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Viejo, mi querido viejo
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 30 de junio de 2005

A pesar de que existe una ley que protege a las personas de la tercera edad, no es menos cierto que los adultos mayores viven problemáticas que van un poco más lejos que los temas que plantea la ley o el sistema de jubilación.

Ahora que termina el mes del padre, mayo fue de la madre, valdría la pena detenerse a reflexionar un momento sobre la situación que se vive día a día por los adultos, jubilados o no, pero desprotegidos.

Digo esto porque hace unos cuantos días conversé con un grupo de jubilados que integran una asociación que vela por los derechos de este importante sector de la sociedad y sin dramatismo de ninguna naturaleza, decían que el sistema actual intenta matarlos por indiferencia.

A pesar que existe una ley que protege a las personas de la tercera edad, no es menos cierto que los adultos mayores viven problemáticas que van un poco más lejos que los temas que plantea la ley o el sistema de jubilación.

Asimismo, es necesario saber que las pensiones de hoy día no alcanzan para que un adulto viva de manera decorosa, y que las jubilaciones cuando existen no son suficientes, ni se producen en el momento adecuado.

Es un verdadero drama nacional. Los adultos mayores, esto incluye a unas 360 mil personas mayores de 60 años de acuerdo con el INE, viven por debajo de lo que podría ser considerado condiciones de vida decorosas.

Y ello luego de haber producido toda una vida sin acumular, como resultado de empleos mal pagados, condiciones laborales insoportables, que permiten que 40 ó 50 años de trabajo nos muestren a trabajadores pobres como iniciaron su labor a los 15 años.

Es lo que muestra un anuncio de la industria de la caña que presenta a un señor, pobre y gastado por el trabajo de cortador de caña. Unos 40 ó 50 años de trabajo y más pobre que cuando inició su labor cortando caña. Pero lo más grave del asunto, sin jubilación, sin derechos como viejo.

Usado y tirado, en la mejor lógica de un sistema excluyente como el que vivimos en Guatemala. Es un ejemplo como muchos otros y no creo que sea algo de lo cual se pueda sentir orgullosa la industria cañera ni nadie en este país.

Pero el vía crucis de los adultos tiene que ver con las largas filas para recibir una pensión miserable cuando la tiene, con la negativa de los choferes de camioneta a llevar a los viejos, pues hay un bono para ellos.

Pero sobre todo, la imposibilidad de encontrar trabajo por la idea de que los viejos son lentos, improductivos, irascibles, y muchos prejuicios más que se acumulan en contra de quienes han trabajado para que nosotros vivamos en un país que en medio de sus limitaciones es el nuestro.

Y por supuesto en este largo inventario de problemas que sufren las personas adultas, se encuentra la impotencia cuando ven el desorden en que se encuentran instituciones como el IGSS, acosado por recurrentes muestras de corrupción, la inflación que se come las pensiones, y otros tantos problemas que tienen que enfrentar de manera cotidiana.

El punto es que en los días de aprobación del TLC por el Congreso se hizo una promesa de incluir en las llamadas medidas compensatorias una ley sobre el adulto mayor sin cobertura social, que de acuerdo con el censo son 360 mil personas.

Esta fue presentada y aprobada en su primera lectura, el 18 de febrero del 2004 y desde entonces se encuentra en las comisiones de Finanzas, Economía y Previsión Social para su estudio, pero la misma corre el riesgo de quedar engavetada, pues de acuerdo con estas versiones, hay otras prioridades.

Es un buen momento de decir que los adultos mayores, esto es más de 60 años y que no tienen protección o cobertura social, deberían ser apoyados con la promulgación de la ley sobre la materia conocida en el ámbito legislativo como la 29-70. Es un deber moral para con las personas adultas.

Fuente: www.prensalibre.com


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