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¿Cuál proceso de paz? (III)
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 28 de diciembre de 2006
mszurdo@hotmail.com

Lo más grave es que seguimos en el reino de la impunidad, lo cual es ajeno a un estado de Derecho.

Ahora que desde el Gobierno se festeja la firma de la paz, valdría la pena intentar un balance crítico, a efecto de que las vulgarizaciones oficiales dejen lugar a un análisis objetivo, que buena falta hace. Así, en el informe oficial del Gobierno, correspondiente a los años 2004-2006, entre medias verdades y medias mentiras se llega a conclusiones que dan pena ajena. Y en una expresión de cinismo político, se dice desde el Gobierno que, a 10 años, hay que “relanzar el proceso de paz, renovándolo” (¿?)

En el documento de la Sepaz hay afirmaciones que vale la pena retener, una de ellas, sin desperdicio, “Aunque el proceso de paz de Guatemala ha sido cuestionado por su débil incidencia en la superación de la pobreza y la corrección de las desigualdades socioeconómicas extremas”... “la paz se ha convertido en un activo internacional del estado de Guatemala”.

O sea, la paz virtual se puede exportar como las verduras. Y por su medio se pueden hacer negocios. Aunque la gente siga jodida igual que siempre.

Tales afirmaciones sólo revelan un alto grado de impudicia política, y no van al fondo del fiasco que ha resultado el fin del conflicto armado en nuestro país. Si somos serios, deberíamos de llegar a la conclusión de que la paz en sentido estricto no existe en nuestro país. Vivimos más pobres que antes del conflicto armado, padecemos más inseguridad que antes del conflicto, las medidas para intentar abordar y resolver las causas profundas que dieron origen a la guerra no se impulsan, y las causas están presentes, incluso, con mayor fuerza.

Y todo ello no aparece en los informes oficiales del Gobierno. Menos el análisis de los significados excluyentes que hay, por ejemplo, entre el TLC firmado con EE.UU. y los compromisos de la paz. Las razones son simples: en los acuerdos de paz se habla de fortalecer el papel del Estado, mientras que en el TLC esto desaparece.

Y como la vida aclara mejor que cualquier rollo teórico, ahora nos encontramos con que, por falta de medidas regulatorias de Estado, las actividades financieras del país conocen un verdadero caos. Es la economía de mercado sin pisto, o mejor, un desgarriate sin controles de Estado.

Todo ello, a contramano de los acuerdos de paz.

Lo más grave es que seguimos en el reino de la impunidad, lo cual es ajeno a un estado de Derecho. Sea en lo financiero, en las relaciones laborales, en los asesinatos de mujeres, en campañas electorales en contra del Tribunal Supremo Electoral, o en los juicios pendientes contra los responsables de masacres y genocidio. Salvo las demandas puntuales de la justicia y del gobierno español (que recuerdan la urgencia de justicia), la norma en Guatemala es la Impunidad. Y eso no se puede festejar.

Es por ello que ahora que se festejan (desde el Gobierno y tu muni) 10 años de la firma de la paz, habría que preguntar sólo para que no quede en el vacío, ¿Qué pasa con la reforma tributaria?, ¿Qué con la tasa de crecimiento económico?, ¿Para cuándo el desarrollo rural? ¿Qué con la reducción de presupuesto del Ejército, y el aumento a Salud, Educación, Vivienda? ¿Para cuándo los derechos indígenas? ¿Qué puede el Gobierno responder a ello, sin que sean mentiras, tonterías o banalidades como las expuestas en el informe de la Sepaz? ¿Qué responden?, pregunto.

Creo que los contenidos profundos de los acuerdos de paz sólo se podrán alcanzar con una correlación de fuerzas en lo político y social diferente a la actual. Esto es, con un gobierno de naturaleza distinta a la de los últimos tres que hemos tenido.

Y que tengan como agenda los intereses de la gente antes que de pequeños grupos, o, lo que es peor, ajenos a la soberanía nacional, como en el caso actual. En próxima columna concluyo con los festejos de la paz, ¿o su clausura?

Fuente: www.prensalibre.com


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