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Asesinatos en cárceles chapinas
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 18 de agosto de 2005

Las armas no llegan a las prisiones en paracaídas. Tampoco en túneles secretos.

La matanza en las cárceles del país el 15 de agosto debería dar como resultado una profunda reorganización de todo el Sistema Penitenciario, y antes una rigurosa investigación.

No es posible pensar en que las distintas cárceles dispongan de armas de los más variados calibres. Tampoco pensar en que estos episodios se produzcan cada cierto tiempo y lo peor, con mayor frecuencia.

Por ello la investigación que debe iniciar con las denuncias presentadas por Blanca Stalling Dávila, directora del Instituto de la Defensa Pública Penal, quien afirma que días antes informó a las autoridades acerca de la existencia de granadas en centros de detención.

Hace pocos meses cambió la dirección penitenciaria. En esa ocasión hubo escándalo por la evidencia de presos con licores finos y una especie de piscina. Junto a ello, los datos sobre compras ilegales de alimentos, corrupción de policías, sobornos de todo tipo, armas o celulares que entraban o salían y, el colmo, que en los talleres de una de las prisiones se arreglaban carros robados.

Todo ello, es responsabilidad de las autoridades y no de los cholos, maras, bandas o crimen organizado.

Ahora se dice que se “rompió el sur”, esto es que una especie de tregua entre los mareros de diferentes pandillas se suspendió y por ello los pleitos entre las bandas, pero ello no explica la existencia de granadas o armas en los centros de detención. Hay que ser un poco más serios al referirse a este tipo de fenómenos.

Es cierto que las maras o bandas son responsables de múltiples atropellos, de crímenes, y muchas cosas más, pero no es menos cierto que las cárceles deberían ser un mecanismo para castigar estos hechos y reformar en lo posible a los autores de delitos.

En el sistema carcelario debería haber separación de detenidos juzgados por diversos delitos, antes que mezcla de unos y otros. Por ello parece terrible que en diferentes programas de radio el día de los incidentes en las cárceles se abriera el micrófono para que la gente dijera qué bueno que se mataran entre ellos, que eran 30 asesinos menos y cosas por el estilo.

Tuve la sensación de que estamos en medio de un resbaladero en donde se han perdido principios, valores, sentimiento de humanidad, solidaridad. Y que como sociedad tenemos una caricatura de Estado.

En estas reflexiones me asalta una duda: ¿se trata de una matanza planificada? ¿Es una expresión más de la llamada limpieza social? Y si esto es así, ¿por quién y para qué? La idea de que era un incidente montado como un preparativo para una interpelación al ministro de Gobernación me parece una total pendejada.

Habría que hilar más fino. Creo que las maras con todo lo que se diga, no tienen la capacidad de organizar una revuelta en ocho centros de detención. Menos que sean abastecidas de armas por sus colegas. ¿Quién proporcionó las armas? ¿Con qué objetivo? ¿Hay mano criminal que organizó todo este desmadre? ¿Quién se beneficia de esta muestra de salvajismo en las prisiones?

Si hay participación del crimen organizado o de poderes paralelos, éstos se encuentran en la dirección de cárceles y en la jefatura de cada una de ellas, y éstas con presos cómplices.

La organización de estas redes no puede ser hecha desde los presos. Pensar así es no animarse a atacar el problema de frente. Dejémonos de babosadas. Las armas no llegan a ninguna de las prisiones en paracaídas.

Tampoco en túneles secretos. Llegan de la mano de funcionarios corruptos. No las llevan los familiares de los detenidos que sufren cualquier cantidad de humillaciones cuando llegan de visita y les registran hasta donde no les llega el sol como se dice.

Tampoco llegan en pasteles o en tamales. Y esto hay que decirlo con toda la claridad. La corrupción es de las autoridades de los presidios, de los policías. Y las maras instrumentos manipulables.

Ya basta de hacerse tontos. Y ojo, la población exige resultados.


Fuente: www.prensalibre.com


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