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Letra con Filo
Tiempo de la izquierda (y II)
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 22 de mayo de 2007
mszurdo@hotmail.com

Una de las principales coincidencias entre las diversas fuerzas de izquierda del continente y de analistas de fuera del mismo, es que la serie de victorias electorales de proyectos políticos que pueden ser denominados genéricamente de izquierda, tienen como denominador común el fracaso del llamado consenso de Washington, o lo que es lo mismo, el catecismo del neoliberalismo y todas las medidas que le acompañaron.

Este fracaso es lo que da como resultado el hartazgo de medidas antipopulares que solo revelan la impudicia en la cual se mueven los “dirigentes políticos” de la región, cuya mayor expresión es la de la clase política Argentina que lleva la población a decir a coro, luego de la fuga del expresidente de la Rua , que se vayan todos , en alusión a la cantidad de sinvergüenzas que habían hecho del poder su modus-vivendi. Son los hechos.

El ajuste neoliberal que se tradujo en más pobres, menos ingresos, encarecimiento hasta hacer inalcanzable la canasta básica, menos empleo, deuda externa, corrupción, privatizaciones, y un largo etcétera, topó y entonces es que asistimos en el continente a gobiernos que desde la izquierda dicen no a más neoliberalismo, y sí a una mejoría en el nivel de vida, el empleo y sobre todo, se apuesta por nuevas relaciones sociales, y un ejercicio con decoro y honradez de la función publica.

Se trata como puede verse de una agenda mínima, de derechos indispensables pero que no se respetan y llevan a las grandes mayorías a situaciones de desesperación, sin que haya en esta afirmación nada de extremista. Desde otra perspectiva, la situación en los diferentes países ha dado lugar al florecimiento de varias, de muchas izquierdas. No hay en ninguno de los países en donde se desarrollan procesos como en Bolivia o Brasil, la idea de una izquierda hegemónica, o mejor, la idea de una vanguardia, o de una especie de conciencia moral de la izquierda. Quienes piensan así quedan irremisiblemente fuera de los procesos.

Son los ejemplos de varias izquierdas en Venezuela, o en Bolivia o en Argentina, con grupos más grandes o más pequeños, con diferentes adscripciones ideológicas y practicas políticas, que han dado lugar a procesos en donde nuevas formas de izquierda aparecen, con nuevo discurso, nuevas prácticas, pero sobre todo, con una capacidad de entender los nuevos problemas y la nueva coyuntura. Mirar hacia atrás se convierte entonces en una especie de onanismo político. O si se prefiere, los debates cargados en exceso de ideología, muchas veces sin el menor análisis critico, se convierten en especie de canto del cisne de la vieja época.

En todos los casos los procesos electorales han sido de suma importancia aunque sin dejar las luchas sociales, aunque siempre fuera de los consabidos grupos de iniciados. La guerra del agua no se produjo en pequeños grupos de iluminados, el movimiento de piqueteros no fue el resultado de una reflexión critica de la nada, sino surgió de las necesidades de la gente, o el caracazo como antecedente del chavismo no tuvo a los teóricos de la revolución impulsando las luchas de la calle. Es apenas una constatación de un proceso mucho mas profundo.

En todos los casos los movimientos llevan en si mismos todo el cúmulo de contradicciones sectoriales, a veces corporativas, pero en sentido general con una visión clara de las alianzas, de la necesidad de sumar fuerzas, y de lo gradual de las conquistas. Los obstáculos han sido para ser remontados no para hacer de los mismos una fuerza regresiva ni la arena en el motor de las luchas sociales.

Por ello en nuestro país la sola existencia de MAIZ, con sus contradicciones y limitaciones, es una realidad que nos sitúa en la perspectiva de los países del sur. Actualmente por la vía de las elecciones aunque sin dejar de ver hacia otras luchas concretas que tienen lugar. Sea en las demostraciones contra la minería o en las demandas por resarcimiento, el lugar de MAIZ se reconoce desde su mismo inicio. Y ello no es producto de la intención de ver el vaso medio lleno, sino que se trata de realidades que nos dice la gente en las diversas actividades que se han desarrollado a la fecha. Sea en Jalapa o en Río Bravo, en Nebaj o Santa Lucia Cotzumalguapa, en Santa Cruz o Jutiapa.

No importa si muchas de estas actividades no ocupan por ahora, espacios en los medios de comunicación, o no forman parte de los debates de la academia o los grupos esclarecidos de la izquierda. Lo cierto del caso es que hay un proceso de masas que se está incubando, y que el mismo tiene en MAIZ su instrumento de lucha principal. Los accidentes de camino, de interpretación, o los errores producto de la herencia del pasado tienen los días contados, pues el tiempo de la izquierda no espera que las reflexiones se hagan con ritmos de ensayo universal, sino tomando el pulso de las realidades más urgentes de la gente.

Es la experiencia que se ha visto en Brasil o Argentina, Bolivia o Venezuela. Siempre procesos que le llevan delantera a las elites esclarecidas que no alcanzan a entender los nuevos tiempos y las nuevas realidades. En Guatemala no somos originales en esta tendencia a ver solo los errores o las culpas del pasado, o las viejas rencillas. Ha ocurrido en los países mencionados incluso con mucha mas fuerza aunque con muchos mas argumentos y menos carga de fantasmas personales.

Es al menos lo que se analiza en un interesantísimo libro de Marc Saint-Upéry titulado el Sueño de Bolívar, o el desafío de las izquierdas sudamericanas, salido de imprenta apenas en el mes de marzo y editado por La Découverte. Aquí los datos concretos sobre los procesos de Venezuela, Brasil y Argentina, junto a un vistazo al movimiento indígena de la América del sur, permiten concluir que se trata de un gran reportaje indispensable para el análisis político de nuestro continente. Queda pendiente el análisis de Centroamérica que espero lo hagamos nosotros mismos, hombres y mujeres por supuesto, habiendo tomado la decisión de acompañar a fondo las luchas sociales actuales, incluso las electorales, y ojalá, con menos tendencia a lo barroco y a lo políticamente correcto.

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