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Necesitamos un pacto nacional
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 17 de marzo de 2005

Es la historia reciente del país que parece aún no se entiende por quienes encabezan los organismos de gobierno.

La crisis en la cual nos encontramos como país y sociedad es más que clara. De una parte demandas sociales acumuladas y sistemáticamente burladas, de otra intransigencia de la parte gubernamental. A ello se agrega la falta de oficio político por parte de los partidos y el sistema.

Es la imposición a toda costa y en todos los temas. Sea la minería, los tratados comerciales o la crisis agraria. En todos los casos un expediente que se repite hasta el cansancio: mesas de diálogo que no lo son, compromisos que no se cumplen, medidas que se toman sin ton ni son, sin orden ni concierto. Y últimamente la represión desde los organismos del Estado. Es el caos.

En ello hay un antecedente de primer orden que es necesario analizar con mucha objetividad: el mayor acuerdo nacional de los últimos años se encuentra en los acuerdos de paz que pusieron fin a un conflicto armado de más de tres décadas, por causas ligadas a la exclusión social, la pobreza y otras causas sociales, pero sobre todo, por el cierre de espacios políticos. Es la historia reciente del país que parece aún no se entiende por quienes encabezan los organismos de gobierno.

Es lo que se revela con la actual crisis. A fuerza se aprueba el TLC en medio del absoluto desconocimiento por parte de los diputados de sus contenidos y compromisos. Pero, además, sin tomarse un momento de reflexión para pensar en la desprotección de numerosos sectores productivos.

Se han cansado de repetir que es una oportunidad, pero se han olvidado que lo es para un puñado de sectores vinculados a las multinacionales. El resultado es el desencuentro entre gobernantes y gobernados, y un país dividido.

Asimismo, han dicho hasta el cansancio que como país tenemos que estar en el proceso de la globalización, como si las organizaciones sociales ignoraran esta dimensión. Es la vieja idea que presenta a las organizaciones sociales como desinformadas, pero en este caso, sin entender que si alguien conoce del proceso de globalización y sus efectos es precisamente la dirigencia social. Aún más.

Desde las organizaciones sociales ha habido un acompañamiento de los más diversos foros internacionales, y se ha hecho un compromiso con la globalización de la solidaridad, con la globalización entre las gentes y no sólo entre mercancías, como pretende nuestra flamante clase política.

Pero el tema que interesa resaltar es que el mayor acuerdo político de la época reciente se encuentra en los acuerdos de paz que fueron puntualmente olvidados, recortados, rasurados de contenido y finalmente dejados en el olvido, en cualquier gaveta de los burócratas enquistados en el poder. Esta es la explicación de fondo de la crisis en la cual nos encontramos. Por ello, hace falta un nuevo acuerdo nacional.

Ahora se legisla de urgencia nacional un tratado comercial que deja en trapos de cucaracha la escasa soberanía que nos quedaba, mientras que a más de 8 años de la firma de la paz y del fin del conflicto armado, se regatea hasta el cansancio una ley marco de los acuerdos de paz, que se quiere presentar como un compensador social ante los previsibles efectos devastadores del TLC. Es el país de cabeza, patas arriba. Sin rumbo ni proyecto.

Es por lo expuesto que hoy me permito hacer un llamado a la reflexión nacional y proponer de urgencia juntar voluntades para la discusión de un acuerdo nacional que permita que como país salgamos de la crisis.

Es necesario convenir que el TLC no es un acuerdo de nación, no es el rumbo de un país. Es apenas una oportunidad para un puñado de agroexportadores, pero no una oportunidad para los marginados de siempre. Pero además, no se puede imponer a toda costa y con represión.

Fuente: www.prensalibre.com


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