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Caos, perdón por la franqueza
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 13 de octubre de 2005

El país no aguanta más con improvisaciones y con los negocios pingües que se hacen al amparo de la crisis, o que se piensan hacer. Los costos de la reconstrucción no se pueden impulsar con bonos que sólo aumenten la deuda pública.

Si algo caracteriza la reacción del Estado guatemalteco ante la crisis es el caos. Instituciones sin orden ni concierto. Las razones son conocidas: años de predicar que el Estado grande no sirve, que el Estado mínimo es mejor, que hay que reducirlo, que hay que quitarle recursos y capacidades.

Resultado: un Estado indigente. Son los hechos. Sin capacidad de respuesta, con reacción mínima y sin que la gente esté en su agenda.

La ayuda llega con dificultades. Y ello se debe en gran medida a que la gente está en condiciones de marginalidad y pobreza, sin caminos de acceso, sin recursos. Es el resultado acumulado de un modelo que sólo usa a la gente como mano de obra barata, pero que no le proporciona lo mínimo para vivir de manera decorosa. Es lo que la crisis del Stan nos reviró en la cara como país.

A la fecha, hay más de 70 comunidades a las cuales no llega la ayuda, de acuerdo con datos de Radio Universidad, 92.1 FM., y las quejas se acumulan. Pobladores denuncian que alcaldes usan la ayuda de manera clientelar, y esperan la foto con las autoridades, en el colmo de frivolidad. Pero, además, la Cruz Roja se queja que sólo en el puente aéreo han gastado US$300 mil. ¿Cuál solidaridad?

La reconstrucción del país devastado es una prioridad nacional, pero la misma debe ser participativa, con participación activa de la gente que debe organizarse, exigir sus derechos, pues el Estado está obligado.

Es de asco ver que las diferentes corrientes dentro del Gobierno se pelean las obras que se pueden hacer aprovechando la destrucción, así como la idea de pasar la ley de concesiones aprovechando la crisis. No se puede privatizar la reconstrucción.

Ahora que el presupuesto está a discusión se debe modificar su carácter cuanto antes y hacer del mismo un presupuesto de la crisis, para la reconstrucción. Todos los recursos deben de dirigirse a este fin supremo.

El país no aguanta más con improvisaciones y con los negocios pingües que se hacen al amparo de la crisis, o que se piensan hacer. Los costos de la reconstrucción no se pueden impulsar con bonos que sólo aumenten la deuda pública.

Por ello, urge actualizar el IEMA y fortalecer el IETAP, como pasos hacia una reforma fiscal integral. No se podría pedir a la gente que no tiene. El Estado debe contar con recursos importantes y no sólo con la ayuda internacional que como sabemos es temporal.

Hace falta una clara política de precios. Se deben establecer topes a los productos de la canasta básica. Si para algo sirve un estado de calamidad debe ser, entre otras cosas, para que no se haga negocio sobre la espalda de la gente arruinada por una crisis que ya existía y potenciada por la tragedia del huracán Stan.

La reconstrucción vial no puede quedar limitada a las rutas de agroexportación. Las comunidades deben contar con vías de acceso decentes, pues el país no puede por más tiempo vivir en dos pisos. Uno con servicios y la mayoría sin ellos.

Para todas las áreas destruidas un proceso de reconstrucción que las reubique, con una clara visión de reordenamiento territorial, en terrenos que sean expropiados por ley. Y sobre todo con la participación activa y organizada de la gente.

Estas son ideas básicas que deben ampliarse pero que tienen en su origen la consulta con las comunidades y sectores organizados de la sociedad guatemalteca. Pero sobre todo, luego de la constatación de que el Estado guatemalteco colapsó ante la magnitud de la tragedia que vivimos en el país, y que hace falta un verdadero cambio de rumbo si queremos reconstruir sobre nuevas bases.

Fuente: www.prensalibre.com


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