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Bolivia, siglo 21: un indio al poder
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 22 de diciembre de 2005

Es lo que se confiere al proceso boliviano, no es un milagro, sino el resultado de la acumulación de fuerzas en incontables luchas sociales.

Pues sí, un indio socialista es el presidente electo de Bolivia, en un proceso democrático y por mayoría absoluta. Pero como si fuera poca cosa, diversos medios de comunicación han omitido el análisis del acontecimiento que puede marcar América el resto del Siglo 21.

Las razones son muchas y, a título de ilustración, con tres de ellas basta: la primera es que en Bolivia los partidos políticos tradicionales no resistieron el embate del movimiento social; la segunda, tiene que ver con la derrota del neoliberalismo en términos políticos, y la tercera, es que Evo Morales, un indio socialista, es el presidente de esa nación andina y por primera vez en 180 años de vida republicana.

De todos los partidos políticos ninguno resistió la oleada indígena y socialista. Las fuerzas políticas que participaron corresponden a formas nuevas de agrupación social, sectorial y política, aun si éstas deben desembocar en nuevos partidos. Lo novedoso es que la vieja clase política hizo aguas. No existe más, no cuenta más. Es algo que debería poner las barbas en remojo de los partidos criollos en Guatemala.

Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) han dicho con claridad que van a nacionalizar el gas y el petróleo, que no van a firmar ningún acuerdo comercial del tipo TLC, que no van a apoyar nada que se parezca al Área de Libreo Comerio de las Américas (Alca). Y que van a una Asamblea Nacional Constituyente para dar a los indígenas los derechos negados históricamente.

Con mayoría absoluta, con legitimidad. No hay nada que se pueda oponer a una opción de cambio profundo, que tiene como programa uno antineoliberal.

El tercer punto es de suyo importante, sobre todo, para un país como el nuestro. Bolivia es un país de mayoría indígena en 80 por ciento, y por primera vez en su historia de república, un indígena aymara es presidente. Y ello es un mensaje para Ecuador, Perú o para Guatemala. No ver esta realidad es la política del avestruz, ceguera simple. Estamos, pues, ante un cambio histórico como lo han señalado la mayoría de analistas políticos bolivianos.

Es momento de advertir que no tardan en salir a luz pública los racistas de siempre, que consideran que un indio más no significa nada, o los derechistas de toda la vida que se oponen por principio a una fórmula socialista. O peor aún, quienes saltan de angustia gritando, ¡populismo, populismo!, sin saber que están hablando sin analizar los fantasmas que animan sus discursos vacíos de contenido.

En Bolivia se está dando curso a una revolución pacífica por la vía del voto, como lo señalara Álvaro García Liniero, vicepresidente electo. Y es una revolución que se encuentra encabezada por un indígena Aymara que abre la puerta del siglo 21 para las mayorías indígenas empobrecidas de Bolivia. Ello es un mensaje de aliento para los indígenas discriminados y marginados en países como Perú, Ecuador o Guatemala.

En nuestro país esta victoria electoral debería ser analizada por diversas corrientes de indígenas que lo que han visto es la posibilidad de arrimarse al gobierno, sentados en banquitos plegables, como edecanes pero ninguneados, sin tener acceso a los resortes reales del poder. Y la reflexión pasa por ver y entender que lo que propone Evo Morales y el MAS es el poder y su ejercicio como actores reales y no como comparsas.

Es el signo de los tiempos. Es lo que le confiere al proceso boliviano -que no es un milagro, sino el resultado de la acumulación de fuerzas en incontables luchas sociales- el carácter de una revolución pacífica por la vía del voto popular. Por ello, hay que seguir con atención la situación inédita de un indio socialista en el poder en un país de mayoría india

Fuente: www.prensalibre.com


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