanda una sociedad mas justa y equitativa se encuentra lejos de las aspiraciones de la sociedad guatemalteca. Todo lo contrario, pues pocas veces como ahora la sociedad y el país requieren cambios, demandan oportunidades, están urgidos de equidad.

El debate tiene que ver con los errores de la izquierda, con las omisiones, con la solución de una buena vez de sus pequeñas disputas y dar paso a una reflexión que no puede ser postergada por mas tiempo. Se trata de colocar el programa de la izquierda en el imaginario de la sociedad guatemalteca, en la agenda de los más diversos sectores sociales, y demostrar que la izquierda puede ser moderna sin abandonar su proyecto histórico.

No es cierto, para señalar un aspecto, que la solución al problema agrario no tenga en una reforma agraria un punto de arranque, ni que éste planteamiento sea obsoleto. Al contrario, lo que es obsoleto es el modelo económico vinculado a lo agrario y heredado desde el siglo XIX, la sobre explotación de la mano de obra campesina, la dependencia alimentaria, y la exclusión social.

De la misma manera, la izquierda puede y debe ser democrática sin perder su radicalidad. Dar pasos hacia el “centro” no puede ser mas que producto del oportunismo político y dar como resultado la perdida de la identidad. De naturaleza diferente es el tema de las alianzas que como se sabe las hay de múltiples contenidos. De alcance coyuntural o electoral, pero sin dejar en el camino el proyecto histórico.

En otras ocasiones he insistido en que la izquierda guatemalteca es amplia, diversa, plural, y que la misma se encuentra en muchos espacios y numerosas luchas sociales. Asimismo es un hecho comprobable que la izquierda es un fenómeno histórico, social, político, ideológico y cultural. Por lo tanto no puede ser encasillada en modelos organizativos rebasados por la practica social.

A manera de ejemplo, el movimiento mundial contra la globalización corporativa denominado globalifobico o altermundista, si algo enseña es la multiplicidad de formas organizativas, su diversidad, su carácter plural, su agilidad y capacidad movilizadora, pero al mismo tiempo su radicalidad al plantear que otro mundo es posible.

En el caso nuestro el análisis de los hechos y los resultados de las organizaciones partidarias que ahora de manera expresa están sumergidas en una profunda crisis ( o por lo menos deberían estarlo) nos dice que se ha a producido un desencuentro entre la sociedad y sus demandas, con las ofertas de la izquierda que ha perdido la capacidad de interpretar a los más diversos sectores sociales.

Ello no puede ser motivo de festejo, pues si somos medianamente realistas, las perspectivas que se vislumbran con los resultados de la segunda vuelta electoral no son halagüeñas. La agenda de la paz no está a la orden del día, y otros temas de la agenda social no forman parte de las propuestas programáticas de las fuerzas políticas que deben hacer gobierno a partir de 2004.

La refundación de la izquierda es inaplazable y en la misma quienes nos reivindicamos de esa corriente estamos llamados a participar. No se trata ahora de iniciar una nueva disputa por los platos rotos y la magnitud del desastre electoral, se trata de encontrar las vetas que permitan esa nueva refundación que inicie una nueva era para la izquierda en nuestro país.

En este proceso la izquierda esta llamada a proponer una nueva forma de hacer política, pues si somos medianamente objetivos, es necesario concluir que en este terreno la izquierda no ha sabido hacer aportes y se ha sumado a la vieja política criolla con sus usos y costumbres. Y en ello se debe retomar como algo fundante el rol de la ética en la política.

Es profundamente equivocado pretender que la izquierda como expresión de un proyecto alternativo de nación esta rebasada por los efectos de la globalización y toda esta parafernalia ideológica de la derecha. El discurso que busca una sociedad mas justa, más igualitaria, más humana y más libre, es actual.

Y ello tiene en el caso de nuestro país nombre y apellido. Es la reforma agraria, la lucha por la soberanía nacional, los derechos de los pueblos indígenas, la equidad de genero, los derechos laborales, la democratización del sistema de partidos políticos, la desmilitarización real, la responsabilidad fiscal de toda la sociedad empezando con los empresarios evasores, la plena vigencia de los derechos humanos de manera integral y la critica de la globalización corporativa.

Esa es la agenda mínima de la izquierda y ello no puede ser sustituido por cualquier discurso de la derecha apelando a las nuevas realidades de la postmodernidad o el fin de las ideologías. Y para estar a la altura de estas demandas, la izquierda partidaria y no partidaria debe abordar su refundación a partir de un amplio y sereno proceso de debate amplio y publico, que permita encontrar como se hizo siempre, las razones para abrazar la causa por otro mundo que es posible.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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