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Eso que llaman política
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 3 de noviembre de 2005

Con datos incuestionables: 80 ó 90 por ciento dice que los políticos son cochinos.

“La política es una cochiinada. Y es una cochinada por que así les conviene a los políticos. Ellos mismos, voluntariamente, premeditadamente, se han dedicado a hacer de la política un carnaval de porquería, mercado de traiciones, en donde lo que menos interesa es el bienestar de los paisanos, el progreso de la patria, la solución de los problemas sociales. Nada de eso”.

Es lo que escribía Manuel José Arce, en su Diario de un Escribiente, con notas publicadas entre 1963 y 1979. Su Diario fue publicado en 1988 con los conceptos vigentes y ahora lo revisitamos con mucha mayor vigencia.

La percepción popular no ha cambiado mucho. Los políticos a la criolla, menos. Es lo que revela el último estudio publicado por Prensa Libre. Y claro, los señores y señoras que hacen política a la antigüita, se ganan a pulso estos resultados. Son datos incuestionables: 80 ó 90 por ciento dice que los políticos son cochinos.

Que la política es una cochinada. Y quienes se llevan el primer lugar ocupan el Congreso.

¿Estamos patinando en lo mismo? ¿Será que no hay otros parámetros para juzgar y hacer política? ¿Estamos condenados a puras cochinadas? ¿Para cuándo el cambio?

El tema de fondo es que no se puede por más tiempo dejar que los políticos sean quienes se dedican a la política. Hace falta que los ciudadanos y ciudadanas irrumpan en el coto privado de los políticos cochinillos.

Es tiempo que hombres y mujeres hagan de los partidos políticos algo más que un calzón, que se cambia un día sí y otro también.

O de la negociación un mercado sin principios. Hay que rescatar el valor de la palabra, del compromiso, del honor. No es mucho pedir, ¿o sí?

Las ideas políticas merecen un mejor destino. Los gobiernos de los países igualmente. EE.UU. no sería lo que es sin Abraham Lincoln; Francia, sin De Gaulle; México, sin Juárez, Guatemala, sin Arévalo. Claro, cada uno de estos políticos tiene su negación. Todos tienen un tránsfuga en su clóset o alguien que vendió sus ideas por un plato de lentejas. Bolívar o Gandhi, marcaron épocas.

Y dieron sustento a oleadas de autoestima, a orgullo de hacer política para las mayorías. Al compromiso, a la utopía.

Estamos a la espera de cambios en la manera de hacer política. Que no se puede cambiar con boletos para ver partidos de fut. Ampliando juntas directivas para tener una caja chica miserable, o una oficina más grande y con floreros.

Las ideas en política tienen un fondo de nobleza, un espíritu ético, un compromiso con el país, con la gente, con las instituciones. La política no es la cochinada en el desayuno, almuerzo y la cena. Tampoco es lotería electoral.

Quienes piensan que la política es el carnaval de porquería es porque sólo ven las actuaciones de cierto tipo de políticos. La política no es menos científica por un puñado de mercachifles. La política no respeta menos la ética por culpa de una banda de Alí Babá. La política, como arte y ciencia del buen gobierno, está a la espera de sus nuevos representantes, de una nueva oleada de gente con principios, con ética, con decoro.

Estamos en medio de los preparativos de una nueva campaña electoral. Habría que apostar para que las personas que hacen política, hagan por una vez, el intento de poner por delante principios, ideología, proyectos, programas. No podría ser de nuevo la presencia de anuncios de candidatos como jabones de ropa o de baño; o la estafa como la forma única de vender baratijas.

Hay otras formas. Existe la ciudadanía que poco a poco se forma en nuestro país y tiene el ojo abierto. Por ello vale la pena pensar que en el futuro cercano la política dejará de ser lo que es ahora. Manuel José Arce tenía mucho de razón, pero ojalá que se haya equivocado a futuro.

Fuente: www.prensalibre.com


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