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Elecciones en EE.UU. y Cuba
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 28 de octubre de 2004

La importancia de Cuba en estas elecciones no puede pasar desapercibida si se conoce, al menos en parte, lo que el gobierno de George Bush hace en la actualidad.

De nuevo se plantea el espinoso asunto de las relaciones EE.UU.-Cuba en el marco de las elecciones de noviembre próximo. Como se sabe, el lobby cubano de exiliados en EE.UU. es poderoso y preocupa a los candidatos pues suponen que del mismo depende el voto de miles de cubano-americanos. Es de tal magnitud que durante el denunciado fraude electoral de las elecciones anteriores, los cubano-americanos resultaron comprometidos por las denuncias hechas al respecto.

La importancia de Cuba en estas elecciones no puede pasar desapercibida si se conoce, al menos en parte, lo que el gobierno de George Bush hace en la actualidad.

Así, un informe de la “Comisión de Ayuda a una Cuba Libre” con 450 recomendaciones para derrocar a Castro e instaurar un régimen aceptable para los EE.UU., tiene el aval absoluto del actual equipo de gobierno.

Se puede estar a favor o en contra del gobierno cubano, pero no se puede aceptar que se quiera desde otro gobierno encabezar su derrocamiento. Es un tema de elemental derecho a la soberanía y al principio de no-intervención.

Las medidas que restringen las relaciones con Cuba desde EE.UU. son variadas. En la actualidad se intensifican y se ha limitado aún más el envío de remesas familiares; alguien que pertenezca al partido de gobierno no puede recibir dinero de familiares. Sólo faltaría que alguien del FRG o de la GANA no pudiera recibir ayuda familiar por disposición del gobierno de los EE.UU. Con Cuba es diferente.

Es de tal magnitud el bloqueo que la ONU rechaza, desde hace 12 años y prácticamente por unanimidad el llamado embargo. Salvo un par de votos a favor, entre los cuales una republiqueta llamada Islas Marchall, votan por EE.UU.

El resto vota en contra o se abstiene. El 18 de agosto de 2003, Kofi Annan hizo un informe señalando la necesidad de poner fin al embargo contra Cuba. Pero los EE.UU. hacen caso omiso del voto de la Asamblea General pues consideran que el tema cubano forma parte de las relaciones bilaterales y en consecuencia, dicen, la ONU no tiene nada que ver con este asunto.

El tema cubano forma parte del debate electoral entre demócratas y republicanos, pues tiene aristas internas como puede ser el rol la comunidad cubano-americano con influencias en la política hacia Cuba del gobierno de los EE.UU., así como tiene aristas que tienen que ver con la política exterior global de los EE.UU., pues si somos medianamente serios, el voto de las Asamblea General de la ONU no puede ser pasado por alto por los gobernantes de EE.UU. si se quiere devolver su credibilidad a la ONU.

Los temas indicados deberían ser motivo de atención por los candidatos a la Presidencia en los EE.UU. Pues no se puede hablar de democracia sin respetar estos derechos para Cuba al pasar por alto el voto de la ONU.

No se puede hablar de elecciones transparentes si el caso cubano, pero sobre todo las agresiones a ese país, se manejan con presiones del lobby cubano conservador de Miami.

Mas allá de establecer si los cubano-americanos son gusanos y los cubanos de Cuba son totalitarios, me parece que habría necesidad de fijar una línea franca y clara de defensa de los principios rectores de la política internacional basada en el respeto a la diferencia de regímenes y la pluralidad ideológica, al principio de autodeterminación con el respeto a la decisión que cada pueblo tiene de dotarse del gobierno que le parezca.

Es algo que debe quedar muy claro en la Cancillería guatemalteca, especialmente ahora que hablan de un proyecto de redefinición de la política exterior.

Tomado de www.prensalibre.com


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