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Diversidad cultural y exclusión económica
por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 19 de agosto de 2004

Los derechos para los indígenas son algo más que interculturalidad

Los últimos días vimos al Gobierno y a Cirma, una institución de investigación, hacer votos para el desarrollo de relaciones interculturales en nuestro país. De la misma manera, leímos a connotados académicos, políticos o intelectuales mayas hablar de las fortalezas de la diversidad cultural, étnica o lingüística, pero sin abordar a fondo el tema de la exclusión económica.

Y creo que en nuestro país el factor que potencia elementos como el racismo está en la exclusión económica, que como lo indica el reportaje dominical de Prensa Libre, en Guatemala 64 por ciento de los ingresos están concentrados en el 6 por ciento de la población, mientras que el 57 por ciento de los hogares está en pobreza y el 21.5 por ciento en pobreza extrema, para el olímpico 78.5 por ciento de gente pobre, en donde de cada 10 hogares indígenas (mayoría nacional) siete viven en pobreza y tres en pobreza extrema. ¿Esta es la diversidad que se busca?

En este contexto, creo que levantar la bandera de la interculturalidad como política, sin dotar este esfuerzo de bases económicas que la sustenten, no deja de ser una canción de cuna. La base de la interculturalidad está en el reordenamiento económico y político del país, en el acceso a recursos por parte de los indígenas. Lo contrario es la política del buen samaritano.

En algún debate sobre el tema, ante el escándalo de los presentes, decía que una relación intercultural podría perfectamente desarrollarse entre el patrón y el esclavo, entre el finquero y el mozo de la finca. Claro que esto es un argumento fuerte y poco académico ¿menos hipócrita?, pero en el debate democrático hay que exponer los diferentes puntos de vista sin quedarse en el terreno de las medias palabras.

En los primeros años luego de finalizado en conflicto armado, pude observar como el discurso gubernamental se movía poco a poco, pero de manera firme, de la demanda de derechos para los pueblos indígenas a una política de Interculturalidad. Parecería lo mismo, pero no. En esta perspectiva afirmo que la única posibilidad de relaciones interculturales se encuentra en la vigencia plena de los derechos indígenas, pues lo contrario es la palmadita de hombro y la risita de compromiso, aunque todo siga igual.

Los derechos para los pueblos indígenas son algo más que interculturalidad. Significan derechos económicos, sociales, políticos y, por supuesto, culturales. Es algo que las cifras incluidas en el reportaje citado nos presentan como la base de las relaciones de dominación, de la exclusión existente y de la imposibilidad estructural de relaciones interculturales como las buenas conciencias demandan en estos días.

Lo que señalo tiene nombre y apellido: tierra, trabajo y capital para los pueblos indígenas, representación política acorde a su demanda por ser mayoría de la población, modificar la Constitución Política para que tengan derechos reales, con autonomías incluidas si ello se plantea, respeto a su cosmovisión, idiomas, vigencia plena del derecho maya o consuetudinario, respeto a sus formas de representación política, que dejen ser objeto de venta turística mientras los echan de Tikal. Luego de esto agreguemos interculturalidad.

Aunque también podríamos plantear el asunto de una manera menos académica, y ello se podría decir desde el poder de esta manera: “Está bien, te doy la interculturalidad y no te saco del Tarro Dorado ni de la Biblioteca, pero esto sin tierra, sin derechos políticos, sin reconocer en la práctica el Convenio 169 y sobre todo sin acceso al poder”.

En otras palabras, se dice siempre desde el poder, podemos ser interculturales, pero sin ver nunca a un indígena como presidente de la República, del Cacif, como presidenta del Congreso, como procurador de los Derechos Humanos, o como propietario del Tarro Dorado. Esto para decirlo, siempre desde el poder, usando una frase que puede levantar indignación entre las buenas conciencias interculturales, quiere decir, sin pelos en la lengua, que sin derechos económicos y políticos, la interculturalidad es la variable moderna de aquella frase que dice: “Aparte somos nosotros, aparte los naturales”.

Tomado de www.prensalibre.com


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