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Adiós a Minugua
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 7 de octubre de 2004

El cambio de la rosa y el encendido de la llama de la paz no alcanzan para convencer a nadie de que el proceso avanza.

El 30 septiembre fue presentado el último informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre el proceso de paz en Guatemala, y su representante en el país Tom Koenigs hizo un balance de los avances y los temas pendientes en el proceso, así como subrayó retrocesos evidentes en el mismo.

Ello es revelador del abandono real en que se encuentra la agenda de la paz. Es un informe que anuncia un cambio de época, a pesar de la indiferencia gubernamental que se expresa en la ausencia de comentario al informe del secretario general de las Naciones Unidas.

El balance de Koenigs es apabullante, pues señala, “Los diferentes gobiernos se han comprometido a cumplir con los acuerdos de paz, para luego mostrar una voluntad política vacilante”.

Ello, desprovisto del ropaje diplomático significa que los tres gobiernos que se comprometieron con el proceso lo hicieron del diente al labio.

Uno de los avances fue la creación de la PNC, que el informe, ante el evidente clima de inseguridad, concluye sobre “el deterioro de la PNC”.

Y ante casos como Nueva Linda con participación de la PNC, señala que deberían terminar con estas prácticas equivocadas, y que “los profundos problemas sociales de Guatemala solamente pueden resolverse a través de políticas públicas negociadas y no solamente represivas”.

En derechos humanos, luego de señalar una mejoría derivada del fin del conflicto armado, subraya la necesidad de consolidar el estado de Derecho y advierte sobre “las múltiples evidencias de que los procesos de reforma institucional se han estancado o inclusive retrocedido.

En lo militar, reconoce la reducción presupuestaria y de efectivos, la disolución del Estado Mayor y la nueva doctrina, y señala que “deben reconsiderarse las reformas constitucionales para limitar la potencial participación del Ejército en labores de seguridad interna y nombrar ministros de defensa civiles”.

Al abordar el mayor déficit señala que el Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas ha tenido medidas formales y que “la realidad cotidiana de la población indígena ha cambiado muy poco”. En ello el racismo y la exclusión de cargos de representación pública siguen siendo la norma, y sobre ello el informe es categórico.

Lo socioeconómico es visto así: “La pobreza extrema y la desigualdad del ingreso, la distribución desigual de la tierra, el estado de abandono de las áreas rurales por el Estado fueron causas del conflicto y todavía persisten”. Concluye con una afirmación que merece ser entendida por todos los sectores del país, “que Minugua termine su mandato a finales de este año no significa el fin del proceso de paz”.

Con la visita dos días después del Dalai Lama, asistimos a la parte formal del proceso de paz. El cambio de la rosa y el encendido de la llama de la paz no alcanzan para convencer a nadie que el proceso avanza.

Es de nuevo el doble discurso, las formas antes que el contenido. A mi juicio, hubiera sido de interés que el Dalai Lama recibiera el informe de Minugua, y que supiera las carencias que en términos de construcción de la paz y la democracia que vivimos en Guatemala.

Este último informe nos recuerda una agenda nacional que no debemos perder. Es la visión de las Naciones Unidas sobre el proceso que en 1996 generó tantas expectativas y esperanzas. No se ha perdido todo.

Aún hay posibilidades, a pesar de un relanzamiento formal del proceso hecho por este gobierno en febrero, que duró apenas para el acto formal de constitución de una comisión. Por este recordatorio y el trabajo realizado, mi eterna gratitud a la gestión de Minugua.

Tomado de www.prensalibre.com


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