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Plan de Sánchez, ¿perdón con impunidad?
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 21 de julio de 2005

La masacre de Plan de Sánchez fue cometida por el Ejército, bajo las órdenes directas de Ríos Montt.

Como se sabe, el Gobierno representado por el vicepresidente Eduardo Stein, pidió perdón este lunes por la masacre de Plan de Sánchez, en donde hace 23 años, el Ejército asesinó a 268 personas.

El acto fue organizado luego de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenara al Estado de Guatemala por este crimen que, sin duda, corresponde a la figura de genocidio. La noticia ha recorrido el mundo y en todos los comentarios internacionales la pregunta que se hace no deja lugar equivocaciones: ¿habrá justicia?

Con el fallo de la CIDH, luego de que los organismos guatemaltecos engavetaran el expediente de Plan de Sánchez, se abre la puerta para un efectivo proceso en donde la justicia sea favorecida. Ya el Estado de Guatemala aceptó de manera pública la responsabilidad institucional por la muerte a manos del Ejército de 268 personas.

Es turno ahora del Ministerio Público y de los tribunales del país. Se sabe de los autores materiales, y sobre todo, del jefe supremo del Ejército en esos días, nada menos que el reconocido genocida José Efraín Ríos Montt.

Pero ocurre que el mismo general genocida, parece que tiene un manto de impunidad que lo protege. Incluso, ahora que el ex presidente Alfonso Portillo, acusado de todas las formas posibles de corrupción, está bajo los reflectores de los medios de comunicación y de un clamor general para que se haga justicia, el viejo general aparece dando lecciones de moral y buenas costumbres desde una posición que no debemos permitir.

¿Estamos esperando que sean los tribunales españoles los que lo condenen? ¿O que sea de nuevo la CIDH que haga el trabajo que aquí no se hace?

Creo que asistimos en esta pequeña coyuntura a una expresión absurda de doble moral que debería ser superada con la agilización de las demandas pendientes en contra del viejo general, y no ver únicamente el tema de Alfonso Portillo, en donde se diga lo que se diga, hay mucha tela que cortar desde la perspectiva política.

Es cierto que las acusaciones en contra del ex mandatario deben ser ventiladas en los organismos de justicia correspondientes, pero no es menos cierto que si algo supimos desde siempre, es que Portillo era un títere manejado por Ríos Montt. Por ello parece insano que el titiritero sea exculpado y sólo se persiga al títere. En esto hay, como digo, una muestra de doble moral.

Pero más allá de la doble moral creo que hay complicidad. No de todas las autoridades, pero si en cuanto a que un hecho como la masacre de Plan de Sánchez cometida por el ejército bajo las órdenes directas de Ríos Montt, no dé lugar a un juicio ejemplar en nuestro país, y que los organismos encargados de la investigación y la justicia, no hagan el trabajo que les compete, y queden tranquilos cuando el lunes el Gobierno, en nombre del Estado, pidió perdón por esta masacre en cumplimiento de una condena de la CIDH.

Parecería que estamos en un momento especial para dar curso a las múltiples acusaciones que hay contra Ríos Montt, particularmente con los elementos que aporta la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Lo que flota en el ambiente es la inquietud de cuánta es la impunidad que el viejo general ha logrado obtener de las actuales autoridades, y cuánto el nivel de complicidad que puede tener para que siga tranquilo dando lecciones de moral a quien le quiera escuchar.

El Gobierno ya pidió perdón, pero debe quedar claro que ello no basta. Es profundamente insuficiente si el presunto autor de la orden para que la masacre fuera cometida sigue tranquilo por la calle, y dándose el lujo de tomar cafecitos con las actuales autoridades del país. La justicia sigue pendiente, y no hay que permitir que la impunidad continúe.

Fuente: www.prensalibre.com


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