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Escándalo educativo
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 25 de noviembre de 2004

Colegios que presumen de uniformes carísimos, no están en la lista que aprobó las pruebas de inteligencia.

Los resultados de las pruebas en centros educativos del país son, para decirlo con suavidad, dramáticos.

Apenas el ocho por ciento de la muestra en establecimientos secundarios del país aprobó las pruebas y 83 alumnos de cada cien perdió. De una muestra en 599 centros educativos, 48 aprobaron.

Habría que agregar que 80 por ciento del total nacional es privado y sólo el 20 por ciento público.

Debería ser un terremoto educativo para destruir colegios e institutos y reconstruir con nuevas bases la educación nacional.

Por ello, las pruebas impulsadas por la ministra María del Carmen Aceña deberían contar con respaldo ciudadano, pues nos permiten conocer el estado real de la educación en nuestro país y, en esa perspectiva, pensar los cambios que hacen falta. Es un asunto de la mayor trascendencia.

Necesitamos la reforma educativa contemplada en los Acuerdos de Paz que tiene ya importantes propuestas, pero no se impulsan.

Lo caro de las cuotas escolares no es garantía de nada. Hay muchos colegios que cobran más de Q1 mil por mes y venden libros entre Q500 y Q700, y no aprobaron. Son negocio para “empresarios” de la educación menos para los alumnos. Mientras, un instituto público encabeza la lista en matemática. Ello permite pensar que con un poco de atención y recursos la educación pública podría sustituir a la privada.

Conclusión de primer orden es la presencia del Estado con una intervención que merece la pena analizar en todas sus consecuencias, pues queda claro que no es el mercado el que establece la calidad educativa.

A contrapelo de una corriente extendida en el país, sólo la intervención del Estado en estas pruebas de educación permite ver que las escuelas privadas están mal. Y que se puede recuperar a las públicas.

Con la intervención del Estado se puede corregir el mercado educativo.

Habría que poner precios tope a la educación, si se toma en cuenta los malos resultados de estas pruebas. El mercado en la educación no funciona. En este sentido valdría la pena que los padres y madres de familia se preguntaran si el supuesto prestigio que se mide en cientos o miles de quetzales por mes se corresponde con resultados mediocres.

Pero en esta misma dirección es necesario establecer salarios dignos para maestros que permitan mejorar su desempeño. Con malos salarios, incluso en los colegios que cobran más de Q1 mil por mes y por alumno, es imposible retener plantillas de maestros con calidad y vocación, pues prefieren emigrar hacia otros empleos. El país necesita recursos humanos para enfrentar la globalización y ello requiere de inversión dirigida, no de negocios rentables para un puñado de gente sin escrúpulos.

Otro punto a destacar es que los resultados educativos no se miden por la cantidad de horas que los alumnos invierten en desfiles y bandas de guerra.

Así, colegios que presumen de uniformes carísimos, no están en la lista que aprobó las pruebas de inteligencia. Es notable el caso de Quetzaltenango, en donde los muchachos que hacen de los desfiles la razón de ser de sus colegios, no califican.

Finalmente, me parece que los padres de familia deberían multar a los colegios con resultados mediocres en términos educativos, cambiando a sus hijos de los colegios que no educan, sino que hacen negocio a costillas de los alumnos.

Aunque evitando precios insostenibles. O de plano ingresando a los públicos. Y los padres y madres de familia con sus asociaciones, deberían preocuparse de la calidad de la educación antes que de kermeses y excursiones que engordan a los negociantes de la educación. En próxima nota doy ejemplos de colegios y de sus prácticas antieducativas.

Fuente: www.prensalibre.com


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