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El agua no está en venta
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 24 de marzo de 2005

El agua es parte de los bienes comunes de la humanidad, como el aire o el sol.

Mientras en Guatemala daba inicio la Semana Santa y comenzaba una tregua entre el movimiento social y el Gobierno, en Ginebra, Suiza, concluía un foro mundial sobre el agua. A esa cita asistieron más de 1,200 representantes de unas 150 organizaciones de los cinco continentes, que tienen en su agenda la defensa del agua como un derecho humano o, más específicamente, como un bien común de la humanidad y, por lo tanto, excluida de la esfera del comercio y de las reglas del mercado.

Sin duda es un planteamiento que debe irritar a no pocos, en días como los que transcurren en el continente y en nuestro país, en donde la idea de un libre comercio absoluto no respeta nada, pero nada de nada.

Todo es por definición mercancía, y por lo tanto, comprable o vendible. Sean semillas creadas o domesticadas a lo largo de siglos, recursos como los árboles milenarios o el agua que ahora escasea. Pero también formas de vida y sus culturas. Todo está en venta, o se pretende que así sea.

En este segundo foro alternativo del agua se dio a luz una resolución en la cual se dice, entre otras cosas, que “el agua no puede ser tema de negociación ni en los acuerdos comerciales multilaterales ni en las instituciones financieras internacionales”, y además que su gestión y control deben ser ejercidos por “una autoridad pública fundada en un poder político legítimo”.

En esta dirección se hizo una crítica feroz a los acuerdos de comercio de servicios. Es decir, una postura a tono con la crítica al TLC, aprobado sin leerlo por nuestros flamantes diputados.

Ello tiene pertinencia en un país como el nuestro, en donde se puede comprar o vender todo, desde una camisa hasta Tikal. Pero el tema de interés es que la privatización del agua está latente en nuestro país, es algo como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

Es cierto que parte del servicio ya está privatizado, pero es necesario que el ciclo completo del agua tenga como divisa su función social, la responsabilidad social y una autoridad legítima emanada de una consulta permanente con las comunidades.

Es por ello de suma importancia recordar que no hace muchos meses tuvo lugar en Uruguay una consulta popular o referéndum para establecer si la privatización del agua se aprobaba o rechazaba.

El resultado fue de un contundente no a la privatización del vital líquido, por considerar que el mismo es parte de los bienes comunes de la humanidad, como el aire o el sol.

Lo anterior viene a cuento porque en nuestro país se discute desde hace algún tiempo una ley sobre el tema del agua, y a falta de conocer sus contenidos básicos, valdría la pena preguntar si se respeta este conjunto de factores que la hacen un recurso no vendible o privatizable, o si se le considera como un bien público, que debe estar al servicio de la sociedad y no para el lucro de unos cuantos.

Pero, además, valdría la pena preguntar a los señores diputados y a los dirigentes de los partidos políticos si consideran que un bien público o un recurso de la humanidad que demanda una gestión democrática es un bien concesionable de acuerdo con la grosera ley de concesiones que el Congreso debe conocer en próximas fechas y que de hecho constituye una privatización solapada en contra de los intereses nacionales.

Pregunto esto porque si el tema no se aclara desde ahora, podría dar lugar a un período de tensiones mucho mayores que el que vimos antes de la Semana Santa, pues tenemos que convenir que la sed de la humanidad y, en este caso de nuestro país, no puede ser considerada una mercancía por unos cuantos mercachifles. Debería estar muy claro: el agua es un derecho humano innegociable.

Fuente: www.prensalibre.com


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