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Minería: desierto seguro
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 27 de enero de 2005

Construyendo pozos no se mejoran los recursos hídricos del país. Por el contrario, la construcción de pozos sólo termina con las aguas subterráneas y ello junto con la deforestación genera sequía a corto o mediano plazo.

El asunto de la minería se complica día a día. No sólo son los temas sociales o una pésima ley de minas; es también la destrucción del medio ambiente, o los derechos indígenas violados de manera flagrante con el irrespeto del Convenio 169.

Como se sabe, las operaciones de la minera Montana en San Marcos, deben consumir alrededor de 250 mil litros de agua por hora. La ley no regula nada de ello y les autoriza a consumir la cantidad que sea necesaria.

Sí, como todo indica, la minera no descansa, la misma debe estar funcionando 24 horas por día. Eso nos arroja la suma de seis millones de litros por día, sí, seis millones de litros por día. Gratis. Por ley.

Lo anterior significa que si una familia campesina consume 30 litros diarios de agua, lo que consume la Marlin, subsidiaria de la Montana y a su vez subsidiaria de la Golmis, sería suficiente para abastecer de 30 litros diarios de agua a 200 mil familias. Y si cualquier zona de la capital tuviera por lo menos 30 litros diarios de agua por familia, no habría enfrentamientos por el vital líquido. ¿La ley lo permite?

El asunto está en que el agua no crece por generación espontánea y que las cuencas de agua son sumamente frágiles por el proceso de deforestación y la poca capacidad de almacenamiento.

Construyendo pozos no se mejoran los recursos hídricos del país. Por el contrario, la construcción de pozos sólo termina con las aguas subterráneas y ello junto con la deforestación genera sequía a corto o mediano plazo. Esto es lo que nos conduce a un desierto en nuestro país. ¿Permitido por la ley?

¿Y todo para que? ¿Para dar empleo a unas 140 personas y pagar uno por ciento de regalías? ¿Y para destruir bosques y montañas a ritmo de 14 mil toneladas diarias de roca y cerros? Lo que señalo está seriamente documentado. Es parte de los daños que se han ocasionado en otros países, por otras compañías mineras o por la misma que ahora se encuentra en Guatemala. Claro, lo permite la ley...

En un reciente programa de televisión decía que la minería no es una actividad económicamente sustentable porque se trata de recursos naturales no renovables, y el ciclo minero puede durar 10 ó 20 años. Luego el desierto, la sequía y ninguna actividad económica. Y todo para beneficio de una multinacional. Es la destrucción de cerros y montañas a razón de 14 mil toneladas diarias o más. Legalmente...

Pero sobre todo, destruyendo la ventaja comparativa de nuestro país que son los recursos naturales que podrían dar lugar al desarrollo de programas turísticos, agrícolas o artesanales, con permanencia en términos de tiempo y con empleo sostenido. Pero además con efectos multiplicadores a nivel económico. La minería es todo lo contrario.

Para ver el nivel de destrucción que se debe ocasionar basta decir que para obtener una onza de oro hace falta lavar con agua una tonelada de roca, extraída con explosivo de la montaña, con la destrucción que ello supone. No se trata de tecnología amigable con el medio ambiente. Se trata de la devastación por unas cuantas onzas de oro o de plata.

Pero con destrucción de medio ambiente, de agua, de flora y de fauna. Todo ello a cambio de limosnas, pues eso es el uno por ciento de regalías con exoneración de impuestos.

Ante estas realidades es que levanta su voz la Iglesia y de manera clara y responsable, monseñor Álvaro Ramazzini. Pero ante las mismas realidades, un pequeño grupo de columnistas fariseos justifican a una multinacional y despotrican, confundiendo la libertad de opinión con la de empresa, aun si es antinacional, para defender intereses espurios y llaman velada e hipócritamente a la inquisición.

Fuente: www.prensalibre.com


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