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Guatemala, Pakistán y médicos cubanos
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 27 de octubre de 2005

Cuba, nos guste o no, ofrece mejores resultados para la gente, y tiene parámetros de vida y solidaridad más fuertes.

Mientras a nuestro país llegaron 400 médicos cubanos para atender a los damnificados por el Stan, en Pakistán, en Asia, otra brigada médica brinda su apoyo a los damnificados por un terremoto devastador que ocasionó más de 50 mil muertos y unos 60 mil heridos.

Recientemente, Cuba ofrecía ayuda a las víctimas del huracán Katrina y ahora también ofrece apoyo a México. Un ejemplo de lo que puede hacer un país pequeño con una visión diferente de lo que es el cuidado de la vida y la solidaridad.

Ello mientras en Cuba el ciclón Wilma obliga a movilizar y resguardar casi un millón de ciudadanos del hermano país, sin víctimas. Ni un muerto, pues las autoridades reaccionaron a tiempo y pusieron en marcha un plan de contingencia.

Es, sin duda, una lección de donde deberíamos aprender, pues en ocasión del ciclón Wilma la prioridad número uno es salvar vidas, proteger a los ciudadanos. Y de manera simultánea, se ofrece ayuda médica a los damnificados de Yucatán, que alcanzan más de un millón.

¿Por qué un país como Cuba puede comprometer tanto esfuerzo y recursos a países que teóricamente gozan de un régimen económico político y social que se dice mejor? ¿Por qué un país como Guatemala no educa a sus médicos como en Cuba? ¿Por qué no aprendemos de Cuba el manejo de riesgos ambientales? ¿Por qué nuestras autoridades no tienen en la gente su máxima prioridad como en Cuba?

Se trata de temas que deberían de ser analizados en Guatemala, ahora que sabemos con certeza que las tragedias están a la orden del día, por cambio climático global como por la depredación que se ha desarrollado en nuestro país por la fuerza desatada del mercado irracional, por la marginación de millones de seres, por la ausencia de políticas públicas de prevención, por el irrespeto de las fuerzas de la naturaleza y por tener, desde el Gobierno, a la gente en la última escala de las prioridades.

No se trata de sentarnos a esperar que venga una nueva tragedia, sea huracán o terremoto, una sequía o cualquier fenómeno natural para pensar en la prevención de desastres; para contar con un plan de emergencia nacional y no ver cómo la gente queda librada a su suerte.

En cualquiera de estas contingencias debe quedar claro que el mercado no puede ser la solución, que las fuerzas del mercado no reparten solidaridad, que la medicina vista como una mercancía no puede ser la salida a las crisis que son de naturaleza humana. Que la función del Estado es preservar la vida de todos sus habitantes y no los negocios o propiedades de unos pocos.

En esta dirección parecería que ahora es un buen momento para discutir qué clase de país queremos, qué tipo de Estado queremos, qué reconstrucción queremos. Si queremos un Estado que cruja a la primer ventolera o el primer temblor, entonces no hagamos nada y sigamos diciendo que la economía de mercado y el Estado débil es lo mejor que nos puede pasar.

De igual manera, no podríamos sentarnos a esperar una nueva tragedia para ver a sectores que hacen de la ayuda humanitaria fuente de negocios, material de compañas políticas, clientelismo barato o promociones comerciales.

Guatemala está en una región de riesgo. Vivimos en una zona sísmica y ahora sabemos, de huracanes como el Mitch o el Stan. Y, precisamente, por ello debemos como país y sociedad pensar con seriedad en nuestro futuro. La emergencia no puede ser privatizada.

Creo que ya es tiempo de quitarse los anteojos ideológicos y ver que el sistema social, económico y político que hay en Cuba, nos guste o no, ofrece mejores resultados para la gente, y tiene parámetros de vida y solidaridad más fuertes que los que ofrece la propaganda del libre mercado y el Estado mínimo, recortado, indigente. Es una reflexión que nos enriquecería. Finalmente, gracias al pueblo cubano.

Fuente: www.prensalibre.com


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